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Los primeros años de la dictadura Pahlevi (1953-1963)

“Todo lo que ocurre en Irán sucede por el interés de alguna potencia extranjera”. Esta creencia se propagó entre el pueblo tras el Golpe de Estado perpetrado por la CIA que permitió el regreso del sah de su exilio en Roma. Tras su llegada, el monarca diseñó un sistema rígido e individualista que no admitía divisiones ni discrepancias. Se acabó con el florecimiento democrático y cultural que se había vivido desde su llegada al poder y que había provocado el zarandeo inesperado de las políticas de Mossadegh: los candidatos a las elecciones de 1954 fueron seleccionados por el régimen, el partido del antiguo Primer Ministro fue disuelto y los comunistas de la Tudeh fueron perseguidos.

Mohammed Reza Pahlevi saludado por militares iranies tras sel golpe de Estado y su regreso del exilio
Mohammed Reza Pahlevi saludado por militares iranies tras sel golpe de Estado y su regreso del exilio

El sah creó, con ayuda de la CIA, la Savak, la agencia de seguridad iraní que actuaba como policía secreta a las órdenes del monarca. La Savak persiguió, torturó, humilló y asesinó a miles de opositores hasta su disolución tras la Revolución Islámica. Todo estaba controlado por sus agentes secretos. Kapuściński la describe en El Sha o la desmesura del poder: “La Savak no tenía ningún cuartel general, estaba diseminada por toda la ciudad (y por todo el país), estaba en todas partes y en ninguna. Ocupaba edificios, villas y pisos que no llamaban la atención de nadie, que no llevaban letrero alguno o lo llevaban de firmas e instituciones inexistentes. Los números de teléfono solo eran conocidos por los iniciados. La Savak tanto podía alquilar habitaciones en un bloque de pisos corriente como entrar en sus oficinas de investigación a través de una tienda, una lavandería o un bar nocturno. En esas condiciones todas las paredes podían tener oídos y todos los portales, puertas y postigos podían conducir a sus sedes. Quien cayese en manos de esta policía, desaparecería sin dejar rastro por mucho tiempo (o para siempre). Desaparecía de repente, nadie sabía qué le había ocurrido, dónde buscarlo, adónde dirigirse, a quién preguntar, a quién suplicar. Tal vez lo habían encerrado en una de las cárceles, pero ¿en cuál? Había seis mil. […] La Savak gobernaba en los centros de enseñanza, en las oficinas y en las fábricas. Era un enorme monstruo que lo envolvía todo en sus redes, que se deslizaba hasta los rincones más recónditos, en todas partes pegaba sus ventosas, fisgaba, husmeaba, rascaba, barrenaba”.

La disputa con el Reino Unido por los beneficios del petróleo se solucionó con un aumento del porcentaje de los beneficios para Irán. Ahora el dinero fluía en grandes cantidades y Mohammed Reza no tardó en gastarlo de la misma manera que lo hubiera hecho su padre: comprando armamento. También invirtió en grandes proyecto de ingeniería, en la creación de industria y en la mejora de la educación, sobre todo en las grandes ciudades. Además, se incrementaron las inversiones privadas extranjeras que favorecieron el crecimiento continuado de la economía.

En 1959, el sah se casó con su tercera y última esposa, Farah Diba, en la que periódicos de todo el mundo calificaron como “una de las bodas del siglo”. En el exterior se vivía con entusiasmo el desarrollo acelerado del país: Irán desprendía lujo, fiestas en palacios cubiertos de oro y grandes viajes de ensueño. Los monarcas eran recibidos con los mayores honores y llenaban revistas del corazón a doquier. Eran años de prosperidad: la economía funcionaba, la imagen exterior era excelente y las condiciones de vida mejoraban. Pero los más empobrecidos seguían ajenos a los bamboleos del sah, desatendidos e ignorantes. Durante esos años de florecimiento económico, lujo y cuentos de hadas, se plantaron las semillas de la desigualdad y la frustración que años después arrasarían con ese mundo de ostentación y riqueza desenfrenada.

Mohammed Reza Pahlevi y Farah Diba durante la ceremonia de matrimonio (21/12/1959)
Mohammed Reza Pahlevi y Farah Diba durante la ceremonia de matrimonio (21/12/1959)

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

El regreso del todopoderoso “shainsha” (1953)

El sah Mohammed Reza Pahlevi seguía con expectación desde su exilio en Roma todo lo que ocurría aquellos días en Irán. Las multitudes contrarias al monarca festejaban su huida llenando las calles de grandes manifestaciones. Se vivía un ambiente de júbilo por la expulsión de aquel villano que pregonaba con aliados occidentales que solo querían el dinero y el petróleo del país.

Durante aquellos días, la CIA y el MI6 habían iniciado en secreto una operación para devolver el poder al sah y, de rebote, para recuperar el control geopolítico de la región. El primer objetivo era volver a la opinión pública contra Mossadegh. Para ello usaron todos los recursos necesarios: planearon una campaña de desprestigio en los medios de comunicación, simularon atentados y amenazas telefónicas a líderes religiosos en nombre del partido comunista y organizaron manifestaciones contrarias al sah cuyo objetivo era sembrar el caos en la capital. Cinco días después de la huida del monarca, cuando una gran parte de la opinión pública ya había sido convencida, la CIA organizó una gran manifestación por el centro de Teherán que, junto al ejército, derrotó de forma definitiva a los partidarios del Primer Ministro. El golpe de Estado (bautizado como “Operación Ajax”) fue una carnicería: varios líderes comunistas fueron ejecutados, cientos de personas encarceladas y Mossadegh fue condenado a tres años de confinamiento, tras los que permaneció en arresto domiciliario el resto de su vida. El sah estuvo seis días en el exilio. Podía volver a casa, pero el camino de regreso estaba sembrado de sangre y plomo.

