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Sarajevo y la Guerra de los Balcanes: el túnel de la vida

El sol despunta entre las montañas de Sarajevo. La noche ha sido larga y muy fría, como si la ciudad no quisiera despertarse otro día, como si ya tuviera suficiente y prefiriese quedarse a oscuras, cuando los tanques descansan y reina un delicado silencio solo roto por el viento helado entrando por las rendijas de las casas.  Los inviernos en Sarajevo son terribles. Un cuadro antiguo quema en la chimenea de una casa abandonada, mientras una familia se acerca al calor y se acurruca entre mantas sucias. El niño pequeño quizá no sobreviva una noche más. Los dueños de la casa se fueron cuando cedió una parte del techo, y ahora la nieve cae directamente al comedor, a pocos centímetros de la madre que se esfuerza para dar calor a su hijo. La noche ha sido larga y muy fría, y para la señora Sidi Kola también agotadora. Por su jardín no ha parado de entrar y salir gente, y a todos ellos les ofrece un trozo de pan y un vaso de agua. Soldados, familias, trabajadores, heridos, todo el mundo utiliza la noche para entrar o salir a la ciudad a través de su jardín. La familia Kola es conocida en toda la ciudad. Viven muy cerca del aeropuerto internacional de Sarajevo, pero al otro lado de la ciudad, en la zona libre. El ejército serbio controla todas las montañas de los alrededores de la ciudad excepto el aeropuerto, en manos de los cascos azules, así que no se puede entrar ni salir de la ciudad sin pasar por un control serbio.

Sitio de Sarajevo
Sitio de Sarajevo

Un hombre aparece cojo y con la ropa sangrando, tiene un tiro en la pierna y necesita asistencia urgente. Sida Kola lo guía a través del jardín hasta la salida de su casa. Le da un trozo de pan y vuelve adentro. En Sarajevo no hay material médico y el hospital está medio destruido, pero este hombre salvará la pierna y la vida. Ya hace unos meses que se acabó la construcción del túnel de Sarajevo, un pasillo subterráneo de unos 800 metros de longitud, que atraviesa la pista central del aeropuerto, uniendo la ciudad con la Bosnia libre. Aún está oscuro, el hombre herido sube a un camión con las los luces apagados que marcha silenciosamente hacia el hospital de Butmir, desaparece en la esquina y silencio. Ni rastro de tiro o gritos. Se ha salvado.

"Túnel de la vida" a Sarajevo
“Túnel de la vida” a Sarajevo

El túnel de Sarajevo se construyó por la necesidad de burlar el bloqueo y llevar artículos de primera necesidad a la ciudad y armas al ejército que luchaba contra el sitio. Hasta entonces, los francotiradores serbios que controlaban el aeropuerto eran los encargados de matar a todo aquel que lo intentara. El túnel fue construido por voluntarios con la supervisión del ejército bosnio durante 6 meses, en turnos de 8 horas, en condiciones infrahumanas y bajo el riesgo constante de ser descubiertos y asesinados. En los inicios, unas 4000 personas atravesaban diariamente el túnel entre Butmir y Dobrinja, cargando material, medicinas, armas y gasolina en bolsas y mochilas. Después se instalaron raíles que permitieron transportar miles de personas y toneladas de material entre las dos bandas cada día. Se podía tardar hasta dos horas en caminar los 800 metros del túnel, en una atmósfera asfixiante y con las piernas bajo el agua hasta las rodillas. De esta forma, el túnel salvó miles de vidas, llevó electricidad y teléfono a la ciudad y permitió contrarrestar el sitio de la ciudad incluso con el embargo de armas. En las peores situaciones el ser humano es capaz de hacer cosas maravillosas. Yo lo tengo claro, el 30 de junio de 1993, a las 21:00, finalizaba una obra de ingeniería humana en plena guerra, un túnel para la esperanza, el túnel de la vida.

“Mientra la tierra gire y nade un pez, hay vida todavía”

                                                                                                        J.S.

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· La Guerra de los Balcanes 20 años después

Puertas de Ejulve

A mitad de camino entre minas y tambores, lugar de paso para muchos, dulce hogar en la memoria para otros. Allí donde la guerra camina perezosa hacia el pasado, donde el viajero nunca pasa hambre, lejos de todo, orgulloso de seguir siendo.

