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Reflexiones de un tío esperando a su sobrino

Habitación 707, hospital Sant Joan de Déu, Barcelona.

Una enfermera abre la puerta de la habitación y me comenta que espere dentro, que esto puede tardar un poco y que mejor me ponga cómodo. Son las 2 de la tarde de un día que tenía que ser un día cualquiera, pero que acabará siendo inolvidable, al menos para los que te esperamos desde hace tantos meses. Miro por la ventana y curioseo por la habitación, los hospitales me traen muy malos recuerdos y evito pisarlos todo lo que puedo, pero hoy esta habitación me transmite alegría y buenas vibraciones. Escucho los llantos lejanos de algún niño en el pasillo y no puedo dejar de pensar en qué estará pasando allí abajo, si habrás salido ya o aún no, si Laura estará bien, si Pablo está con ella. Hasta ayer eras una imagen más o menos borrosa en una pantalla, el registro nervioso de tu corazón sobre un papel, una alegría contenido, una barriga que crecía y crecía, una esperanza, una emoción.

Mario
Mario

Tengo muchas cosas que decirte y muchas personas de quien hablarte. Tengo ganas de explicarte quien eran tus abuelos y porque eres quien eres gracias, en parte, a ellos. Tengo ganas de mostrarte fotos y explicarte lo fuerte que era tu abuela y de lo genial que fue tu abuelo, como los dos nos dieron lecciones de lucha y esperanza en los momentos más duros, como lucharon para que tu, algún día, pudieras estar aquí. Algún día te veré abrochar los cordones de los zapatos y pensaré en tu abuela y como regañaba a mi abuela cuando me los abrochaba ella, porque quería que lo hiciéramos solos. Algún día te recogeré en la salida del colegio y pensaré en aquellas tardes, pocas, en las que tu abuelo venía a buscarnos por sorpresa y salíamos corriendo a abrazarlo. También te hablaré de tus padres y de lo orgulloso que tienes que estar de ellos, de como han luchado para tirar adelante en situaciones durísimas y de lo felices que son desde que saben que existes. Pero no hay que correr, tenemos todo el tiempo del mundo y ninguna necesidad de tener prisa.

Mario
Mario

Tengo muchas cosas que decirte y muchas personas de quien hablarte. Quizá algún día, cuando leas este escrito, sea el tío extraño que aparece de vez en cuando y con el que no tienes mucho de qué hablar. O quizá seré ese tío con el que te sientes más cercano y confidente, el que té hace sonreír y al que tienes ganas de ver. Quizá encontremos un espacio común, donde los dos nos sintamos a gusto y compartamos temas y conversaciones, o quizá no, y qué más da?

Si, tengo muchas cosas que decirte y muchas personas de quien hablarte. De momento tu encárgate de salir bien y no molestar demasiado a Laura, que yo te espero en la habitación 707 nervioso e ilusionado, escribiendo en un papel garabateado y con muchísimas ganas de verte, por fin, en persona. Bienvenido Mario!

21 de noviembre de 2012, 14:20, habitación 707 de Sant Joan de Déu

p.d. un rato más tarde me avisan que todo ha acabado, que todo ha salido bien y que tu y Laura estáis bien. Alguien ha dicho «al fin se ha acabado!», yo creo que es, precisamente ahora, cuando todo empieza. Un abrazo de tu tío Amadeu!

Mario
Mario

Puertas de Ejulve

A mitad de camino entre minas y tambores, lugar de paso para muchos, dulce hogar en la memoria para otros. Allí donde la guerra camina perezosa hacia el pasado, donde el viajero nunca pasa hambre, lejos de todo, orgulloso de seguir siendo.

Goethita en la piedra, viento de secadero, corazón muy maño. Suena Labordeta entre valles sin sombras, entre graneros que sobreviven en el silencio de los alrededores. Algo me fascinó de esta tierra no apta para cobardes ni veganos. No fue su melocotonada ni su carrera de pollos, ni tan siquiera ese perfume maravilloso de los secaderos. Si algo me fascinó de esta tierra fueron sus viejas y preciosas puertas.

Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Puertas de Ejulve
Vista de Ejulve
Vista de Ejulve

Viajar en tren por China

Se abren las puertas del tren y una fila de chinos con maletas entra en silencio y con cara de sueño. Son las 4 de la mañana y estamos en algún lugar entre Pingyao y Xi’an. Sin poder dormir observo a los nuevos compañeros de vagón, no sé donde van a encajar entre la multitud, ya no digo sentarse porque no hay asiento vacío ni posibilidad de apretarse más, ni tan siquiera hay muchos huecos libres en el suelo, ocupado por gente durmiendo, más maletas y basura. El tren se pone en marcha y poco a poco los nuevos van encajando, uno bajo un asiento, otro moviendo a un dormido, y la gran mayoría de pie.

