23 de septiembre de 2001

Alguien me dijo una vez: “Tu madre te quiere tanto que te pariría cada día si pudiera”. De eso hace ya muchos años y desde entonces las cosas han cambiado mucho.  Ya hace diez años de ese 23 de septiembre de 2001 en el que tus ojos brillaron por última vez y con mis propias manos los cerré, de ese instante en el que salí corriendo de la habitación para buscar al papa y darle la noticia, con el corazón a punto de explotar de nervios y la sensación de que eso no podía estar pasando. Diez años es mucho tiempo para algunas cosas pero no para olvidarte, ni para evitar que cada día hayas aparecido en mi cabeza. Y estoy seguro que así será hasta el final.

Desde entonces pocas cosas, nunca suficientes como para tener la certeza de que estás orgullosa de mí. Te imagino sentada en un banco cogida de la mano del papa, con una sonrisa viendo como Laura y yo vamos haciendo de la mejor manera posible, sabiendo que el poco tiempo que estuviste con nosotros hiciste las cosas muy bien. Con 19 años ya tuve suficiente como para saber que eras la mejor de todas las madres posibles, porque pasan los años y todo aquello que me enseñaste queriendo o sin querer sigue presente y me sigue ayudando día a día.

Estés donde estés espero que lo que veas no te desagrade del todo, al menos procuro hacer las cosas lo mejor que sé. Cambiaría todo lo que tengo por un abrazo tuyo, ya lo sabes, si no puede ser ahora no te muevas de allí donde estés que algún día yo también iré. Mientras tanto, me conformo con tenerte en mi cabeza y darte vida con mis recuerdos, casi siempre los mismos, demasiado pocos para mi gusto, pero que te mantienen viva como siempre, alegre como siempre, luchadora como siempre. Que vengan diez más, que por muchos años que pasen tu siempre estarás presente.

mama

 

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