Goethita en la piedra, viento de secadero, corazón muy maño. Suena Labordeta entre valles sin sombras, entre graneros que sobreviven en el silencio de los alrededores. Algo me fascinó de esta tierra no apta para cobardes ni veganos. No fue su melocotonada ni su carrera de pollos, ni tan siquiera ese perfume maravilloso de los secaderos. Si algo me fascinó de esta tierra fueron sus viejas y preciosas puertas.

Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Vista de Ejulve
Vista de Ejulve

Viajar en tren por China

Se abren las puertas del tren y una fila de chinos con maletas entra en silencio y con cara de sueño. Son las 4 de la mañana y estamos en algún lugar entre Pingyao y Xi’an. Sin poder dormir observo a los nuevos compañeros de vagón, no sé donde van a encajar entre la multitud, ya no digo sentarse porque no hay asiento vacío ni posibilidad de apretarse más, ni tan siquiera hay muchos huecos libres en el suelo, ocupado por gente durmiendo, más maletas y basura. El tren se pone en marcha y poco a poco los nuevos van encajando, uno bajo un asiento, otro moviendo a un dormido, y la gran mayoría de pie.

Comprar un billete de tren puede ser más complicado de lo que parece, al menos si lo que se quiere es tener una cama donde dormir y no compartir vagón con cientos de personas (los trayectos suelen ser bastante largos). Los billetes salen a la venta pocos días antes del viaje, y los que ofrecen una cama donde dormir se agotan rápidamente, por lo que es probable que se tenga que rezar para que queden, al menos, billetes con asiento, ya que sino se deberá hacer el viaje de pie (es decir, con suerte tirado en el suelo si se quiere dormir de noche). Existe la opción de comprar el billete por internet, aún a riesgo de pagar el doble del valor real, pero en caso de tener tendencia a sufrir ataques de ansiedad en espacios cerrados abarrotados de gente es una solución muy recomendable.

Viajar en tren por China. Autor desconocido
Viajar en tren por China. Autor desconocido

En el vagón viajamos con una representación de las mil y una chinas que existen: desde la familia que vive en una chabola y que se dedica al cultivo de arroz, cara quemada por años de sol, manos duras como caparazones y espalda doblada, hasta los jóvenes modernos ávidos de alta tecnología, recién salidos de la peluquería y vestidos con ropa a la última. Entre estos extremos una infinidad de posibilidades, un mar de realidades en un solo país, como trenes que avanzan en paralelo pero a velocidades muy diferentes. Mientras unos viajan por el mundo, aprenden idiomas y expanden con orgullo su país, otros siguen viviendo en la burbuja china, en la que nada del exterior entra más que lo que el gobierno quiera, en esa China que se dice comunista pero que es ultra-capitalista, donde en Tian’anmen nunca ocurrió nada malo y la Revolución Cultural maoista fue “un gran proyecto de educación nacional”.

Revisando los libros que leí en China encuentro un escrito a lápiz y muy mala letra en los espacios en blanco de varias páginas de “China para hipocondríacos”, de José Ovejero. Recuerdo buscar desesperadamente algún sitio donde escribir, más que por inspiración por necesidad de mantener la mente pensando en otra cosa que no fuera tratar de dormir o mirar a mis compañeros de vagón. Dada la imposibilidad de moverme a buscar la libreta, a riesgo de despertar no solo a Natàlia sino a varios funambulistas de la noche, decidí escribir en cualquier hueco que encontré. Dice así: “Los asientos van llenos de gente, donde hay 3 asientos normalmente se sientan 4, a veces incluso más. Viajan familias que sacan sus botellas y platos de fideos chinos por todos lados. El agua caliente la obtienen de un grifo al lado del baño. A veces guardan los recipientes vacíos, a veces los tiran al suelo, así como las pipas y papeles. De vez en cuando pasa el revisor barriendo el pasillo, recogiendo unos cuantos kilos de plástico y papel en cada vagón. También pasan con carritos vendiendo fruta, fideos o caramelos, chillando por el pasillo como si fuera un mercadillo, casi atropellando a los que duermen en el suelo. Son las 2 de la mañana, la gente que está despierta actúa como si fuera de día: uno escucha la música con los altavoces del teléfono al máximo, otros se ríen y hacen bromas sin bajar la voz. Otros se despiertan, los miran y vuelven a dormir, nadie se queja o protesta. El hombre frente a mi duerme encima de la mesa con un brazo extendido, que queda a un palmo de mi cara. Lleva así al menos 2 horas. Ahora Natàlia duerme, veremos hasta cuando. Tiene un hombre durmiendo en el suelo con la cabeza apoyada en sus pies, y un hombre de pie que le roba el poco espacio vital cada vez que se descuida. Se ha tapado las piernas con una manta porque andaban locos mirándole la falda, de esa forma tan directa y molesta, sin pestañear siquiera. Hemos sido un entretenimiento para el personal durante varias horas, sobretodo ella, pero poco a poco la gente deja de mirarnos. El hombre frente Natàlia alarga el cuello como una jirafa sin disimular para leer lo que estoy escribiendo ahora mismo. Lo miro y me mira. No hace ningún gesto, ni pestañea ni ríe ni desvía la mirada, solo mira con curiosidad qué hace un occidental rallando un libro con letras extrañas“.