Comprar un billete de tren puede ser más complicado de lo que parece, al menos si lo que se quiere es tener una cama donde dormir y no compartir vagón con cientos de personas (los trayectos suelen ser bastante largos). Los billetes salen a la venta pocos días antes del viaje, y los que ofrecen una cama donde dormir se agotan rápidamente, por lo que es probable que se tenga que rezar para que queden, al menos, billetes con asiento, ya que sino se deberá hacer el viaje de pie (es decir, con suerte tirado en el suelo si se quiere dormir de noche). Existe la opción de comprar el billete por internet, aún a riesgo de pagar el doble del valor real, pero en caso de tener tendencia a sufrir ataques de ansiedad en espacios cerrados abarrotados de gente es una solución muy recomendable.

Viajar en tren por China. Autor desconocido
Viajar en tren por China. Autor desconocido

En el vagón viajamos con una representación de las mil y una chinas que existen: desde la familia que vive en una chabola y que se dedica al cultivo de arroz, cara quemada por años de sol, manos duras como caparazones y espalda doblada, hasta los jóvenes modernos ávidos de alta tecnología, recién salidos de la peluquería y vestidos con ropa a la última. Entre estos extremos una infinidad de posibilidades, un mar de realidades en un solo país, como trenes que avanzan en paralelo pero a velocidades muy diferentes. Mientras unos viajan por el mundo, aprenden idiomas y expanden con orgullo su país, otros siguen viviendo en la burbuja china, en la que nada del exterior entra más que lo que el gobierno quiera, en esa China que se dice comunista pero que es ultra-capitalista, donde en Tian’anmen nunca ocurrió nada malo y la Revolución Cultural maoista fue «un gran proyecto de educación nacional».

Revisando los libros que leí en China encuentro un escrito a lápiz y muy mala letra en los espacios en blanco de varias páginas de «China para hipocondríacos», de José Ovejero. Recuerdo buscar desesperadamente algún sitio donde escribir, más que por inspiración por necesidad de mantener la mente pensando en otra cosa que no fuera tratar de dormir o mirar a mis compañeros de vagón. Dada la imposibilidad de moverme a buscar la libreta, a riesgo de despertar no solo a Natàlia sino a varios funambulistas de la noche, decidí escribir en cualquier hueco que encontré. Dice así: «Los asientos van llenos de gente, donde hay 3 asientos normalmente se sientan 4, a veces incluso más. Viajan familias que sacan sus botellas y platos de fideos chinos por todos lados. El agua caliente la obtienen de un grifo al lado del baño. A veces guardan los recipientes vacíos, a veces los tiran al suelo, así como las pipas y papeles. De vez en cuando pasa el revisor barriendo el pasillo, recogiendo unos cuantos kilos de plástico y papel en cada vagón. También pasan con carritos vendiendo fruta, fideos o caramelos, chillando por el pasillo como si fuera un mercadillo, casi atropellando a los que duermen en el suelo. Son las 2 de la mañana, la gente que está despierta actúa como si fuera de día: uno escucha la música con los altavoces del teléfono al máximo, otros se ríen y hacen bromas sin bajar la voz. Otros se despiertan, los miran y vuelven a dormir, nadie se queja o protesta. El hombre frente a mi duerme encima de la mesa con un brazo extendido, que queda a un palmo de mi cara. Lleva así al menos 2 horas. Ahora Natàlia duerme, veremos hasta cuando. Tiene un hombre durmiendo en el suelo con la cabeza apoyada en sus pies, y un hombre de pie que le roba el poco espacio vital cada vez que se descuida. Se ha tapado las piernas con una manta porque andaban locos mirándole la falda, de esa forma tan directa y molesta, sin pestañear siquiera. Hemos sido un entretenimiento para el personal durante varias horas, sobretodo ella, pero poco a poco la gente deja de mirarnos. El hombre frente Natàlia alarga el cuello como una jirafa sin disimular para leer lo que estoy escribiendo ahora mismo. Lo miro y me mira. No hace ningún gesto, ni pestañea ni ríe ni desvía la mirada, solo mira con curiosidad qué hace un occidental rallando un libro con letras extrañas«.

Suelo de un vagón de tren en China. Autor desconocido
Suelo de un vagón de tren en China. Autor desconocido

Al llegar a Xi’an se despierta mi vecino de enfrente. Es un hombre de unos 45 años, ojos muy rasgados, dientes amarillos y sonrisa molesta. Abre los ojos, se estira un poco, se concentra y suelta un pedo enorme. Ya hace días que andamos por China y no nos sorprende ni que se tiren pedos ni que nadie reaccione ante el sonido alegre. Me mira, sonríe, me dice varias veces lo mismo hasta que se da cuenta de que no entiendo nada de lo que me dice. Mira el libro, lo coge, lo lee y se ríe. Esa sonrisa amarilla, esas manos sucias tan cercanas durante toda la noche, esa multitud de gente encerrada en un vagón, sin poderse mover, sin poderse dormir, con ese calor del agosto chino. Nos ponemos de pie y recogemos las maletas, al fin hemos llegado a Xi’an después de 7 horas. Mi vecino suelta un erupto al levantarse, se friega la barriga con las manos y sonríe orgulloso. De pronto, baja la mirada y escupe al suelo. En ese instante rezo para que mis albarcas queden lejos de la trayectoria.

