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Instantes de felicidad irlandesa

Low lie the Fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly. 
Our love was on the wing we had dreams and songs to sing
It’s so lonely ’round the Fields of Athenry.

Apoyo la espalda suavemente en la butaca y, trago a trago, sin prisa y con cierta felicidad, me dejo transportar a pequeños pueblos rodeados del verde más intenso que he visto nunca, a siluetas oscuras de cruces celtas en cementerios semi-abandonados, a pubs alegres y hospitalarios donde el sonido de las gaitas ilumina las frías noches irlandesas.

Cementerio celta
Cementerio celta

En el Slattery Pub de Capel Street todo es calma. La lluvia hace acto de presencia y un molesto viento agita los abrigos de los dublineses que acarician los bordes del río Liffey. En la casa donde me alojo un indonesio avaricioso y un inglés estirado se hacen silenciosa compañía en el sofá a la espera impaciente de volver al trabajo al día siguiente. Por lo que parece, su compañía no satisface la necesidad de simular sentirse como en casa, y una actitud poco complaciente a sentirse parte de aquello que los ha adoptado impregna la casa. Ahogado de tanto vacío anímico me refugio al pub cruzando la calle, donde las paredes están decoradas con instrumentos y posters de Guinness y la música irlandesa suena sin parar. Un trompetista pelirrojo guarda la trompeta en la funda, en silencio, resignado. De brazos incómodamente largos tapados por una camisa de colores chillones, sombrero negro, orejas  salidas y una finura magnificada por la altura, cara triste y mirada fija en la puerta del pub, lo observo imaginándomelo dando clases en alguna universidad o vendiendo libros a domicilio.

And it’s No, Nay, never, 
No, nay never no more 
Will I play the wild rover,
No never no more

“The Wild Rover” contextualiza la entrada de nuevos miembros de la banda. Uno a uno, el goteo de más personas vestidas con camisa de colores chillones y sobrero negro parece calmar la desesperación del trompetista pelirrojo que, con una sonrisa confiada, saluda a los bienvenidos. Un saxo, el batería, un violín, otro saxo….la sala va llenándose de músicos e instrumentos mientras miro a mi alrededor sintiéndome extraño entre tantos colorines. No hay nadie más en la sala, y eso me hace sentir poco digno de tanta actividad pre-musical. Los 12 músicos de la banda, todos vestidos con camisa de colores chillones y sombrero negro, afinan los respectivos con delicadeza y concentración. Poco a poco levantan la mirada y observan la tragedia, sólo un sofá está ocupado por alguien que parece más concentrado en escribir y leer que en su música. La lluvia y el viento continúan haciendo del Slattery Pub un fuerte con poco interés de ser asaltado, así que asumiendo la derrota y con mucha profesionalidad, una flauta inicia la melodía de un instante de felicidad irlandesa. ¡Another pint of Guinness!

Será casi una hora de música irlandesa, de clásicos mil y una vez escuchados en los pubs llenos de Fleet Street, entre cánticos emotivos y camareras con edificios de vasos vacío camino de la barra. Música que te despierta de la angustia y te hace volar hasta los campos preciosos del interior de Irlanda, donde el tiempo parece edulcorarse y simplificar una existencia milenaria. Algunos fuimos a Irlanda con la ilusión de aprender a entender qué dicen y, sin imaginarlo, volvimos con un trocito menos de alma. Por todo aquello que viví y vi, por aquel país tan maravilloso y por aquellos 12 músicos vestidos con camisa de colores chillones y sombrero negreo, “¡Sláinte!!”

How can I leave the town that brings me down
That has no jobs
Is blessed by god
And makes me cry

Dublin

And at sea with flowing hair
I’d think of dublin
Of grafton street and derby square
And those for whom I really care and you

In Dublin