Suelo de un vagón de tren en China. Autor desconocido
Suelo de un vagón de tren en China. Autor desconocido

Al llegar a Xi’an se despierta mi vecino de enfrente. Es un hombre de unos 45 años, ojos muy rasgados, dientes amarillos y sonrisa molesta. Abre los ojos, se estira un poco, se concentra y suelta un pedo enorme. Ya hace días que andamos por China y no nos sorprende ni que se tiren pedos ni que nadie reaccione ante el sonido alegre. Me mira, sonríe, me dice varias veces lo mismo hasta que se da cuenta de que no entiendo nada de lo que me dice. Mira el libro, lo coge, lo lee y se ríe. Esa sonrisa amarilla, esas manos sucias tan cercanas durante toda la noche, esa multitud de gente encerrada en un vagón, sin poderse mover, sin poderse dormir, con ese calor del agosto chino. Nos ponemos de pie y recogemos las maletas, al fin hemos llegado a Xi’an después de 7 horas. Mi vecino suelta un erupto al levantarse, se friega la barriga con las manos y sonríe orgulloso. De pronto, baja la mirada y escupe al suelo. En ese instante rezo para que mis albarcas queden lejos de la trayectoria.

Nota

Reconozco que si leyera estas líneas de otra persona nunca en mi vida viajaría en tren por China. Sin embargo, me parece una experiencia muy interesante para entender un poco más cómo funciona la sociedad china. Si viajar es tratar de fusionarse al máximo con la vida de la gente sin parecer, en la medida de lo posible, un bicho raro, entonces el viaje en tren es una experiencia de gran intensidad y veracidad.

Las fotos no son mías pero se parecen mucho a lo que pudimos vivir. No he conseguido encontrar el nombre del autor.

Instantes de felicidad irlandesa

Low lie the Fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly. 
Our love was on the wing we had dreams and songs to sing
It’s so lonely ’round the Fields of Athenry.

Apoyo la espalda suavemente en la butaca y, trago a trago, sin prisa y con cierta felicidad, me dejo transportar a pequeños pueblos rodeados del verde más intenso que he visto nunca, a siluetas oscuras de cruces celtas en cementerios semi-abandonados, a pubs alegres y hospitalarios donde el sonido de las gaitas ilumina las frías noches irlandesas.

Cementerio celta
Cementerio celta

En el Slattery Pub de Capel Street todo es calma. La lluvia hace acto de presencia y un molesto viento agita los abrigos de los dublineses que acarician los bordes del río Liffey. En la casa donde me alojo un indonesio avaricioso y un inglés estirado se hacen silenciosa compañía en el sofá a la espera impaciente de volver al trabajo al día siguiente. Por lo que parece, su compañía no satisface la necesidad de simular sentirse como en casa, y una actitud poco complaciente a sentirse parte de aquello que los ha adoptado impregna la casa. Ahogado de tanto vacío anímico me refugio al pub cruzando la calle, donde las paredes están decoradas con instrumentos y posters de Guinness y la música irlandesa suena sin parar. Un trompetista pelirrojo guarda la trompeta en la funda, en silencio, resignado. De brazos incómodamente largos tapados por una camisa de colores chillones, sombrero negro, orejas  salidas y una finura magnificada por la altura, cara triste y mirada fija en la puerta del pub, lo observo imaginándomelo dando clases en alguna universidad o vendiendo libros a domicilio.