Nota

Reconozco que si leyera estas líneas de otra persona nunca en mi vida viajaría en tren por China. Sin embargo, me parece una experiencia muy interesante para entender un poco más cómo funciona la sociedad china. Si viajar es tratar de fusionarse al máximo con la vida de la gente sin parecer, en la medida de lo posible, un bicho raro, entonces el viaje en tren es una experiencia de gran intensidad y veracidad.

Las fotos no son mías pero se parecen mucho a lo que pudimos vivir. No he conseguido encontrar el nombre del autor.

Instantes de felicidad irlandesa

Low lie the Fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly. 
Our love was on the wing we had dreams and songs to sing
It’s so lonely ’round the Fields of Athenry.

Apoyo la espalda suavemente en la butaca y, trago a trago, sin prisa y con cierta felicidad, me dejo transportar a pequeños pueblos rodeados del verde más intenso que he visto nunca, a siluetas oscuras de cruces celtas en cementerios semi-abandonados, a pubs alegres y hospitalarios donde el sonido de las gaitas ilumina las frías noches irlandesas.

Cementerio celta
Cementerio celta

En el Slattery Pub de Capel Street todo es calma. La lluvia hace acto de presencia y un molesto viento agita los abrigos de los dublineses que acarician los bordes del río Liffey. En la casa donde me alojo un indonesio avaricioso y un inglés estirado se hacen silenciosa compañía en el sofá a la espera impaciente de volver al trabajo al día siguiente. Por lo que parece, su compañía no satisface la necesidad de simular sentirse como en casa, y una actitud poco complaciente a sentirse parte de aquello que los ha adoptado impregna la casa. Ahogado de tanto vacío anímico me refugio al pub cruzando la calle, donde las paredes están decoradas con instrumentos y posters de Guinness y la música irlandesa suena sin parar. Un trompetista pelirrojo guarda la trompeta en la funda, en silencio, resignado. De brazos incómodamente largos tapados por una camisa de colores chillones, sombrero negro, orejas  salidas y una finura magnificada por la altura, cara triste y mirada fija en la puerta del pub, lo observo imaginándomelo dando clases en alguna universidad o vendiendo libros a domicilio.

And it’s No, Nay, never, 
No, nay never no more 
Will I play the wild rover,
No never no more

«The Wild Rover» contextualiza la entrada de nuevos miembros de la banda. Uno a uno, el goteo de más personas vestidas con camisa de colores chillones y sobrero negro parece calmar la desesperación del trompetista pelirrojo que, con una sonrisa confiada, saluda a los bienvenidos. Un saxo, el batería, un violín, otro saxo….la sala va llenándose de músicos e instrumentos mientras miro a mi alrededor sintiéndome extraño entre tantos colorines. No hay nadie más en la sala, y eso me hace sentir poco digno de tanta actividad pre-musical. Los 12 músicos de la banda, todos vestidos con camisa de colores chillones y sombrero negro, afinan los respectivos con delicadeza y concentración. Poco a poco levantan la mirada y observan la tragedia, sólo un sofá está ocupado por alguien que parece más concentrado en escribir y leer que en su música. La lluvia y el viento continúan haciendo del Slattery Pub un fuerte con poco interés de ser asaltado, así que asumiendo la derrota y con mucha profesionalidad, una flauta inicia la melodía de un instante de felicidad irlandesa. ¡Another pint of Guinness!

Será casi una hora de música irlandesa, de clásicos mil y una vez escuchados en los pubs llenos de Fleet Street, entre cánticos emotivos y camareras con edificios de vasos vacío camino de la barra. Música que te despierta de la angustia y te hace volar hasta los campos preciosos del interior de Irlanda, donde el tiempo parece edulcorarse y simplificar una existencia milenaria. Algunos fuimos a Irlanda con la ilusión de aprender a entender qué dicen y, sin imaginarlo, volvimos con un trocito menos de alma. Por todo aquello que viví y vi, por aquel país tan maravilloso y por aquellos 12 músicos vestidos con camisa de colores chillones y sombrero negreo, «¡Sláinte!!»

How can I leave the town that brings me down
That has no jobs
Is blessed by god
And makes me cry

Dublin

And at sea with flowing hair
I’d think of dublin
Of grafton street and derby square
And those for whom I really care and you

In Dublin

Amadeu Deu Olivan

Amadeu Deu Olivan. Mi bisabuelo. Sastre emprendedor que se fue a Londres a comprar gabardinas, las descosió y las comenzó a fabricar y vender en Barcelona. Se cuentan muchas historias en la familia sobre este Amadeu Deu. La iaia dice que no era guapo pero tenía «ello», y que las mujeres lo perseguían. Como mi bisabuela lo sabía no lo dejaba solo ni un momento. Yo no lo llegué a conocer, pero he escuchado muchas historias al respecto. No lo vi nunca vivo pero lo veo cada mañana en el cuadro que tengo colgado en el comedor. Y cada vez que lo miro me recuerda a alguien, como si en realidad hubiera estado siempre conmigo, como si esa nariz y ese bigote los hubiera visto antes.