Tanques en Teherán durante el golpe de Estado de 1953
Tanques en Teherán durante el golpe de Estado de 1953

En ese violento 1953 algo importante cambió. El regreso de Mohammed Reza Pahlevi supuso el inicio de la época de mayor violencia y represión de su reinado. Durante ese año se forjaron los cimientos de la dictadura que lo mantendría como monarca con inflexibilidad y mano dura hasta su huida desesperada tras la Revolución Islámica de 1979. Una huida que se llevó al sah y a toda la dinastía Pahlevi de nuevo al exilio. Esta vez de forma definitiva.

Arresto de Mohammed Mossadegh
Arresto de Mohammed Mossadegh

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
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  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

La huida del sah (1951-1953)

Las políticas nacionalistas y de democratización del sistema político iraní que impulsaba el Primer Ministro Mossadegh le habían proporcionado el respaldo de amplios sectores de la sociedad. Esas mismas políticas, sin embargo, le mantenían enfrentado con el sah, con las elites económicas y con el ejército. Era el hombre de moda: su decreto más famoso, la nacionalización del petróleo a principios de 1951, le valió el título de hombre del año por la revista Time. El cambio de rumbo del gobierno encendió las alarmas de Inglaterra y Estados Unidos: en pleno apogeo de la Guerra Fría no se podía permitir que el petróleo iraní dejara de estar bajo su control y acabara en manos de la Unión Soviética. Además, por si no fuera poco, el Primer Ministro mantenía buenas relaciones con el partido comunista Tudeh. ¡Menuda ofensa! Ambos países actuaron con celeridad promoviendo un veto al petróleo procedente de Irán que le cerró las puertas de todos los mercados internacionales. Por mucho que el gobierno suplicara eliminar el veto, la postura de ambas potencias se mantuvo rígida. Por si no fuera suficiente, todos los demás países importadores les obedecieron por lo que el dinero de la venta del mayor tesoro iraní desapareció de golpe.

Mohammed Mossadeg, hombre del año para la revista Time (1951)
Mohammed Mossadeg, hombre del año para la revista Time (1951)

Para Gran Bretaña solo había una manera posible de desencallar la situación: Mossadegh tenía que ser derrocado. Ya fuera por las buenas o por las malas. Organizó junto a la CIA un plan para desestabilizar al gobierno y forzar la dimisión del Primer Ministro. Tenía que parecer un movimiento popular aunque en realidad no lo fuera: sobornos a parlamentarios y clérigos, convocatorias de manifestaciones de protesta, difusión de propaganda en los medios de comunicación. El elegido para el cargo de Primer Ministro era Fazlolláh Zahedi, un general retirado que ya había conspirado contra Mossadegh unos meses atrás. Sin embargo, todas esas maniobras fracasaron. Se activó entonces el plan B: la CIA había previsto un dispositivo militar listo para tomar Teherán y asegurar el golpe de Estado. Solo faltaba la firma del sah en el decreto de destitución. A Mohammed Pahlevi le asaltaron las dudas pero al final sucumbió a las presiones y firmó el documento en agosto de 1953.

Militares y seguidores del sah tras el golpe de Estado por las calles de Teherán (1953) (Fuente: AFP)
Militares y seguidores del sah tras el golpe de Estado por las calles de Teherán (1953) (Fuente: AFP)

Soraya Esfandiary, la segunda mujer del monarca, vivió muy de cerca esos días de complots y traiciones. En su biografía El palacio de las soledades relata otra versión de lo sucedido: “La prensa afirmaría que la operación fue llevada a cabo por la CIA. Pero eso es falso. El complot partió de Teherán, y, aunque después recibió el apoyo financiero de Estados Unidos, fue el fruto de nuestra propia iniciativa”. Según ella, la idea de un golpe de Estado para derrocar al Primer Ministro fue suya. “Permitir que Mossadegh permanezca en el poder significa vender Irán a Moscú”. Soraya detalla la conversación en la que le propuso la idea al sah:

“—Solo un golpe de Estado contra Mossadegh puede salvar el país.

—Pero, eso es imposible —replicó el sah, herido en su amor propio—. ¿Cuándo se ha visto que un monarca conspire contra su propio gobierno?

—¡Pues será el primero en hacerlo!

Me miró detenidamente. El cigarrillo temblaba entre sus dedos.”

Soraya Esfandiary junto a Mohammed Reza
Soraya Esfandiary junto a Mohammed Reza

En cualquier caso, durante la operación se cometió un error: Mossadegh estaba informado de todo el plan y mandó detener al mensajero antes de la entrega oficial del decreto. Las triquiñuelas sombrías se volvieron rápidamente contra palacio: los oficiales encargados de la operación militar desaparecieron, Zahedi se escondió y las calles de las principales ciudades se llenaron de multitudes a favor del Primer Ministro y en contra del sah. La operación había sido un fracaso.

Mohammed Reza, viéndose acorralado y sin capacidad para enderezar la situación de crisis, decidió exiliarse a Roma junto a su esposa Soraya, a la espera de solucionar el conflicto desde allí. Las fotografías de la llegada del sah al aeropuerto italiano muestran una inseguridad nunca vista hasta entonces en el monarca: tiene una actitud lejana, ajena a las decenas de paparazzis que lo perseguían, como si su mente estuviera muy lejos de allí. Es la imagen de alguien triste, derrotado; el aspecto de quien se creía el corazón de un país al que ahora ni siquiera sabe si podrá volver a pisar.

