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Sarajevo y la Guerra de los Balcanes: el sitio de Sarajevo

26 de abril de 1994, 6 de la tarde, Sarajevo. Krljes Nijaz vuelve a casa después de la oración en la mezquita Gazi Husrev-beg, en el barrio de Bascarsija, justo en el centro de la ciudad. Sabe que en cada esquina se jugará la vida, pero ya está acostumbrado, ya hace más de dos años que las calles se inundan de gritos y llantos cuando una bala de un francotirador serbio impacta en la cabeza de alguien que corre por las calles. Es un dia muy movido, los gritos de Pazita Snajper! (Cuidado, francotiradores!) resuenen en cada esquina, donde se acumula la gente para coger aire y salir corriendo hasta la esquina siguiente, con la esperanza de que aquella no sea la última carrera de su vida, que los francotiradores serbios mirarán hacia otro lado o, simplemente, que estén cansados de disparar.

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Marcas de bala en la fachada de una vivienda de Sarajevo realizados durante la Guerra de los Balcanes, actualmente aún visibles

Las esquinas se han convertido en un oasis de supervivencia donde, bien apretada la espalda contra la pared, Krljes carga fuerzas y valor para seguir el camino. La ciudad es gris, triste, silenciosa, sin alma. Una mujer cruza una mirada de pequeña satisfacción al llegar agotada a la esquina, se sabe salvada pero insegura, quizá mañana no tenga tanta suerte. Krljes cruza el puente del rio en dirección sur, alza la vista y contempla las montañas. “Allí arriba están los tanques”, piensa. Hace sin parar de correr los últimos metros hasta el portal de su casa, un tiempo atrás un espléndido edificio del barrio de Skenderija, hoy un espantoso bloque gris medio destruido por el impacto de fuego de uno de los tanques de la montaña. Un día más ha sobrevivido.

El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo
El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo

Sarajevo estuvo sitiada por el ejército Srpska de Ratko Mladic durante 1395 días. Durante todo ese tiempo la población de la ciudad se redujo más de un 30% y miles de edificios fueron destruidos en uno de los sitios más largos de la historia de Europa. Y todo esto empezó aquí cerca, justo al lado de Croacia, frente a la mirada de la ONU y de los demás países, durante aquel maravilloso año olímpico de 1992. La última gran guerra en territorio europeo, una más en una zona demasiado destinada al sufrimiento y al dolor. La guerra de Bosnia se inicia el 6 de abril de 1992 por diversos factores religiosos, políticos y sociales después de la independencia de Eslovenia y Croacia de la antigua Yugoslavia, y finaliza con los acuerdos de paz de Dayton el 14 de diciembre de 1995. Más de tres años de guerra, una terrible guerra que separó familias enteras y provocó cerca de 100.000 víctimas mortales y casi 2 millones de desplazados.

Sarajevo de noche
Sarajevo de noche

Sarajevo es una ciudad maravillosa, donde mezquitas preciosas comparten espacio con iglesias católicas y sinagogas en la orilla del río, donde los cafés y las calles peatonales procuran hacer olvidar lo que menos de 20 años atrás eran ruletas rusas a gran escala. La gente no entiende lo que les dices, pero sonríen y pasan a la acción de los gestos para explicarse. Una mujer camina por la calle mientras fotografío unos contenedores de basura muy viejos, se para y me mira extrañada. Me pregunta si somos italianos y ríe gritando “Rafa Nadal, Rafa Nadal!” cuando le digo de donde venimos. Tiene una cara de profunda tristeza, pero cuando ríe parece que la alegría la salga de muy adentro y que lleve mucho tiempo esperando la oportunidad de aparecer. Sin embargo, le cambia la cara de pronto cuando se me escapa un “Djokovic!”. Me mira, se gira y sigue su camino. Por lo que parece, hay temas que es mejor no tratar de momento.