Retrato de Amadeu Deu Olivan
Retrato de Amadeu Deu Olivan

Este retrato forma parte de un cuadro que tengo colgado en el comedor de casa, con una inscripción hecha a mano que dice:

A nuestro querido jefe Sr.Deu. Sus operarios. 30/10/1918

La iaia me ha explicado mil y una veces la historia de mi bisabuelo, pero nunca serán suficientes como para que la recuerda exactamente como ella me la cuenta. En cada generación se pierde una parte de la historia, y no somos conscientes de la importancia de esta historia hasta que desaparece cuando la última persona que la conoce y la explica muere. Mi iaia cada día me explica las mismas historias, cómo conoció mi abuelo, los bailes en el Casal, cómo vivía en Tremp, el taller del Poble Sec, cómo murieron mis padres y cómo me agarraba la mano al salid de la escuela para que no me escapara corriendo. La iaia vive de recuerdos y los mantiene vivos, y que así sea muchos años. Te quiero iaia.

“[…] Y un día, sin darnos cuenta,
el viejo, con sus historias, se consumió
Y en la memoria de su nieto
sólo una huella, un leve borrón,

de aquella lejana batalla,
donde pudo morir,
en una guerra no ganada
donde luchó por ti.

Donde luchó por ti.”

                                                                 I.S.

 

1er premio al 3er Concurso de Relatos Breves de Voluntariado

Se han entregado los premios del 3er Concurso de Relatos Breves de Voluntariado en Barcelona, convocado por la Federació Caralana de Voluntariat Social. Fue una gran sorpresa, pero de unos setenta relatos breves presentados, el jurado ha elegido el mío como el primer premio!

Ya somos uno más

Los jueves en el Poble Sec són lo mejor de la semana. El sol cae tan rápido como las sombras alargadas escalan por los bloques de pisos, mientras salgo del metro camino de Montjuic. es finales de otoño y hay poca gente por la calle, las terrazas están vacías y el viento forma remolinos con las hojas caídas de los árboles. Hace frío, pero Kantha observa impasible el paso del tiempo desde la puerta del supermercado. Es jueves, y como cada jueves subo por la calle Roser con la satisfacción de hacer aquello que me hace feliz, sabiendo que durante un rato me sentiré útil y ayudaré a los demás. Soy voluntario, no cobro dinero por hacerlo, pero ya hace tiempo que sé que hay cosas que el dinero nunca me dará. Me siento humano cuando ayudo a los demás, me siento lleno cuando arranco una sonrisa y despierto miradas, me siento orgulloso cuando recibo un «gracias». Si, estoy seguro, los jueves en el Poble Sec son lo mejor de la semana.

Kantha me mira y desvía la mirada, cada jueves la misma escena, cada jueves la misma sensación de no saber qué quiere de mi. No sé nada de él, ni a qué se dedica ni dónde vive, solo sé que me observa con curiosidad cuando camino calle arriba y cuando, un rato más tarde, ayudo a la señora Lluïsa a subir las bolsas de comida hasta el tercer piso del bloque. Me observa en silencia, pero sus ojos reflejan la necesidad de decirme algo.

Hoy la señora Lluïsa camina con dificultad. La ayudo  mientras cargo dos grandes bolsas de comida para toda la semana. Hay quien sin ayuda no saldría adelante. Llegamos a la puerta de entrada. La señora Lluïsa busca las llaves. De pronto, una mano me toca la espalda. Me giro trastornado. Kantha me mira sonriendo mientra examina mi cara de sorpresa. Me da la mano y se presenta. Con un hilo de voz añade:

– Si no te sabe mal, a partir de ahora la ayudaré yo.

Sonrío. Ahora lo entiendo todo. Entiendo los encuentros cada jueves, entiendo las miradas desesperadas, entiendo que Kantha lo que quería era ayudar, sentirse humano, lleno, orgullosos. Ahora lo entiendo todo. Ya somos uno más.

Amadeu Deu Lozano – Voluntario de Bona Voluntat en Acció (Poble Sec, Barcelona)

Juegan al poker y no van «de farol». Juego, mafia, blanqueo de dinero, poco trabajo y muchas mentiras: Eurovegas

– «Aquí tenemos los tomates, los girasoles y los pimientos, allí las zanahorias, los rábanos y los pepinos. ¿Tú sabes cuándo puedo recoger los melones franceses?»

