Mujeres iraníes en 1975

“Borrachera de petróleo” (1970-1978)

La fiebre del oro llegó a Irán durante los años 70. El precio del petróleo se había duplicado en poco tiempo y el dinero fluía sin cesar. La rueda que mantenía vivo el crecimiento económico giraba más rápido que nunca. En la periferia de las grandes ciudades la gente tenía trabajo y sus hijos asistían al colegio. Eran años de florecimiento: se construyeron hospitales y universidades, descendió la mortalidad infantil y se abrieron nuevos negocios por todas partes. Todo iba viento en popa.

—Nuestro país en los próximos diez años será lo que vosotros sois hoy. En los próximos veinticinco años estaremos entre los primeros cinco países más prósperos del mundo —dijo el sah en una entrevista a un medio británico en 1974.

El sah es entrevistado por medios británicos (1974) (Fuente Kinolibrary Archive Film collection)
El sah es entrevistado por medios británicos (1974) (Fuente Kinolibrary Archive Film collection)

Mohammed Reza Pahlevi aprovechó el océano de dólares en el que navegaba para multiplicar su fortuna y para mimar a la joya de su corona: el ejército. En pocos años gastó miles de millones en armamento con el objetivo de convertirse en la mayor potencia militar de la zona. Sin embargo, “el milagro iraní no era más que una borrachera de petróleo”, tal y como escriben Nazanín Armanian y Martha Zein en Irán. La revolución constante. El exceso de dinero en funcionamiento y la pésima planificación apremiaron una crisis económica que golpeó con dureza a la clase trabajadora: hubo escasez de algunos productos, se multiplicó la inflación, aumentó el paro y se disparó el precio de los alquileres, alcanzando cotas impagables incluso para una buena parte de la clase media. Lo peor era que, frente al empobrecimiento general, la clase alta iraní vivía a todo lujo en los barrios altos de la capital, dilapidando fortunas en estupideces y sin privarse de pavonear en público.

El “milagro iraní” llegó a oídos de Europa y Estados Unidos como un altavoz que emite mensajes pegadizos de sueños a cumplir. Los aventureros y empresas extranjeras se multiplicaron en pocos años en el centro de Teherán. Llegaron sin intenciones de mezclarse con los locales (pobres): construyeron escuelas propias, erigieron hospitales solo para ellos y enviaron a sus hijos a estudiar a las mejores universidades extranjeras. Los iraníes (pobres) miraban el espectáculo con incredulidad y rabia desde los barrios marginales de la periferia. Michael Axworthy en Irán, una historia desde Zoroastro hasta hoy escribe: “Muchas de estas personas habían llegado a Teherán pletóricas de ilusiones, pero, a finales de la década de 1970, la ciudad se había convertido en la capital del resentimiento, de los deseos insatisfechos y de las aspiraciones frustradas de mucha gente”.

Mujeres iraníes en 1975
Mujeres iraníes en 1975

¿Y el sah? Supongo que no lo vio venir. El régimen aumentó la represión a todo aquel que no vanagloriara al monarca. La Savak se infiltró en las fábricas y en el bazar, controló a los medios de comunicación y torturó y amenazó como nunca antes lo había hecho. Si había protestas, había represión. Los dos partidos políticos legales se fundieron en uno solo, el Rastakhiz (Resurrección) que se convirtió en el partido a afiliarse en caso de no querer ser acusado de traidor o comunista. Mohammed Pahlevi se aisló de su pueblo: viajaba en helicóptero, asistía a los desfiles dentro de una cabina de cristal (tras sufrir varios intentos de asesinato) y se rodeó de quiénes más le reían sus gracias. “El único defecto de nuestro sah es ser demasiado bondadoso con su pueblo; sus ideas son tan grandiosas que no alcanzamos a comprenderlas”, se cita en Iran between two revolutions de Ervand Abrahamien. En resumen, “a finales de 1977 el sah se había distanciado de los ulemas y de los bazaristas, y su política había generado en Teherán una amplia clase trabajadora, pobre y desarraigada. Su política represiva y las constantes violaciones de los derechos humanos lo habían apartado, además, de la gran mayoría de la clase media cultivada, que constituía su sostén natural”, recapitula Michael Axworthy en Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. La mecha de la Revolución ya estaba encendida.

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.