Mohammed Reza y Soraya Esfandiary durante su exilio en Roma (1953)
Mohammed Reza y Soraya Esfandiary durante su exilio en Roma (1953)

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

Su Majestad Imperial, Rey de Reyes y Luz de los Arios

Mohammed Reza Pahlevi fue proclamado sah en septiembre de 1941. Había estudiado en Suiza, lejos de su pueblo y de los vaivenes de palacio, pero la abdicación forzada de su padre lo había obligado a tomar el mando de un país damnificado por la guerra. La relación con su padre marcó profundamente su carácter: era tímido y enfermizo, como si fuera un soldado subordinado acobardado por las órdenes de su rígido, fuerte y despiadado superior. El nuevo monarca se había casado por conveniencia dos años atrás con la princesa Fawzia de Egipto, hija y hermana de reyes, en una pomposa ceremonia en El Cairo. El matrimonio era el máximo exponente del lujo y glamur de la época; sin embargo, la reina nunca encontró su sitio en la corte iraní y el matrimonio se divorció en 1948.

Fawzia de Egipto y Mohammed Reza (1939) (Fuente: EFE)
Fawzia de Egipto y Mohammed Reza (1939) (Fuente: EFE)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial y bajo el reinado del nuevo sah, Irán vivió un florecimiento cultural y político: se abrieron periódicos y radios, se fundaron partidos como la Tudeh, el partido comunista (que fue posteriormente ilegalizado en 1949), y algunos opositores al régimen, encarcelados por el padre del monarca, regresaron a la escena política. Fue el caso de Mohammad Mossadegh, uno de los políticos iraníes más carismáticos del siglo XX, férreo defensor de la unidad nacional, la democracia y la constitución, que volvió al Parlamento tras las primeras elecciones del nuevo reinado.

La guerra también había ocasionado graves daños. A la escasez de alimentos y la profunda depresión económica, se sumó un gran sentimiento de humillación nacional por la invasión aliada. Germinó entre la población una gran antipatía hacia las tropas británicas, rusas y norteamericanas que seguían en Irán. El malestar social se focalizó en un aspecto concreto que centró el debate social y político durante meses: la necesidad de renegociar el reparto de los beneficios de la extracción de petróleo. Gran Bretaña obtenía cerca del doble de ingresos que el propio Irán y, pese a los intentos del monarca para cambiar las condiciones, la postura británica se había mantenido firme en la negativa.

Mossadegh aclamado por sus partidarios (1951)
Mossadegh aclamado por sus partidarios (1951)

Mossadegh gozaba de un amplio respaldo social. Reclamaba la nacionalización del petróleo y la democratización de las políticas del sah. Gran Bretaña, por su parte, amenazaba con asfixiar económicamente al país si se atrevía a modificar una coma del contrato. Pese a las amenazas británicas, el pueblo respaldaba a Mossadegh así que a principios de 1951 fue designado por el Parlamento como Primer Ministro. Lo que sucedió a continuación nadie lo esperaba, ni Mossadegh, ni Gran Bretaña ni tan siquiera el propio sah.

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
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  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

El origen de la dinastía Pahlevi (1925-1941)

El triunfo de la Revolución Rusa de 1917 sacudió el mundo y lo dividió en dos bandos: los bolcheviques liderados por Lenin y los países aferrados a la idea capitalista que miraban con temor la posible expansión de los ideales revolucionarios soviéticos.

Por aquel entonces la corona de Persia estaba en manos del joven e inseguro Ahmad Sah. Había sido coronado monarca con tan solo once años tras la abdicación y huida de su padre a territorio ruso tras la invasión de Teherán por fuerzas constitucionalistas. Persia era el primer bastión de resistencia frente al avance ruso hacia Oriente Medio y la India, por lo que tanto Europa como Estados Unidos vigilaban con mucho interés todo lo que ocurría en territorio persa. En 1908 sucedió un hecho que superó con creces la capacidad de maniobra del monarca y que cambió las reglas geopolíticas de Oriente Medio para siempre: el descubrimiento, en el oeste del país, de uno de los mayores depósitos de petróleo del mundo. Los británicos no tardaron en reaccionar: se aseguraron el suministro de combustible tras comprar la mayoría de acciones de la recién fundada Anglo-Persian Oil Company, que tiempo después acabaría llamándose British Petroleum primero, y BP en la actualidad.

Distribución de queroseno de la Anglo-Persian Oil Company (Fuente: www.bakhtiarifamily.com)
Distribución de queroseno de la Anglo-Persian Oil Company (Fuente: bakhtiarifamily. com)

A mediados de 1920 se produjo un alzamiento militar en el norte de Persia y se proclamó la República Soviética de Guilán, de ideología republicana y socialista. Sonaron las alarmas en Europa y Estados Unidos. No era solo por la posible expansión de los ideales soviéticos, era sobre todo por el petróleo. El desafío acabó fracasando. Las tropas cosacas dirigidas por el coronel Reza Khan fueron las encargadas de derrotar la insurgencia poco más de un año después de su levantamiento. Esa victoria frente a la amenaza socialista le aportó al joven coronel un gran prestigio como militar, tanto en Persia como a los ojos de las potencias imperialistas. El joven Reza Khan era un reputado estratega militar y un hombre de grandes aspiraciones nacionalistas; aprovechando la buena imagen adquirida, no tardó en convertirse en Primer Ministro en 1923 y, con el beneplácito y ayuda de Gran Bretaña, en el fundador de la nueva dinastía Pahlevi a finales de 1925.