Camino con tres payeses por el campo recién cultivado, hablan de herramientas que desconozco y de variedades de verduras diferentes, de cómo no dañar el suelo y cómo aprovechar mejor el agua. Me lo miro como un niño que descubre un mundo nuevo, estamos en el medio del parque agrario y me siento un privilegiado. Poco a poco van llegando coches que iban dando vueltas por el delta despistados, no estamos lejos del pueblo pero parece otro mundo, un paisaje maravilloso, un silencio alegre solo roto por el rum-rum de algún tractor que acaba la jornada y por los chillidos de los trenes arriba y abajo. Quien diga que la Renfe no pasa por Sant Boi es que nunca ha estado en el parque agrario.

Mientras algunos preparan pegatinas y otros comentan las noticias, vamos sentándonos y empezamos a trabajar. Es principio de agosto y el calendario obliga a estar más atentos que nunca y a descansar menos de lo que quisiéramos. Discutimos sobre cómo mejorar nuestro trabajo, de cómo llegar a más gente, de qué pasos tenemos que seguir y de cómo reaccionar cuando sepamos la noticia. como todo en este proceso oscuro y alejado de la gente, a pocos días de la sentencia seguimos sin saber ningún detalle del proyecto, solo filtraciones, indicios, rumores. Qué vergüenza, tanto los que no quieren informar como los que dicen que no saben y mienten, cuánto miedo al pueblo, cuántos intereses ocultos.

Cosas que se perderian con eurovegas

Cosas que se perderian con eurovegas

Tantos años viviendo en Sant Boi y cuánto pueblo por descubrir. El parque agrario es un gran desconocido, una extensión enorme de campos, un mundo ajeno a la mayoría de la población que no sabe lo que tiene y, por lo tanto, no lo valora ni lucha por defenderlo. Durante muchos años se ha protegido, seguramente con buen criterio. Ahora, sin embargo, está amenazado, y necesita que entre todos lo salvemos de los casinos y los hoteles. Pero, ¿cómo debemos luchar por algo que no conocemos? ¿Por qué deberíamos movilizarnos por algo que nos parece lejano y no nos lo hemos hecho nuestro?

Hay quien simplifica la defensa de todo un modelo de territorio de forma despectiva con un «por salvar 4 alcachofas», hay quien sorprendentemente justifica Eurovegas con un «de blanqueo de dinero y tráfico de drogas ya hay, no viene de aquí». Y después hay quien está desesperado por encontrar trabajo y ve una chispa de esperanza en este monstruo. Con los primeros no hay nada que hacer, son los mismos que sueñan con cubrir de asfalto todo el territorio, que en todo solar vacío construirían un edificio nuevo, como más alto mejor. Les da igual el medio ambiente, la salud, la educación o la sostenibilidad. No hay nada que hacer. Aun la terrible crisis, me temo que algunos de los errores cometidos los volveremos a cometer una y otra vez. A los segundos, sobretodo comprensión. Entiendo la situación y no deseo nada más que encuentren trabajo y salgan del pozo. Les diría que esto no es lo que parece, que vengan a las asambleas, que se informen y que vean qué hace este hombre allá donde va, qué clase de trabajadores contrata y, sobretodo, en qué condiciones los contrata. Les diría que piensen en los que perdemos, en el modelo de ciudad de nuestros hijos, en la dignidad del trabajo.

en un tema tan complicado todas las opiniones son válidas. Y pues, ¿por qué no nos dan toda la información para que podamos decidir? ¿Por qué tanta oscuridad, tanta negociación a la baja, tantas leyes que modificar? ¿Por qué no se informa sobre un proyecto tan enorme que equivale a la superficie de todo Girona o Lleida? ¿Por qué no se debate el modelo de país que queremos? ¿Por qué dividimos a la población en vez de unirnos en aquello que estamos todos seguros que nos será beneficiosa? Quizá es que saben perfectamente que como más información tiene la gente más en contra está de Eurovegas, por eso es necesario el trabajo de la Plataforma, por eso es vital que la gente conozca el territorio donde vive, lo valore y luche para defenderlo. El delta del Llobregat es un espacio maravilloso, de verdad, quien lo descubre por primera vez no los querrá perder nunca más. Aún hay tiempo.

Hace rato que el sol ha desaparecido tras el Garraf. Los mosquitos nos vigilan de cerca bailando alrededor de las lámparas. La mesa está llena de fruta recogida allí mismo, unos minutos antes, fruta de verdad, con sabor. Es media noche y acabamos la reunión de trabajo, es tarde pero seguimos allí, hablando, comentando, pensando, imaginando. No quiero que acabe este momento, me siento vivo y en plena lucha, rodeado de gente implicada, gente con ideales y principios. No sé si lo conseguiremos, pero si lo hacemos todos juntos no podrán con nosotros.