El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes
El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes

Sin embargo, no es una ciudad muy bonita. Sigue siendo una ciudad gris, llena de edificios con cicatrices en las fachadas. Algunos edificios, incluso ahora, mantienen los agujeros de bala en sus ventanas. La mayoría de casas nuevas no se acaban, desafían al frio y al viento con el esqueleto y 4 paredes. Una señora sale al balcón de su casa. Es un balcón pequeño, en el primer piso de una pequeña casa sin acabar. El balcón sólo tiene el suelo de ladrillo, sin barandilla, sin ventanas, sólo algunas plantas en las esquinas que son el único color que desafía al rojo de los ladrillos y al gris del mortero. La señora riega sus plantas y regresa a dentro. En Sarajevo se respira un ambiente positivo, como si la paz hubiera sido una bocanada de aire fresco que los habitantes quieren aprovechar para avanzar y olvidar aquella guerra tan cruel con los vecinos. Unos días antes de pisar Sarajevo fue detenido Ratko Mladic, comandante del ejército Srpska, por genocidios y crímenes contra la humanidad, tras casi 20 años huido. Las detenciones de estos personajes me dejan un sabor agridulce, pienso en que quizá actuando antes no solo se evitaría este teatro, sino que se evitarían miles de víctimas inocentes. Al fin y al cabo, ¿qué culpa tenía Krljes Nijaz y los demás habitantes de Sarajevo, si simplemente querían volver a casa después del trabajo?

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De Marrakech a Essaouira, un viaje revelador

“Hola amigo, hola mujer”. Así nos recibe en Marrakech el hombre que nos acompaña hasta el riad por los callejones oscuros de la medina. “Yo no cobro dinero, solo acompaño” nos decía mientras insistíamos que no era necesario que nos guiara por aquel immenso laberinto en el cual estábamos perdidos desde hacía rato. Y es que quien no se ha perdido alguna vez por una medina marroquina es que no ha estado de verdad. Al llegar al riad, el chico de recepción nos indica que debemos pagar a nuestro amigo 3 euros por los servicios. Y esto es solo un pequeño ejemplo de como funciona todo en Marruecos.

Un hombre muy viejo me observa haciendo fotos, se acerca y me invita a entrar en las atarazanas de Essaouira para mostrarme como construyen los barcos, como cortan la madera y hacen los moldes. Es un espectáculo ver el esqueleto de madera hecho a mano de esos barcos que unos meses después acabarán llenos de pescado como todos los demás. Al acabar la explicación pone la mano esperando unos cuantos Dirhams. Un chico raquítico nos acompaña esperándonos en las esquinas del barrio judío de Marrakech mientras nos invita a pasar por callejuelas estrechas hasta llegar a las calles más anchas y llenas de tiendas. Nos comenta que le gusta hablar en castellano para practicarlo, pero que no quiere nada a cambio por habernos acompañado. Al llegar a su trabajo nos invita a hablar con el vendedor de especies justo enfrente a ver si nos animamos a deshacer alguna de las pirámides perfectas de azafrán, curry o aditivos del cous-cous.

Marruecos es una experiencia inolvidable, una borrachera de nuevas sensaciones con solo abrir los ojos y despertarse en un pequeño oasis de silencio en medio de la gran urbe caótica, sucia, ruidosa y a la vez mística, fabulosa, de cuento. Cada calle te transporta en el tiempo hasta una época en la que la ciudad se transforma en un enorme mercado en la calle, donde los burros dominan el espacio vial y donde los turistas somos asaltados por vendedores de todo tipo y personajes con intenciones sospechosas. El diseño de sus palacios, el color de los mosaicos, las cenefas de fusta hechas a mano….todo evoca a un pasado glorioso producto de la venta de especies, cuando el azúcar costaba tanto que los palacios se cubrían de oro y mármol y cuando la tierra de los saadies era codiciada y no rechazada por Europa. De esa época gloriosa no queda más que una decadencia fabulosa.

Marruecos es esto y mucho más. También es un país donde las mujeres sufren una discriminación terrible en derechos, donde los niños llenan las calles en horas de escuela y los analfabetos superan a los que no lo son. No, no es el paraíso. En los barrios viejos de las ciudades, las medinas, las condiciones de vida son medievales y no todos tienen la suerte de venderse el riad a algún europeo bohemio. Dicen que las cosas poco a poco van cambiando, que las condiciones de vida de los marroquís y las marroquíes mejoran a buen ritmo, que los derechos de unos y otros se van equiparando. Estaremos atentos. Mientras tanto, seguiré disfrutando siempre que pueda de esta maravilla que tenemos al lado de casa, de este salto fabuloso en el tiempo, recomendable, casi imprescindible. Cae el sol en Essaouira, me viene a la cabeza esa canción de Ismael Serrano:

“Ríos de humanidad huyendo
del frío y del hambre
sueñan con llegar muy lejos,
quizás solo hasta mañana.
Ya no recuerdas los trenes
que partían de aquí
cargados con tu esperanza
hacia la vieja Alemania.