And it’s No, Nay, never, 
No, nay never no more 
Will I play the wild rover,
No never no more

“The Wild Rover” contextualiza la entrada de nuevos miembros de la banda. Uno a uno, el goteo de más personas vestidas con camisa de colores chillones y sobrero negro parece calmar la desesperación del trompetista pelirrojo que, con una sonrisa confiada, saluda a los bienvenidos. Un saxo, el batería, un violín, otro saxo….la sala va llenándose de músicos e instrumentos mientras miro a mi alrededor sintiéndome extraño entre tantos colorines. No hay nadie más en la sala, y eso me hace sentir poco digno de tanta actividad pre-musical. Los 12 músicos de la banda, todos vestidos con camisa de colores chillones y sombrero negro, afinan los respectivos con delicadeza y concentración. Poco a poco levantan la mirada y observan la tragedia, sólo un sofá está ocupado por alguien que parece más concentrado en escribir y leer que en su música. La lluvia y el viento continúan haciendo del Slattery Pub un fuerte con poco interés de ser asaltado, así que asumiendo la derrota y con mucha profesionalidad, una flauta inicia la melodía de un instante de felicidad irlandesa. ¡Another pint of Guinness!

Será casi una hora de música irlandesa, de clásicos mil y una vez escuchados en los pubs llenos de Fleet Street, entre cánticos emotivos y camareras con edificios de vasos vacío camino de la barra. Música que te despierta de la angustia y te hace volar hasta los campos preciosos del interior de Irlanda, donde el tiempo parece edulcorarse y simplificar una existencia milenaria. Algunos fuimos a Irlanda con la ilusión de aprender a entender qué dicen y, sin imaginarlo, volvimos con un trocito menos de alma. Por todo aquello que viví y vi, por aquel país tan maravilloso y por aquellos 12 músicos vestidos con camisa de colores chillones y sombrero negreo, “¡Sláinte!!”

How can I leave the town that brings me down
That has no jobs
Is blessed by god
And makes me cry

Dublin

And at sea with flowing hair
I’d think of dublin
Of grafton street and derby square
And those for whom I really care and you

In Dublin

Sarajevo y la Guerra de los Balcanes: el sitio de Sarajevo

26 de abril de 1994, 6 de la tarde, Sarajevo. Krljes Nijaz vuelve a casa después de la oración en la mezquita Gazi Husrev-beg, en el barrio de Bascarsija, justo en el centro de la ciudad. Sabe que en cada esquina se jugará la vida, pero ya está acostumbrado, ya hace más de dos años que las calles se inundan de gritos y llantos cuando una bala de un francotirador serbio impacta en la cabeza de alguien que corre por las calles. Es un dia muy movido, los gritos de Pazita Snajper! (Cuidado, francotiradores!) resuenen en cada esquina, donde se acumula la gente para coger aire y salir corriendo hasta la esquina siguiente, con la esperanza de que aquella no sea la última carrera de su vida, que los francotiradores serbios mirarán hacia otro lado o, simplemente, que estén cansados de disparar.

marcas-de-bala-sarajevo
Marcas de bala en la fachada de una vivienda de Sarajevo realizados durante la Guerra de los Balcanes, actualmente aún visibles

Las esquinas se han convertido en un oasis de supervivencia donde, bien apretada la espalda contra la pared, Krljes carga fuerzas y valor para seguir el camino. La ciudad es gris, triste, silenciosa, sin alma. Una mujer cruza una mirada de pequeña satisfacción al llegar agotada a la esquina, se sabe salvada pero insegura, quizá mañana no tenga tanta suerte. Krljes cruza el puente del rio en dirección sur, alza la vista y contempla las montañas. “Allí arriba están los tanques”, piensa. Hace sin parar de correr los últimos metros hasta el portal de su casa, un tiempo atrás un espléndido edificio del barrio de Skenderija, hoy un espantoso bloque gris medio destruido por el impacto de fuego de uno de los tanques de la montaña. Un día más ha sobrevivido.