La llegada del nuevo sah sacudió los cimientos de Persia. Reza Khan era un hombre ambicioso que pretendía modernizar el país de una manera similar a la que su colega Ataturk estaba haciendo en Turquía; sus métodos eran contundentes y sus aires de grandeza afloraron bien pronto: se autoproclamó Sah Reza el Grande, Rey de Reyes, Sombra del Todopoderoso, Nuncio de Dios y Centro del Universo.

Reza Khan y Ataturk (Fuente: historicaliran.blogspot.com)
Reza Khan y Ataturk (Fuente: historicaliran.blogspot.com)

La nueva dinastía introdujo cambios importantes: en 1935 Persia dejó de ser el nombre oficial en favor de Irán (los persas son, en realidad, la minoría mayoritaria del conjunto de pueblos y etnias que forman el país); se facilitó que las mujeres asistieran al colegio y que se incorporaran como trabajadoras a la industria; se prohibió el velo y el chador en la vestimenta; se construyeron carreteras y escuelas, líneas de ferrocarril, universidades y bibliotecas. Desde Occidente se contemplaba con entusiasmo la nueva modernidad y europeización de Irán. Sin duda, era una etapa de abertura propicia para algunos, aunque más que incierta para quienes no compartían los ideales del monarca.

El sah creó un ejército que combatió con mano dura todas las fuentes de insurgencia. No importaba si las quejas provenían de las tribus nómadas del desierto o de la comunidad religiosa de la ciudad santa de Mashad por las nuevas libertades adquiridas por las mujeres; esgrimía la misma contundencia con los periodistas liberales, poetas y escritores que con los campesinos inquietos. El sah era un hombre de acción y su ejército se hizo fuerte, atajando todos los frentes y sembrando represión, sangre y muerte a quien se atreviera a desafiarlo.

La Segunda Guerra Mundial marcó el destino del monarca. Reza Khan era seguidor de Hitler y por eso facilitó la entrada de soldados alemanes a territorio iraní. Las fronteras permanecían cerradas para los ejércitos aliados, que veían con gran preocupación el avance de las tropas nazis hacia el este y, de nuevo y como casi siempre, la posible pérdida del suministro de petróleo. No tardaron en tomar una decisión: en 1941, tropas rusas y británicas invadieron Irán sin apenas resistencia. El gran ejército del monarca había actuado con soltura y sin remordimientos contra sus propios ciudadanos, pero no disparó ni una sola bala en defensa de su país contra la invasión de ejércitos extranjeros.

Ese mismo año Gran Bretaña forzó la abdicación de Reza Khan en favor de su hijo Mohammed Reza Pahlevi. En su libro El Sha o la desmesura del poder, Ryszard Kapuścińksy describe lo que representaron los años de reinado de aquel joven oficial de métodos arcaicos y aires magnánimos: “Al lado de la crueldad, la codicia y las rarezas, el viejo sah también tuvo sus méritos […]. Sin embargo, el pueblo seguía pobre y apático, y, cuando Reza Khan murió, el pueblo, más que contento, celebró el acontecimiento durante mucho tiempo”.

Quizá sea Winston Churchill quien describió de manera más lúcida lo que verdaderamente Irán representaba en aquellos tiempos. En la conferencia de Teherán celebrada en 1943, en la que coincidieron Roosevelt, Stalin y Churchill, este último afirmó, en relación a la abdicación de Reza Khan dos años atrás: “Nosotros lo pusimos, nosotros lo quitamos”.

Stalin, Roosevelt y Churchill en la Conferencia de Teheran (1943)
Stalin, Roosevelt y Churchill en la Conferencia de Teheran (1943)

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
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  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

Yazd y el zoroastrismo

Este artículo está incluido en el número 39 de la Revista Magellan, correspondiente al mes de noviembre de 2018.

Un oasis en el desierto

Por el laberinto de callejuelas estrechas del centro de Yazd solo se escucha el eco de mis pasos. El adobe de las casas es viejo y desgastado, como si la gloriosa historia de esta ciudad del desierto se resquebrajara sin remedio. El viento, llegado desde lo más profundo de las montañas, agita con suavidad los chadores negros, verdes y marrones tendidos en lo alto de algunas casas. Venir a Yazd ha sido todo un acierto. En el centro de este inmenso revoltijo de plazoletas, bazares y callejones destacan, imponentes, los minaretes cubiertos de azulejos verdes y azules de la Mezquita del Viernes apuntando hacia el cielo. A su alrededor, un mar de cúpulas de colores y torres del viento, usadas durante siglos para refrigerar los edificios.

Cúpula y minaretes de la Mezquita del Viernes

La ciudad está situada en el extremo occidental del vasto desierto de Lut (‘El desierto del vacío’, en persa), un universo seco y desalmado que domina el este de Irán y el lugar en el que se ha registrado la máxima temperatura sobre la superficie de la Tierra: setenta y un grados centígrados. Pero aquí hay mucho más que sol, viejos ladrillos de barro y estupendas mezquitas: la ciudad acoge a la mayor comunidad de zoroastrianos del país. Sus fieles son los seguidores de la milenaria religión del Imperio Persa, testarudos supervivientes tras siglos de persecución y marginación. Yazd merece ser visitada; no solo para descubrir los vestigios de esta vieja religión de esplendoroso pasado, o para perderse entre sus callejuelas repletas de historia. A Yazd hay que visitarla porque es la ciudad más bonita de Irán.

“Buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones”

Se conocen muy pocos detalles acerca de los orígenes de Zoroastro (o Zaratustra): hay quien afirma que nació en Azerbaiyán, otros aseguran que lo hizo en Afganistán; la tradición cuenta que vivió en el siglo VI a. C. aunque algunos historiadores lo sitúan entre los siglos XIII a XI a. C.