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Descubriendo Guissona y el Castell de les Sitges en la Segarra

Todo es silencio en esta mañana fría de finales de primavera. Caminamos embobados gozando de las puertas antiguas y de los balcones floridos de la calle Sant Magí camino de Santa Maria, imponente y serena en el centro del pueblo. Se respira tranquilidad y calma en las callejuelas estrechas y sinuosas del centro del pueblo. Gemma de Solà nos habla de Guissona y se la hace suya. Camina por la vieja ciudad medieval con la confianza de quien camina por suelo familiar. Nos habla de comercios y de casas señoriales, de historias antiguas y modernas, del mercado romano, de las fuentes de Guissona y de como se vive en un pueblo a menudo conocido sólo por la cooperativa Bon Àrea y por su baja tasa de paro, pero que muestra con orgullo su patrimonio envidiable a quien se aventure a descubrirlo.

Arcada en la plaza Major de Guissona
Arcada en la plaza Major de Guissona
Fachada en la plaza Major de Guissona
Fachada en la plaza Major de Guissona

Una mujer sale de la pastelería de la plaza Mayor con un pastel envuelto entre sus manos, se cruza con un hombre viejo que camina pausado bajo la arcada observando un grupo de jóvenes con curiosidad. Se saludan con un «buen día» y prosigue cada uno su camino. Una pareja aparece por la calle de la Font hablando en voz baja. Dos niños cruzan la plaza en bicicleta y desaparecen a toda velocidad. La terraza del bar de la esquina espera paciente la llegada de algún cliente. Observo la escena mientras busco la luz y el ángulo adecuados para fotografiar el teatro de Cal Eril sin demasiado éxito, así que le doy la espalda y me uno al grupo. “Alabado sea Dios / Por dignidad / Por cultura / Hablad Bien” dice la inscripción en una de las fachadas de la plaza. Maravilloso ejemplo de los esfuerzos de la Liga Contra el Mal Hablar para erradicar la blasfemia y promover las buenas palabras entre el pueblo llano. Esfuerzos, no hace falta decirlo, malogrados y respuestos con el delicioso ingenio popular a través de la famosa frase «Hablar bien por favor, que no cuesta una puta mierda«. (clica aquí para más info).

Inscripción en la plaza Major de Guissona
Inscripción en la plaza Major de Guissona

Judith y Ramón no piensan volver a vivir en Barcelona. Sin demasiado esfuerzo enumeran algunas de las ventajas de vivir en Guissona respecto la gran ciudad. Los escucho con la atención de quien sabe que razón no les falta, lejos de querer convencer a quien habla con convicción mostrando una sonrisa de seguridad en sus palabras. Además, pienso, no tienen mala cara. Ahora, lejos de tráfico, humo y prisas, sirven una comida excelente en el Celler de Guissona, un bonito rincón donde uno se encuentra cómodo solo entrar. La comida es digna de la mejor de las sobremesas, bien aliñada con una buena conversación y una cata de cerveza artesana Segarreta.

Resuenan los pasos de las tropas romanas caminando por la CardoMaximus de la ciudad romana de Iesso. Estamos en pleno Imperio Romano, época en la que los romanos dominan todo el Mediterraneo. Al noreste de la Hispania Tarraconensis, Iesso se erije como una de las ciudades más importantes de la región, protegida por una sólida muralla y de una extensión casi el doble que la Barcino de la época. En las termas, los generales discuten de estrategias bélicas y cierran acuerdos de comercio entre piscina de agua caliente y agua fría. En los edificios de los alrededores se acumulan los cereales y las ámforas llenas de vino. En las fuentes de la ciudad se reunen los ciudadanos para recoger el agua de los ríos Sió y Llobregós.

Restos romanos de Iesso en Guissona
Restos romanos de Iesso en Guissona

Hoy en día, en el yacimiento arqueológico de Iesso se pueden visitar los restos arqueológicos y el Museo de Guissona, donde queda explicada la historia y funcionamiento de la ciudad durante la época romana. Josep Ros nos guía por el yacimiento y nos muestra las calles y casas, las termas y los restos de la muralla y de las calles de Iesso, buena parte de las cuales permanecen impasibles bajo los cimientos de la actual Guissona esperando para ser excavadas algún día.

Termas romanas de Iesso en Guissona
Termas romanas de Iesso en Guissona

Cae el sol en la Segarra. Lo observamos des de lo alto de la torre del Castell de les Sitges, como hicieran las tropas cristianas de Arnau Mir de Tost en plena Reconquista durante la Alta Edad Media. Observamos en silencio la escena, mientras Jaume Moya (Camins de Sikarra) nos habla de épocas de reyes y castillos, de guerras con caballos y flechas, de fortalezas militares y residencias aristocráticas. Son palabras dichas con pasión y energía, por alguien que durante 35 años vivió en el Eixample de Barcelona y que ha encontrado en la Segarra, por lo que parece, su sitio.

Castillo de les Sitges (Segarra)
Castillo de les Sitges (Segarra)

El castillo es fabuloso y está en muy buen estado. Disfrutamos de sus rincones con tranquilidad, recorremos salas y dormitorios, comedores, la bodega y el patio, escuchamos historias de fantamas y de batallas pasadas, de señores feudales, vasallos y luchas territoriales. Uno sale de una experiencia así con ganas de visitar todos los castillos de la comarca, fascinado por la pasión con la que Jaume no habla, sorprendido por el patrimonio de un territorio orgulloso de sí mismo.