El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo
El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo

Sarajevo estuvo sitiada por el ejército Srpska de Ratko Mladic durante 1395 días. Durante todo ese tiempo la población de la ciudad se redujo más de un 30% y miles de edificios fueron destruidos en uno de los sitios más largos de la historia de Europa. Y todo esto empezó aquí cerca, justo al lado de Croacia, frente a la mirada de la ONU y de los demás países, durante aquel maravilloso año olímpico de 1992. La última gran guerra en territorio europeo, una más en una zona demasiado destinada al sufrimiento y al dolor. La guerra de Bosnia se inicia el 6 de abril de 1992 por diversos factores religiosos, políticos y sociales después de la independencia de Eslovenia y Croacia de la antigua Yugoslavia, y finaliza con los acuerdos de paz de Dayton el 14 de diciembre de 1995. Más de tres años de guerra, una terrible guerra que separó familias enteras y provocó cerca de 100.000 víctimas mortales y casi 2 millones de desplazados.

Sarajevo de noche
Sarajevo de noche

Sarajevo es una ciudad maravillosa, donde mezquitas preciosas comparten espacio con iglesias católicas y sinagogas en la orilla del río, donde los cafés y las calles peatonales procuran hacer olvidar lo que menos de 20 años atrás eran ruletas rusas a gran escala. La gente no entiende lo que les dices, pero sonríen y pasan a la acción de los gestos para explicarse. Una mujer camina por la calle mientras fotografío unos contenedores de basura muy viejos, se para y me mira extrañada. Me pregunta si somos italianos y ríe gritando “Rafa Nadal, Rafa Nadal!” cuando le digo de donde venimos. Tiene una cara de profunda tristeza, pero cuando ríe parece que la alegría la salga de muy adentro y que lleve mucho tiempo esperando la oportunidad de aparecer. Sin embargo, le cambia la cara de pronto cuando se me escapa un “Djokovic!”. Me mira, se gira y sigue su camino. Por lo que parece, hay temas que es mejor no tratar de momento.

El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes
El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes

Sin embargo, no es una ciudad muy bonita. Sigue siendo una ciudad gris, llena de edificios con cicatrices en las fachadas. Algunos edificios, incluso ahora, mantienen los agujeros de bala en sus ventanas. La mayoría de casas nuevas no se acaban, desafían al frio y al viento con el esqueleto y 4 paredes. Una señora sale al balcón de su casa. Es un balcón pequeño, en el primer piso de una pequeña casa sin acabar. El balcón sólo tiene el suelo de ladrillo, sin barandilla, sin ventanas, sólo algunas plantas en las esquinas que son el único color que desafía al rojo de los ladrillos y al gris del mortero. La señora riega sus plantas y regresa a dentro. En Sarajevo se respira un ambiente positivo, como si la paz hubiera sido una bocanada de aire fresco que los habitantes quieren aprovechar para avanzar y olvidar aquella guerra tan cruel con los vecinos. Unos días antes de pisar Sarajevo fue detenido Ratko Mladic, comandante del ejército Srpska, por genocidios y crímenes contra la humanidad, tras casi 20 años huido. Las detenciones de estos personajes me dejan un sabor agridulce, pienso en que quizá actuando antes no solo se evitaría este teatro, sino que se evitarían miles de víctimas inocentes. Al fin y al cabo, ¿qué culpa tenía Krljes Nijaz y los demás habitantes de Sarajevo, si simplemente querían volver a casa después del trabajo?

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De Marrakech a Essaouira, un viaje revelador

“Hola amigo, hola mujer”. Así nos recibe en Marrakech el hombre que nos acompaña hasta el riad por los callejones oscuros de la medina. “Yo no cobro dinero, solo acompaño” nos decía mientras insistíamos que no era necesario que nos guiara por aquel immenso laberinto en el cual estábamos perdidos desde hacía rato. Y es que quien no se ha perdido alguna vez por una medina marroquina es que no ha estado de verdad. Al llegar al riad, el chico de recepción nos indica que debemos pagar a nuestro amigo 3 euros por los servicios. Y esto es solo un pequeño ejemplo de como funciona todo en Marruecos.