Pese a la dificultad en ubicar con precisión el personaje en el contexto histórico de Oriente Medio, se tiene constancia de que promulgó a modo de profeta una intensa reforma de las religiones existentes que desembocó en el nacimiento del zoroastrismo. El nuevo movimiento se convirtió rápidamente en una de las religiones con más seguidores de Asia occidental, siendo finalmente adoptada por la dinastía aqueménide durante la época dorada del Imperio Persa.

Chadores negros en una tienda del centro de Yazd
Chadores negros en una tienda del centro de Yazd

El zoroastrismo es una religión monoteísta cuyo principal Dios es Ahura Mazda, el Creador, el Sostenedor y Promotor del Cosmos. Los principios y maneras de actuar se recogen en un libro, el Avesta, y se basan en la promoción de la buena conducta de las personas en vida para alcanzar el paraíso una vez mueran. Para sus seguidores, existe un dualismo moral implícito en cada persona, dos conductas opuestas que representan el bien y el mal y que conviven en cada uno de los seres humanos. Ambas conductas se complementan y son el resultado de la elección que hacemos en cada momento: quién obre según el bien alcanzará el paraíso; por el contrario, quién acceda al infierno verá que este, a diferencia del cristiano, es frío y oscuro como la noche. Claro que ¿cómo va a estar el infierno representado por fuego si para el zoroastrismo el fuego es sagrado?

Yazd es el epicentro del zoroastrismo iraní. Aquí se erige el Templo del Fuego, lugar sagrado en el que los fieles aseguran que la llama que se resguarda en el interior arde desde el siglo V d. C. En lo alto de la fachada, la figura de un anciano de larga barba dentro de un disco amarillo con grandes alas azuladas da la bienvenida a quienes visiten el templo. Es el «faravahar», el símbolo zoroastriano más conocido, que también puede encontrarse en Persépolis y en otras muchas construcciones del antiguo Imperio Persa. Como en todos los monumentos emblemáticos y templos zoroastrianos, frente al edificio hay un estanque. Sirve para duplicar la imagen, como muestra evidente del dualismo omnipresente que rige la vida de sus fieles. Esta obsesión por el dualismo inspiró siglos más tarde a los musulmanes chiitas que vivían en Persia: por ello las mezquitas chiíes tienen siempre un número par de minaretes, al contrario de las suníes, que en su gran mayoría tienen número impar (una excepción es la Mezquita Azul de Estambul, cuya arquitectura tiene influencias persas).

Patio principal de la Mezquita del Viernes
Patio principal de la Mezquita del Viernes

En lo alto de unos montículos alejados de la ciudad se erigen las Torres del Silencio (o Torres de los Silenciados, según diversos autores), estructuras circulares usadas durante siglos por los zoroastrianos para dejar los cuerpos de los muertos para que fueran devorados por los carroñeros. Era un ritual muy útil para evitar la contaminación de ríos y acuíferos: los buitres arrancaban la carne de los cuerpos y dejaban solo los huesos que, bajo el imponente sol del desierto, se calcinaban con facilidad y eran arrojados a un pozo abierto en el centro de la torre.

A día de hoy, estas estructuras han sido muchas veces engullidas por las grandes ciudades, clausuradas por motivos de higiene y malos olores o abandonadas y destruidas por el paso del tiempo. En Irán, este ritual fue prohibido en la década de 1970 por motivos sanitarios. En la India, sin embargo, todavía sigue practicándose en algunas zonas, aunque el brusco descenso del número de buitres pone en riesgo este ritual milenario.

Mujeres vestidas con chador en el centro de Yazd
Mujeres vestidas con chador en el centro de Yazd

La invasión árabe de Persia en el siglo VII d. C. impuso el islam como religión oficial. El zoroastrismo pasó a ser una creencia secundaria que, pese a la marginación de sus seguidores, consiguió mantenerse viva, sobre todo entre las montañas del desierto y en ciudades como Yazd o Kermán. Muchos zoroastrianos huyeron del país, refugiándose en Afganistán, Pakistán, Sri Lanka o la India, donde constituyeron comunidades formadas por miles de seguidores, algunas de las cuales siguen activas en la actualidad.

Somos muy poco conscientes de la influencia que el zoroastrismo ha tenido en las religiones posteriores y, por lo tanto, en nuestras costumbres y en la manera que tenemos de vivir y entender el mundo. Algunas creencias, como el monoteísmo y la existencia de un paraíso y un infierno al cual iremos tras nuestra muerte en función de nuestros actos, datan de centenares de años antes del nacimiento del cristianismo. Cielo e infierno, vida y muerte, bien y mal. Esta dualidad viene de muy lejos. Michael Axworthy en su libro Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy indica: “En comparación con personajes como Jesucristo, Mahoma e incluso Moisés, la figura de Zoroastro resulta mucho más difusa. Es muy poco lo que sabemos de su vida. […]. Sin embargo, la importancia de Zoroastro como fundador del movimiento religioso que lleva su nombre en nada desmerece la de los profetas antes mencionados”.

Yazd al atardecer
Yazd al atardecer

Across the universe o cuando una canción te levanta del asiento pero no te deja bailar

Hoy he vuelta a escucharla después de mucho tiempo. No la he buscado claro, las mejores canciones no se piden, simplemente suenan. Estaba escondida en una de esas listas aleatorias que me acompañan durante horas y horas como música de fondo sin que les preste demasiada atención. Al escucharla ha sido como si de pronto se encendiera una lucecita en algún rincón olvidado del cerebro, como si algo empezara a bailar allí dentro. Es extraño. Hacía años que no me acordaba de ella. De hecho, creo que no era consciente de lo que esa canción significaba para mí hasta hoy. Escuchar Across the Universe de The Beatles ha sido como volver a ser aquel niño sentado en el asiento trasero de un viejo Seat en uno de esos interminables viajes de mi infancia camino a Santander.