Se rompen las cáscaras
de nuez contra tus costas.
Y el estrecho es un abismo
que salva a la vieja Europa.
¿De qué? ¿Ya no recuerdas?
Pueblo emigrante,
enfermo de amnesia.”

Quizá sea así, quizá no. Quizá eso sea pintarlo todo de un rosa demasiado pegajoso, quizá no es más que el sentimiento humano de querer ayudar a quien pide ayuda y la necesita. Quizá nadie tiene la razón, quizá lo mejor sea que nos demos cuenta de una vez por todas que no todo el mundo puede vivir como nosotros, y que si queremos vivir cada vez mejor alguien siempre vivirá peor. Reclamar los bienes y después rechazar las personas es hipócrita, pero quien más hipócrita que nosotros, que disfrutamos de los placeres del mundo durante el agosto, volviendo al nido donde nos sentimos seguros durante el resto del año y donde no queremos que venga nadie más que los que salimos.

23 de septiembre de 2001

Alguien me dijo una vez: “Tu madre te quiere tanto que te pariría cada día si pudiera”. De eso hace ya muchos años y desde entonces las cosas han cambiado mucho.  Ya hace diez años de ese 23 de septiembre de 2001 en el que tus ojos brillaron por última vez y con mis propias manos los cerré, de ese instante en el que salí corriendo de la habitación para buscar al papa y darle la noticia, con el corazón a punto de explotar de nervios y la sensación de que eso no podía estar pasando. Diez años es mucho tiempo para algunas cosas pero no para olvidarte, ni para evitar que cada día hayas aparecido en mi cabeza. Y estoy seguro que así será hasta el final.

Desde entonces pocas cosas, nunca suficientes como para tener la certeza de que estás orgullosa de mí. Te imagino sentada en un banco cogida de la mano del papa, con una sonrisa viendo como Laura y yo vamos haciendo de la mejor manera posible, sabiendo que el poco tiempo que estuviste con nosotros hiciste las cosas muy bien. Con 19 años ya tuve suficiente como para saber que eras la mejor de todas las madres posibles, porque pasan los años y todo aquello que me enseñaste queriendo o sin querer sigue presente y me sigue ayudando día a día.

Estés donde estés espero que lo que veas no te desagrade del todo, al menos procuro hacer las cosas lo mejor que sé. Cambiaría todo lo que tengo por un abrazo tuyo, ya lo sabes, si no puede ser ahora no te muevas de allí donde estés que algún día yo también iré. Mientras tanto, me conformo con tenerte en mi cabeza y darte vida con mis recuerdos, casi siempre los mismos, demasiado pocos para mi gusto, pero que te mantienen viva como siempre, alegre como siempre, luchadora como siempre. Que vengan diez más, que por muchos años que pasen tu siempre estarás presente.

mama

 

#FreeArctic30 #SavetheArctic

Hoy Greenpeace organiza una jornada reivindicativa contra la detención de 30 activistas por parte de la guardia costera rusa por protestar en aguas internacionales contra la extracción de petroleo en al Ártico por parte de la compañía Gazprom. Para más información clica aquí.

Aunque estoy casi seguro de que al gobierno ruso no le importa demasiado este tipo de reivindicaciones, no por ello hay que renunciar a hacerlas. Aquí va un humilde gesto de ayuda y admiración a todos aquellos que luchan de forma comprometida por mejorar y mantener vivo todo aquello que entre todos estamos destruyendo. Ánimo!

Polar BearAutor de la fotografía: Shell Wildlife

Sombras grises de Bellmunt

Enero de 1955. Suena el despertador. Y lo hace con la dureza del frío invierno, con la soberbia del que se sabe poco querido pero aun así superior al sumiso que, mueca en la cara, desafía al tiempo y al destino dándose la vuelta en la cama. Serán solo unos segundos, pero el poder de ese instante provoca una sonrisa victoriosa en la cara de Remigio. Las madrugadas de enero en Bellmunt del Priorat son extremadamente frías, y la pereza de salir de la cama tira del minero con tanta fuerza que ni la promesa del paraíso aceleraría sus movimientos.