Un hombre muy viejo me observa haciendo fotos, se acerca y me invita a entrar en las atarazanas de Essaouira para mostrarme como construyen los barcos, como cortan la madera y hacen los moldes. Es un espectáculo ver el esqueleto de madera hecho a mano de esos barcos que unos meses después acabarán llenos de pescado como todos los demás. Al acabar la explicación pone la mano esperando unos cuantos Dirhams. Un chico raquítico nos acompaña esperándonos en las esquinas del barrio judío de Marrakech mientras nos invita a pasar por callejuelas estrechas hasta llegar a las calles más anchas y llenas de tiendas. Nos comenta que le gusta hablar en castellano para practicarlo, pero que no quiere nada a cambio por habernos acompañado. Al llegar a su trabajo nos invita a hablar con el vendedor de especies justo enfrente a ver si nos animamos a deshacer alguna de las pirámides perfectas de azafrán, curry o aditivos del cous-cous.

Marruecos es una experiencia inolvidable, una borrachera de nuevas sensaciones con solo abrir los ojos y despertarse en un pequeño oasis de silencio en medio de la gran urbe caótica, sucia, ruidosa y a la vez mística, fabulosa, de cuento. Cada calle te transporta en el tiempo hasta una época en la que la ciudad se transforma en un enorme mercado en la calle, donde los burros dominan el espacio vial y donde los turistas somos asaltados por vendedores de todo tipo y personajes con intenciones sospechosas. El diseño de sus palacios, el color de los mosaicos, las cenefas de fusta hechas a mano….todo evoca a un pasado glorioso producto de la venta de especies, cuando el azúcar costaba tanto que los palacios se cubrían de oro y mármol y cuando la tierra de los saadies era codiciada y no rechazada por Europa. De esa época gloriosa no queda más que una decadencia fabulosa.

Marruecos es esto y mucho más. También es un país donde las mujeres sufren una discriminación terrible en derechos, donde los niños llenan las calles en horas de escuela y los analfabetos superan a los que no lo son. No, no es el paraíso. En los barrios viejos de las ciudades, las medinas, las condiciones de vida son medievales y no todos tienen la suerte de venderse el riad a algún europeo bohemio. Dicen que las cosas poco a poco van cambiando, que las condiciones de vida de los marroquís y las marroquíes mejoran a buen ritmo, que los derechos de unos y otros se van equiparando. Estaremos atentos. Mientras tanto, seguiré disfrutando siempre que pueda de esta maravilla que tenemos al lado de casa, de este salto fabuloso en el tiempo, recomendable, casi imprescindible. Cae el sol en Essaouira, me viene a la cabeza esa canción de Ismael Serrano:

“Ríos de humanidad huyendo
del frío y del hambre
sueñan con llegar muy lejos,
quizás solo hasta mañana.
Ya no recuerdas los trenes
que partían de aquí
cargados con tu esperanza
hacia la vieja Alemania.

Se rompen las cáscaras
de nuez contra tus costas.
Y el estrecho es un abismo
que salva a la vieja Europa.
¿De qué? ¿Ya no recuerdas?
Pueblo emigrante,
enfermo de amnesia.”

Quizá sea así, quizá no. Quizá eso sea pintarlo todo de un rosa demasiado pegajoso, quizá no es más que el sentimiento humano de querer ayudar a quien pide ayuda y la necesita. Quizá nadie tiene la razón, quizá lo mejor sea que nos demos cuenta de una vez por todas que no todo el mundo puede vivir como nosotros, y que si queremos vivir cada vez mejor alguien siempre vivirá peor. Reclamar los bienes y después rechazar las personas es hipócrita, pero quien más hipócrita que nosotros, que disfrutamos de los placeres del mundo durante el agosto, volviendo al nido donde nos sentimos seguros durante el resto del año y donde no queremos que venga nadie más que los que salimos.

San Telmo, tangos y alfajores. Emiliano, YPF y las Malvinas

Un jueves de abril de 2005, 20:00 de la tarde en la preciosa y encantadora Buenos Aires. Sopla una suave brisa con sabor a café cuando pongo el pie en la avenida Colón camino de casa. La Universidad está lejos, pero no tengo prisa para llegar, el estrés y la necesidad de no parar de hacer cosas quedaron en casa hace ya unos meses, y no me parece que se viva mal así. El 29 pasa acelerando dirección Santa Fe. Sin preocupación alguna lo observo alejarse mientras me rasco el bolsillo buscando un peso. Cruzo la calle y me apodero de un alfajor Águila. Bendita rutina, benditos alfajores, cuanto os voy a echar de menos!