“Words are flowing out like endless rain into a paper cup,

They slither while they pass, they slip away across the universe.

Pools of sorrow, waves of joy are drifting through my opened mind,

Possessing and caressing me.”

“No hay nada más seco que los Monegros”, pensaba siempre que los atravesábamos. Bujaraloz 46km leo en un cartel. Resopla mi padre al volante. Mi madre duerme hace rato; Laura también, tumbada a mi lado entre bolsas, maletas y los cojines de mi cama puestos allí para la ocasión. Cuando no había cinturones atrás los viajes eran menos seguros pero mucho más cómodos. Laura se ha dormido al salir de casa y se despertará para comer antes de volver a la oscuridad del sueño. Para ella un viaje a Santander es como echarse una siesta.

“Images of broken light which dance before me like a million eyes,

They call me on and on across the universe,

Thoughts meander like a restless wind inside a letter box,

They tumble blindly as they make their way across the universe.”

Me gusta recordar esos momentos. Entonces no lo sabía, claro, todavía faltaban algunos años para descubrir lo importantes que han sido para mí. Compartía el aburrimiento de las horas de autopista con mi padre. El atareado hombre trabajador tenía paciencia y ganas de hablar con su hijo. “¿Querrás ir a jugar al tenis algún día? ¿Te animas en septiembre con el inglés? ¿Me pasas el bocadillo?” A veces me pregunto si en esas charlas fue cuando realmente nos conocimos. También aprendí a hablar, prisionero en una celda de cuatro ruedas a toda velocidad junto a una madre logopeda:

— Habla con el estómago, no con la garganta —decía ella cansada de mis afonías.

— ¿Cómo voy a hablar con el estómago? —respondía yo sin entender nada.

— Vuelve a intentarlo —decía mientras se ponía la mano sobre sus costillas —nota la voz aquí.

Y claro, tras tantas horas dentro de ese coche, al final aprendí.

“Sounds of laughter, shades of life are ringing,

Through my open ears inciting and inviting me,

Limitless undying love,

Which shines around me like a million suns,

And calls me on and on across the universe.”

Cantabria y los Monegros

Ya cansados, al fin llegamos al verde. Qué bonita es Cantabria. Sigue siéndolo todavía, veinticinco años después de esos viajes, cuando el marrón del desierto desaparece de la retina y solo el viento más puro y fresco acaricia las mejillas. Echo de menos aquellos tiempos. Ojalá hubiera abrazado más a mis padres desde el asiento trasero, ojalá esas conversaciones rodadas del secarral más aburrido nunca hubieran terminado. Bujaraloz 46km decía la señal, y Across the Universe seguía sonando por la radio, una y otra vez, para terminar con esa estrofa tan preciosa y cálida en la voz de Lennon como hermosa profecía de final insospechado.

“Jai guru deva, om

Nothing’s gonna change my world

Nothing’s gonna change my world

Nothing’s gonna change my world

Nothing’s gonna change my world”

Ruta 61. La ruta del blues

Ruta 61

La música de una banda callejera ambienta los alrededores del centro de la ciudad. El cálido sonido del saxo acompaña el cantante, cuya voz grave y descuidada interpreta un blues cargado de melancolía y belleza. Algunos curiosos se dejan cautivar y paran a escuchar el espectáculo, olvidando por unos minutos las obligaciones, las prisas y el lugar al que se dirigían.

El sonido transporta a los campos de algodón y azúcar que cubren el sur de Luisiana, a los clubs modernos del centro de Chicago y al Memphis de los años 60. Es la música nacida entre esclavos, la que acompañaba a Martin Luther King en su lucha por la igualdad y la que sonaba en el autobús en el que Rosa Parks cambió la historia al desafiar al mundo. Es el blues melancólico y apenado que resuena en el corazón de Estados Unidos.

La mejor manera de vivir ese espíritu es recorriendo la Ruta 61, que discurre desde la Minnesota fronteriza con Canadá a la húmeda y calurosa Luisiana por el interior del país en paralelo al río Mississippi. Ambos comparten un baile harmónico y sutil, cargado de historia, bajo el hipnótico sonido de viejas y arrugadas melodías.

El metro de Chicago ha aparecido en infinidad de películas y series

Chicago ofrece lo que uno viene buscando aunque en realidad nunca haya sido consciente de qué se trataba. Pese a no estar situada en plena Ruta 61, la ciudad siempre ha sido un lugar de huida y de gran influencia para los sureños. Quizá por eso vive una explosión permanente de creatividad y vida, asegura distracción y largos paseos por sus parques y avenidas. Las vías del metro elevadas en las cinéfilas calles del Loop, el centro cargado de rascacielos y el aroma de una ciudad cosmopolita que recibe al viajero con los brazos abiertos. Hay algo atractivo en todo eso, algo acogedor que invita a no marcharse, a seguir un tiempo más explorando sus entrañas, descubriendo su periferia rica de energía y modernidad. A Chicago se la echa de menos.

En algunas plantaciones se muestra cómo era la vida de los esclavos durante la etapa de esclavitud. Luisiana

Más al sur el escenario cambia. Las calles asfaltadas y saturadas del rugido de coches, gente y prisas se transforman en agradables e infinitos campos de maíz, en pequeñas carreteras que atraviesan el silencio de un paisaje que discurre con suavidad en dirección a Memphis. Los pueblos son pequeños, de casas de madera con porches repletos de balancines y banderas patrióticas. A su alrededor, jardines bien cuidados por hombres subidos a máquinas cortacésped. La vida se intuye tranquila y relajada, como si el tiempo avanzara más despacio y no quisiera despegarse de todo esto. Por las tardes, los autobuses escolares amarillos inundan las carreteras mientras a lo lejos, en el interior de los campos y las inmensas fincas, los tractores aprovechan las últimas horas de sol. En los alrededores de San Luis, los granjeros se reúnen anualmente para comparar el tamaño de las calabazas. En verano, las ferias de ganado y los mercados de hortalizas ecológicas se suceden con gran éxito de público en cada pueblo cercano a Springfield.