A veces sales de casa y, al girar la esquina, lo que ves es completamente diferentes a lo que recordabas o habías imaginado que habría. No era la primera vez que visitaba Guissona y la Segarra, pero nunca había disfrutado la visita con tanta intensidad. No, no era la primera vez que visitaba Guissona y la Segarra, y seguro que no será la última.

Cae el sol en la Segarra. Lo observamos desde lo alto de la torre del Castell de les Sitges
Cae el sol en la Segarra. Lo observamos desde lo alto de la torre del Castell de les Sitges

p.d. Muchas gracias a la gente de bcnTB por la fantástica experiencia en Guissona. Fue mi primer blogtrip y fue un placer compartirlo con gente tan apasionada por los viajes. Ya que estamos, un poco de publicidad de los blogs de mis compañeros de viaje:

· VerdenVoyage

· Meridiano180

· Un Mundo de Experiencias

· Escapada Rural

· Pepe Pont

· The Backpack Traveller

Arturo Pérez-Reverte: «Eurovegas es el futuro, sin duda. Putas y camareros. Empleo a tope.»

No siempre puedo estar de acuerdo con los comentarios de este brillante escritor que, mal que le pese a alguno, habla claro y dispara contra todos. A veces no me gusta ni comparto su opinión, pero para mi se ha ganado el mérito de, al menos, reflexionar sobre lo que dice y valorar sus opiniones. Ayer le dio por hablar de la especulación inmobiliaria en la costa española y, aprovechando que estaba lanzado con el tema le pregunté qué opinaba sobre Eurovegas, ese diabólico proyecto que nos quieren imponer aquí, al lado de casa, sin consultarnos ni explicarnos. En fin, aquí van sus tweets:

«Hace treinta años que navego frente a las costas mediterráneas españolas. De noche, paisaje interminable de luces. De día, de cemento. Sólo a veces, de noche, la costa es un perfil oscuro. Y de día, el paisaje que hace mil años fue. Eso sólo ocurre en algunos tramos de costa. De Cabo Palos a Cartagena, por ejemplo. Y de ésta a Almería. También en la costa de Cádiz pasa. Tramos maravillosamente oscuros, de noche. Paisajes naturales de día. El resto es una pesadilla de ladrillo, especulación y poca vergüenza. Fueron décadas de impunidad absoluta. Visto desde el mar, a veces todavía hace bonito .Según. De lejos. Pero en tierra, el putiferio ladrillero es desolador. Noche y día. Me pregunto cuántos alcaldes y concejales se han hecho millonetis a costa de esa pesadilla. En muchos casos no me lo pregunto. Lo sabemos. Pero hay quien no renuncia a eso. A especular y trincar. La crisis les ha dado un pretexto magnífico. Atacan de nuevo. Hay que revitalizar la economía, dicen. Construyamos para generar empleo y tal. Más miles de albañiles. Por el bien de España. Almería,Murcia,Cádiz. Todo está lleno de viviendas sin vender, pero no importa. Dios aprieta pero no ahoga. Quedan los espacios protegidos. Van a por lo que queda. A hormigonar lo poco aún limpio. A colarlo por la cara, ahora que todo cristo está distraído mirando hacia Bruselas. Y ahí están de nuevo. Recuperando proyectos rechazados hace años, urbanizaciones salvajes paralizadas. Golferías pendientes. Ahora le ha llegado el turno a Valdevaqueros, en Tarifa. Ese Pepé abnegado, dispuesto a sacrificarse allí por los ciudadanos. Dispuesto a destruir uno de los últimos rincones bellos, paraíso de windsurfistas. Tanta arena virgen estorba. Hace daño a la vista. Como (qué casualidad, otra vez el Pepé) mis paisanos del gobierno de Murcia en el cabo Cope: 5.000 casas, 20.000 plazas hoteleras. Y por supuesto, muchos campos de golf. Allí precisamente, donde sobra el agua. En aquel secarral. Cómo les gusta golfear a algunos. Luego dicen que España se hunde. Cómo no se va a hundir, con tantas toneladas de ladrillo encima. Y con tantas toneladas de sinvergüenzas que se maquillan la cara con cemento cada mañana. Pero no son los únicos culpables. También nosotros, honrados ciudadanos, queremos aparcar el coche en la misma puta playa. Así acabará esto. Un inmenso Eurovegas para todos los niñatos borrachos de Europa. Eurovegas es el futuro, sin duda. Putas y camareros. Empleo a tope

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Imagen de la campaña "Aturem Eurovegas"
Imagen de la campaña «Aturem Eurovegas»

Sarajevo y la Guerra de los Balcanes: el sitio de Sarajevo

26 de abril de 1994, 6 de la tarde, Sarajevo. Krljes Nijaz vuelve a casa después de la oración en la mezquita Gazi Husrev-beg, en el barrio de Bascarsija, justo en el centro de la ciudad. Sabe que en cada esquina se jugará la vida, pero ya está acostumbrado, ya hace más de dos años que las calles se inundan de gritos y llantos cuando una bala de un francotirador serbio impacta en la cabeza de alguien que corre por las calles. Es un dia muy movido, los gritos de Pazita Snajper! (Cuidado, francotiradores!) resuenen en cada esquina, donde se acumula la gente para coger aire y salir corriendo hasta la esquina siguiente, con la esperanza de que aquella no sea la última carrera de su vida, que los francotiradores serbios mirarán hacia otro lado o, simplemente, que estén cansados de disparar.