San Telmo aparece como sueño, en el que el tango se escapa por debajo de las puertas de los bares como el humo del tabaco, mientras las calles se llenan de cultura y historia en forma de conversaciones y pinturas abstractas. Pasear por San Telmo es un éxtasis indescriptible, más cuando te sientes del lugar y caminas sin prisa, sin fecha de marchar, sin billetes de vuelo o monumentos que visitar. Ya lo escribió Ernesto Rondo en un tango fabuloso:

“Me preguntan muchas veces
porque causa canto el tango
y que quieren que les cante?
si en San Telmo… yo nací!
soy de un barrio milonguero
que fue cuna del candombe…
y es allí que me hice hombre,
por eso yo canto así”

Emiliano me recibe en la cafetería fumando, cómo fuma este tipo! Pero qué interesante es hablar con él, cómo hace bailar las palabras para que parezcan dulces. Nunca una subordinada pareció más preciosa que cuando las entona Emiliano en sus tardes charlatanas. Y es que el argentino profundo, bien hablado, con la gravedad de un tango es un poema para los oídos, y el que crea que sirve solo para ligar se puede ir al carajo. Cómo siempre, hablamos un poco de todo. Me siento poco esplendido con mis frases cortas y obviedades castellanas, así que disfruto escuchando las reflexiones de alguien mucho más audaz y interesante. Cuánto voy a echar de menos también a Emiliano!

Antes de pisar Argentina desconocía la pasión con la que la gente vive su historia. Me sorprendió el relato subjetivamente nacionalista que hacen de ella, pero qué fascinante es observar como una sociedad culta conoce su pasado y reflexiona sobre él. Bendita cultura que florece placeres en las bocas ajenas! Malvinas, peronismo, Aerolíneas, corrupción, YPF, qué placer tratar temas de tal calibre en una cafetería con cualquier porteño Clarín en mano. Y es que si algo no habían olvidado los argentinos es que las Malvinas eran suyas y YPF lo debería volver a ser. Los ingleses son unos pelotudos que les robaron sus islas (si, aquellas islas donde Argentina mandó a la muerte segura a chavales sin experiencia y mal equipados) pero Maradona les dio su merecido en el Mundial del 86. La bandera argentina espera en el aeropuerto de Ushuaia para ser izada de nuevo en sus islas más codiciadas. Lo de YPF era esperable, la pasión con la que los argentinos viven la suerte de sus compañías contrasta con la frialdad con la que nosotros tratamos a las nuestras. Y está el peronismo claro. Y el populismo, que también. Qué mal vamos cuando confundimos un estado con una empresa, y tachamos de traición al pueblo español una expropiación y no lo hacemos cuando nos hunden aún más en la miseria en la que estamos metidos. Así somos, así hacen que pensemos, y así nos va.

El otro día una porteña me contaba la teoría de que cada 10 años, más o menos, y generalmente a finales de año, Argentina sufre una crisis. Sin duda parece que este año toca, al menos vamos por el camino. Me ha sorprendido que Argentina se haya atrevido con una empresa española, aunque YPF siempre estuviera en el corazón de los argentinos. Pero está el peronismo claro. Y el populismo, que también. Ai España….qué grande eras o creías ser en esos tiempos en los que ponías los pies encima de la mesa con Bush, y sacabas pecho y te creías inmortal. Cuando asomabas la cabeza en el G-8 y querías jugar a ser rica y poderosa como ellos. Y mírate ahora, que solitas estás, cómo ladras como perro encerrado, cómo duele ver el desierto más allá de tus murallas. Tan sola y pobre que nadie te ha defendido, tan sola y pobre que los que hasta hace poco mirabas entrar de reojo y malpensando ahora te dan calabazas. Pregúntate porqué a ti y no a otros, porque YPF y no las Malvinas, quizás has sido la niña repelente de la clase, aquella que saca pecho y chilla más que las demás, pero que cuando necesita ayuda se descubre sola.