Los campos de algodón salpican el paisaje del estado de Luisiana

El Mississippi acaricia con delicadeza estas tierras, imperturbable en su camino hacia lugares lejanos. Pequeñas embarcaciones de recreo comparten espacio con largos barcos cargados de mercancías. De vez en cuando un ferri perezoso ahorra kilómetros a quien necesite cruzar el río y no tenga prisa ni impaciencia. En su particular viaje en paralelo, la Ruta 61 atraviesa sin premura pero sin mirar atrás todo este paisaje encantador, ofreciendo la posibilidad al viajero de contemplar el interior de un país a veces solo conocido por sus enormes y frenéticas ciudades.

Al llegar a Memphis uno se transforma. La ciudad da la bienvenida con el orgullo de edificios altos y rectangulares que, sin embargo, no consiguen impresionar a quien todavía saborea el cada vez más dulce recuerdo de su paso por Chicago. Aquí se aprende con mayor detalle la importancia que estos caminos han tenido en la reciente historia del país y, por qué no decirlo, de una buena parte del mundo. Tras la Guerra Civil, la Ruta 61 y la navegación por el Mississippi fueron la vía que miles de esclavos afroamericanos utilizaron para huir del terrible sur camino a un norte que se prometía más comprensivo. Su música, nacida en las plantaciones como una exquisita mezcla de sus orígenes africanos, la melancolía de su espiritualidad y la necesidad de narrar su desafortunada vida viajó con todos ellos hacia el norte, influyendo poco a poco a todo un país y haciéndose universal. Sin embargo el conflicto racial no terminó entonces. Años después, pese a la abolición de la esclavitud, la igualdad era impensable en un país en el que blancos y negros convivían segregados. Unos, propietarios, con estudios y todas las ventajas sociales. Otros, renegados a trabajar como servicio en las casas o en los campos, se organizaron en una lucha cada vez menos discreta y más ambiciosa hacia la igualdad.

Mansión principal de la plantación Oak Alley. Luisiana

Memphis fue uno de los epicentros de esa reivindicación y su espíritu sigue muy presente en la ciudad. Durante el día hay que dejarse impregnar por el pasado del lugar, viajar hasta esa época no muy lejana de lucha y desobediencia. Medio siglo después, todavía resuena, seco y triste, el disparo que mató a Martin Luther King en el balcón de un motel convertido ahora en el imprescindible Museo Nacional de los Derechos Civiles. En él se documenta el papel que la esclavitud de origen africano tuvo durante la construcción y crecimiento del país. Es también un emotivo homenaje a todos aquellos que, como el famoso reverendo y Rosa Parks, entre muchos otros, lucharon en favor de una causa que todavía, tantos años después, parece no haberse superado.

Pero Memphis es mucho más que desigualdad y disturbios. Es también rock and roll y blues, es el ritmo incansable de las caderas de Elvis Prestley y el baile frenético frente al piano de Jerry Lee Lewis. La ciudad se presta a ser disfrutada como antaño, como si pese a su aspecto moderno no dejara descansar el espíritu en blanco y negro que la hizo crecer y crear una fama que sobrepasó el estado y el propio país. La voz grave y profunda de Johnny Cash y la guitarra de Carl Perkins en los estudios de grabación Sun Records, Graceland, la casa de Elvis Prestley o el Museo del Rock y el Soul dan buena fe de ello.

Concierto en un bar en Beale Street. Memphis

Por la noche, en la mítica Beale street, el sonido en directo de grupos llegados de todos los rincones del país resuena en cada esquina. No hay local sin música ni cerveza, no faltan los sombreros de vaquero, las camisas de cuadros ni las botas de cowboy. Aquí, tras un día de amargos recuerdos teñidos de negro y vistazos a un pasado espléndido, la música parece calmar los monstruos y relajar un poco el espíritu. Definitivamente, el mundo no sería el mismo si Memphis no hubiera existido.

El viaje cobra una nueva dimensión cuando se dejan atrás los últimos edificios de la ciudad. El zigzagueo del camino se vuelve más intenso a medida que la Ruta 61 se acerca al sur, al origen de tantas cosas, como si el peso de todo lo que sucedió en estas tierras nunca hubiera desaparecido y se notara en cada paso, en cada kilómetro. En Vicksburg y Natchez hay barrios repletos de inmensas casas señoriales, vestigios de un pasado elegante y frondoso que merece la pena descubrir sin prisa. En las afueras de las ciudades la vida sigue su ritmo tranquilo. Aquí la música cobra otro significado y el blues es su mayor embajador. Es la reunión con los amigos para cantar, es el baile tras la dura jornada de trabajo en los campos inmortales, es el ritmo, el disfrute y las risas, el encuentro de aquellos que al escuchar el sonido de la banda despiertan con el fogonazo de la vida. Así nació el blues aquí, en el húmedo sur, entre los esclavos negros afroamericanos en su fugaz y escurridizo tiempo libre. Y así se vive el blues todavía, en los pequeños pueblos y en las ciudades, en los bares de Clarksdale, Greenville o Woodville.

