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Historias de Londres

Llueve y hace frío en Londres. Un hombre toca Imagine con una flauta travesera en una esquina de Oxford Street. Nadie parece escucharlo ni siquiera darse cuenta de que existe. Quizá tocar Imagine en Londres esté ya demasiado visto aunque a mí me suena como si Serrat tocará Mediterráneo solo para mí.

En el vestíbulo de la estación de Victoria centenares de personas se entrecruzan en todas direcciones siguiendo su propio camino en el anonimato de la ciudad. Un chico y una chica que no se ven desde hace mucho tiempo se encuentran de pronto, cara a cara, por sorpresa, y sin decirse nada se enredan en un fuerte y duradero abrazo. Y allí quedan, quietos, en mitad del vestíbulo de la estación, rodeados de decenas de personas a su alrededor que caminan a toda velocidad mientras los miran ávidos de vivir alguna vez un encuentro similar.

Big Ben
Vista del Big Ben

Entre decenas de restaurantes iraquíes y sirios encuentro el típico pub británico que buscaba. Para no ser menos pido fish & chips acompañado de una (creo que al final han sido dos, o tres) pintas de cerveza. Durante la cena veo las noticias de la CNN. Tras hablar durante 10 minutos sobre la crisis del ébola y dar la sensación de que aquí no va a quedar nadie de pie, el presentador explica que en España ha habido una manifestación y una recogida masiva de firmas para salvar al perro de una afectada. Termina la noticia con media sonrisa y un irónico “Sorprendente”.

Un hombre toca una batería improvisada con cubos de plástico y unos viejos platos en el suelo. Suena impresionante. Un grupo de chicos bailan frente a él, como si hubieran elevado su cuerpo a otra dimensión y no existiera nada más que esa música que les impulsa irremediablemente a bailar. ¡Y cómo bailan! Me paro un rato a envidiarlos desde una esquina, pero tengo frío y me voy al hotel.

Por la mañana me espera el clásico y poco saludable English breakfast acompañado de un enorme café con leche muy caliente. Hace muy buen día. Por la ventana del restaurante veo Hyde Park de un color verde intenso como nunca antes lo había visto. Me quedaría algunos días más en esta ciudad.

……

En realidad estoy parado en las escaleras de una estación de metro. Hace una hora que deambulo entre túneles y estaciones subterráneas, pero desde hace un rato estoy quieto en mitad de la escalera. Los convoyes llegan y se van (qué frecuencia oiga), pero aquí ni avanzamos ni retrocedemos. Hace más de una hora y media que debería estar en el hotel, pero aquí sigo apretado entre dos italianos que hablan de fútbol y un señor inglés bastante nervioso. Hace mucho calor. De fondo suena la canción de Titanic tocada con un viejo violín muy desafinado (hasta yo me he dado cuenta). No es Imagine tocado con una flauta travesera en una esquina de Oxford Street, pero a mi me sirve. Ahora que lo pienso, no estoy seguro si todo lo que he vivido hoy ha sido real o lo acabo de soñar.