“La revolución de los jazmines”: el milagro tunecino del mártir Mohamed Bouazizi

17 de Diciembre de 2010. Sidi Bouzid, un tranquilo pueblo del interior de Túnez. Los niños corren por la avenida Mohamed V en dirección al colegio mientras algunos hombres toman té tras la visita a la mezquita Abu Bakr Assedik. Parece un viernes normal. Un hombre y una niña pequeña salen de su casa. Él, Mohamed Bouazizi, 26 años, ingeniero informático y ella, su hermana pequeña que va al colegio. Mohamed es el mayor de 7 hermanos y el único que trae dinero a casa tras la muerte de su padre cuando él tenía 10 años. Ha estudiado informática, pero como para la mayoría de jóvenes tunecinos eso no significa absolutamente nada. A diario docenas de jóvenes de Sidi Bouzid acuden a los centros de gobernación con sus títulos en mano para pedir un empleo que nunca llega, así que Mohamed vive de la venta ambulante de frutas y verduras. Parece un viernes normal.

Sidi Bouzid (Demotix Images)
Sidi Bouzid (Demotix Images)

Túnez ha sido gobernado desde 1987 por Zine El Abidine Ben Ali. Tras un inicio en el que limitó el número de mandatos y ejerció una política social basada en la creación de un fondo destinado a los más pobres y de un sistema de seguridad social, con el paso de los años su poder ha ido en aumento hasta no conocer límites. La prohibición de los partidos de izquierda y de los no afines al régimen ponen en duda los resultados electorales obtenidos hasta la fecha, en los que Ben Ali roza o supera siempre el 90% de los votos. Aumento del precio de los alimentos básicos, subida del paro que mantiene muchas familias con ingresos casi inexistentes, arrestos multitudinarios a los críticos con el régimen, perpetuidad en el cargo, dominio sobre la prensa y los sindicatos…la dictadura tunecina.

Mohamed coloca su puesto de venta. Sitúa las verduras y limpia la fruta para que reluzca. Los ingresos apenas dan para mantener a toda su familia, pero no hay otra cosa que hacer más que acudir día tras día a la cita con su carrito y sus frutas y verduras. Parece un viernes normal. Aún así, el día se empieza a torcer con la llegada de dos policías, quieren saber si Mohamed tiene licencia para la venta ambulante. No la tiene. Tras una fuerte discusión en la calle, la policía confisca el carro. Mohamed sabe que sin su carro no hay dinero para su familia, así que decide presentarse en el ayuntamiento para reclamar que le devuelvan sus pertenencias. Ante la negativa, Mohemed Bouazizi, harto de vivir en un país sin trabajo, sin justicia y sin libertad, en un país gobernado por una dictadura corrupta que no ofrece futuro a los jóvenes, y desesperado por haberse sentido humillado, decide quemarse públicamente frente al Ayuntamiento. Convertido en antorcha humana, da unos pocos pasos antes de caer de rodillas, apoyando sus manos en el suelo. Finalmente, se desploma.

Mohamed Bouzazizi quemándose "a la gonzo"
Mohamed Bouzazizi quemándose “a la gonzo”

Mientras es trasladado al hospital decenas de vecinos protestan en las calles en solidaridad con Mohamed. Aquí podría haber terminado la historia, pero la verdad es que precisamente aquí es donde todo empieza. Ese 17 de Diciembre de 2010, ese viernes normal en Sidi Bouzid empezó a cambiar la historia de Túnez y de todo el mundo árabe. La Primavera Árabe ha llegado.

Primavera Árabe
Primavera Árabe (de www.madrilonia.org)

(añadido en enero de 2012)

Viajo a Túnez en diciembre de 2011. Mohamed Bouazizi es venerado en eslógans, pintadas y banderas por todo el país. Compro unas postales. La cara de Mohamed y su carrito de frutas y verduras son los protagonistas de los sellos, con el título de “Revolución de la Dignidad”. No hay y nunca habrá sellos suficientes para homenajear a todos los sacrificados de esta revolución. Gracias a todos ellos y a ellas hoy millones de tunecinos y tunecinas disfrutan de un país más libre, menos corrupto, más digno.

Sello donde aparece Mohamed Bouazizi
Sello donde aparece Mohamed Bouazizi