Las casas de madera con porches repletos de balancines y banderas patrióticas. Entre San Luís y Memphis

Durante el día, los campos de algodón y azúcar saturan la vista de un bello paisaje verde de puntos blancos que esconden uno pasado de esclavitud, lucha y guerra. Algunas plantaciones muestran con orgullo añejo sus preciosas casas a quien muestre interés en conocer cómo era la vida de la clase alta hace algo más de un siglo. En otras, sin embargo, los barracones de madera de los esclavos, todavía en pie, rinden un pequeño homenaje a las miles de vidas anónimas que nunca serán suficientemente recordadas. Así vivían y así se muestra, con la crudeza de quien pasea su goce y alegría donde otros dejaron su vida. El sur de Estados Unidos no engaña, es lo que siempre ha sido y nunca ha pretendido dejar de ser, es la tradición del alma, el mestizaje y la diversidad. Es el calor y la humedad, el sudor en la espalda, los preciosos colores del otoño a orillas del Mississippi.

Al final de la Ruta 61, cuando el río se ensancha todavía más y recorre los últimos meandros antes de desembocar con suavidad en el Atlántico, una gran maravilla deslumbra al viajero. El sonido del jazz y del góspel, el aroma del vudú y la belleza de las casas de colores y balcones metálicos. Es Nueva Orleans y la alegría desbordante de su gente. En 2005 el huracán Katrina no consiguió destruir una ciudad acostumbrada a sobrevivir en uno de los lugares menos adecuados del mundo, y desde entonces los colores alegres y llamativos de las casas rehabilitadas asombran en cualquier barrio de la ciudad. Quizá por eso Nueva Orleans nunca descansa, como si consciente del riesgo permanente a sufrir otro huracán devastador aprovechara cada segundo, cada instante, decidida a exprimir hasta el último suspiro de vida.

Nueva Orleans
Las casas de colores y los balcones metálicos son característicos de Nueva Orleans

El bluesman termina la canción. Tras algunos aplausos, el improvisado público regresa a sus prisas y obligaciones. El saxofonista guarda el instrumento en la funda y recoge las pocas monedas escondidas en el viejo sombrero del suelo. Ya no hay música. El silencio urbano envuelve de nuevo las callejuelas del centro de la ciudad. Sin embargo, el recuerdo de ese blues sigue presente en todos los que han viajado durante unos minutos con él, como si ese maravilloso camino por el interior de Estados Unidos fuera algo más que paisaje y ciudades, como si en el fondo, la Ruta 61 fuera el camino que todos ellos, de algún modo, han recorrido alguna vez.

Este relato obtuvo el II Premio del I Concurso de Relatos de Viajes de la Revista Magellan.

La Colònia Güell

La terraza del Ateneu está vacía. El antiguo salón-bar de la Colònia Güell resiste el paso del tiempo y observa pasar la historia desde su posición privilegiada en la plaza Joan Güell. Se respira modernismo por las calles estrechas de esta antigua colonia textil de finales del siglo XIX, situada a escasos 20 minutos de Barcelona. Edificios diseñados por algunos de los mejores arquitectos del modernismo, patrimonio histórico en muy buen estado de conservación y un túnel del tiempo ideal para descubrir cómo se vivía en una colonia textil hace cerca de 100 años. Y la cripta de Gaudí, claro, icono modernista y para algunos considerado el mejor edificio del arquitecto.

Unos niños vuelven a casa después del colegio, saludan a unos vecinos que, habiendo colocado las sillas en el medio de la calle, disfrutan charlando del invierno más primaveral. Un padre enseña a patinar a su hija y la anima a que llegue hasta el final de la calle, donde su abuelo regresa del paseo diaria a la masía de Santa Bàrbara con los colegas del domino. No se escucha el rumor de coches ni el ruido de la ciudad, solo las risas de los niños y algún grito de alegría lejano procedente del campo de fútbol. Dos turistas caminan despistados admirando las calles y las casas. Los veo cruzar la plaza en diferentes direcciones, haciendo fotografías y soñando en vivir aquí algún día. A todos nos pasa. Tras un rato se dan cuenta de que habían venido a ver la cripta de Gaudí y han acabado descubriendo un pequeño tesoro bien cerca de Barcelona. Regresarán el domingo. Para el vermut.

Colonia Güell
Colonia Güell

*Este escrito forma parte del post “10 llocs màgics de Catalunya recomanats per 10 bloggers” del blog www.viatgespedraforca.cat Puedes leer el post clicando aquí

“Volver con la frente marchita”

“Vivir

con el alma aferrada

a un dulce recuerdo

que lloro otra vez”

(Carlos Gardel)

Nunca el regreso al purgatorio fue poco celebrado. Viejos tangos de letras arrugadas, el humo de asados entre amigos que nunca más conoceré. Un café de voces graves y risas profundas, de largas historias de la Pampa más gauchera. Besos que duran 6 meses en boliches oscuros de San Telmo, caminar sin mirar, nunca sentirse de aquí. Eras y eres.

Qué placer fue escucharte, Buenos Aires.

El 29 no para, ¡nunca para! y la Avenida Colón es solo un Luna Park donde Calamaro regala sus mejores noches a quien decida olvidarse del gallego. Qué locura. Pronto olvidé qué hacía yo aquí y aprendí que lo que tocaba era vivir. La risa y el mate, las tardes sin horarios y sin saber dónde ir, gritar sin importar en qué estadio, un alfajor, un chorizo, un bife, un sin vivir!

Un asado con tequila, ese fue mi año aquí.

15 de noviembre de 2015

Buenos Aires-Puerto Madero
Puerto Madero

Reflexiones en el ferry entre Montevideo y Buenos Aires en un viaje por el Río de la Plata tras 9 años desde mi última visita.