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Marcas de bala en la fachada de una vivienda de Sarajevo realizados durante la Guerra de los Balcanes, actualmente aún visibles

Las esquinas se han convertido en un oasis de supervivencia donde, bien apretada la espalda contra la pared, Krljes carga fuerzas y valor para seguir el camino. La ciudad es gris, triste, silenciosa, sin alma. Una mujer cruza una mirada de pequeña satisfacción al llegar agotada a la esquina, se sabe salvada pero insegura, quizá mañana no tenga tanta suerte. Krljes cruza el puente del rio en dirección sur, alza la vista y contempla las montañas. “Allí arriba están los tanques”, piensa. Hace sin parar de correr los últimos metros hasta el portal de su casa, un tiempo atrás un espléndido edificio del barrio de Skenderija, hoy un espantoso bloque gris medio destruido por el impacto de fuego de uno de los tanques de la montaña. Un día más ha sobrevivido.

El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo
El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo

Sarajevo estuvo sitiada por el ejército Srpska de Ratko Mladic durante 1395 días. Durante todo ese tiempo la población de la ciudad se redujo más de un 30% y miles de edificios fueron destruidos en uno de los sitios más largos de la historia de Europa. Y todo esto empezó aquí cerca, justo al lado de Croacia, frente a la mirada de la ONU y de los demás países, durante aquel maravilloso año olímpico de 1992. La última gran guerra en territorio europeo, una más en una zona demasiado destinada al sufrimiento y al dolor. La guerra de Bosnia se inicia el 6 de abril de 1992 por diversos factores religiosos, políticos y sociales después de la independencia de Eslovenia y Croacia de la antigua Yugoslavia, y finaliza con los acuerdos de paz de Dayton el 14 de diciembre de 1995. Más de tres años de guerra, una terrible guerra que separó familias enteras y provocó cerca de 100.000 víctimas mortales y casi 2 millones de desplazados.

Sarajevo de noche
Sarajevo de noche

Sarajevo es una ciudad maravillosa, donde mezquitas preciosas comparten espacio con iglesias católicas y sinagogas en la orilla del río, donde los cafés y las calles peatonales procuran hacer olvidar lo que menos de 20 años atrás eran ruletas rusas a gran escala. La gente no entiende lo que les dices, pero sonríen y pasan a la acción de los gestos para explicarse. Una mujer camina por la calle mientras fotografío unos contenedores de basura muy viejos, se para y me mira extrañada. Me pregunta si somos italianos y ríe gritando “Rafa Nadal, Rafa Nadal!” cuando le digo de donde venimos. Tiene una cara de profunda tristeza, pero cuando ríe parece que la alegría la salga de muy adentro y que lleve mucho tiempo esperando la oportunidad de aparecer. Sin embargo, le cambia la cara de pronto cuando se me escapa un “Djokovic!”. Me mira, se gira y sigue su camino. Por lo que parece, hay temas que es mejor no tratar de momento.

El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes
El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes

Sin embargo, no es una ciudad muy bonita. Sigue siendo una ciudad gris, llena de edificios con cicatrices en las fachadas. Algunos edificios, incluso ahora, mantienen los agujeros de bala en sus ventanas. La mayoría de casas nuevas no se acaban, desafían al frio y al viento con el esqueleto y 4 paredes. Una señora sale al balcón de su casa. Es un balcón pequeño, en el primer piso de una pequeña casa sin acabar. El balcón sólo tiene el suelo de ladrillo, sin barandilla, sin ventanas, sólo algunas plantas en las esquinas que son el único color que desafía al rojo de los ladrillos y al gris del mortero. La señora riega sus plantas y regresa a dentro. En Sarajevo se respira un ambiente positivo, como si la paz hubiera sido una bocanada de aire fresco que los habitantes quieren aprovechar para avanzar y olvidar aquella guerra tan cruel con los vecinos. Unos días antes de pisar Sarajevo fue detenido Ratko Mladic, comandante del ejército Srpska, por genocidios y crímenes contra la humanidad, tras casi 20 años huido. Las detenciones de estos personajes me dejan un sabor agridulce, pienso en que quizá actuando antes no solo se evitaría este teatro, sino que se evitarían miles de víctimas inocentes. Al fin y al cabo, ¿qué culpa tenía Krljes Nijaz y los demás habitantes de Sarajevo, si simplemente querían volver a casa después del trabajo?

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