Remigio se viste para el trabajo con movimientos rutinarios y respetuosos. No viste de traje como los ingenieros, ni usa sombrero de copa como los responsables de la mina, más bien usa una boina emblanquecida por el paso de los años, por el sudor de su frente. Se mira en el espejo del pasillo y sonríe, la misma estampa que todos los días, quizá un rostro más duro y una mirada más intensa que la de aquel lejano diciembre, 40 años atrás, cuando su padre le puso la boina por primera vez, le pasó cariñosamente la mano por encima del hombro y lo invitó a seguirle por las calles de Bellmunt.

Trabajar en las minas de plomo siempre ha sido una buena opción para las familias de toda la comarca. Lejos de Barcelona, donde la ciudad crece a base de enormes barrios sin alma en las afueras, en los que los obreros llegados de todas partes se apilan resignados a luchar por una esperanza, en Bellmunt el trabajo es duro y pesado, pero la demanda de plomo sigue creciendo por lo que la producción aumenta año tras año.

Remigio se mira en el espejo, se peina el bigote y se aprieta la faja, respira, se da ánimos y sale a la calle. Por el camino hasta la mina, pasos, sombras, rumores y el olor del humo de las chimeneas. El mismo camino de cada día, ese trayecto de apenas 3 minutos que desde hace años hace solo, con actitud pensativa, recordando tiempos en los que compartía con su padre reflexiones y dudas, anécdotas y planes de futuro.

bellmunt

(Foto: Vagoneros en el interior de la mina, 1950. Copyright: Ajuntament de Bellmunt del Priorat. Autora: Mercè Masip)

Todo se truncó una mañana cualquiera del mes de abril de 1934. Ese día hablaron de la falta de seguridad en las nuevas galerías, del aumento de producción y del cumpleaños de la madre de Remigio. Ese día se despidieron con un “hasta luego” en la puerta del ascensor, se dieron un abrazo y cruzaron sus miradas por última vez.

Desde que aquella galería cediera matando a su padre y a varios mineros más, Remigio ha dedicado sus esfuerzos en defender los intereses de los mineros frente las decisiones de una dirección que soló piensa en producir más sin contemplar las consecuencias. Ha luchado contra lógicas arcaicas y tradiciones sin sentido, contra jefes y balances económicos, ha luchado por la vida y la dignidad, por su padre y sus hijos.

Hoy Remigio se despide de las minas, se jubila tras años de lucha y superación. Hoy Remigio se va contento por el trabajo hecho, orgulloso de las vidas salvadas, emocionado por el precio pagado. Hoy Remigio se va sabiendo que las minas son un lugar más seguro gracias a su trabajo, se va sabiendo que su padre, esté donde esté, le mirará con los mismo ojos orgullosos de aquel lejano diciembre, 40 años atrás, cuando le puso la boina por primera vez, le pasó cariñosamente la mano por encima del hombro y lo invitó a seguirle por las calles de Bellmunt.

Microrrelato presentado en el “IX Concurso de Microrrelatos Mineros Manuel Nevado Madrid” (no premiado)

San Telmo, tangos y alfajores. Emiliano, YPF y las Malvinas

Un jueves de abril de 2005, 20:00 de la tarde en la preciosa y encantadora Buenos Aires. Sopla una suave brisa con sabor a café cuando pongo el pie en la avenida Colón camino de casa. La Universidad está lejos, pero no tengo prisa para llegar, el estrés y la necesidad de no parar de hacer cosas quedaron en casa hace ya unos meses, y no me parece que se viva mal así. El 29 pasa acelerando dirección Santa Fe. Sin preocupación alguna lo observo alejarse mientras me rasco el bolsillo buscando un peso. Cruzo la calle y me apodero de un alfajor Águila. Bendita rutina, benditos alfajores, cuanto os voy a echar de menos!

San Telmo aparece como sueño, en el que el tango se escapa por debajo de las puertas de los bares como el humo del tabaco, mientras las calles se llenan de cultura y historia en forma de conversaciones y pinturas abstractas. Pasear por San Telmo es un éxtasis indescriptible, más cuando te sientes del lugar y caminas sin prisa, sin fecha de marchar, sin billetes de vuelo o monumentos que visitar. Ya lo escribió Ernesto Rondo en un tango fabuloso:

“Me preguntan muchas veces
porque causa canto el tango
y que quieren que les cante?
si en San Telmo… yo nací!
soy de un barrio milonguero
que fue cuna del candombe…
y es allí que me hice hombre,
por eso yo canto así”

Emiliano me recibe en la cafetería fumando, cómo fuma este tipo! Pero qué interesante es hablar con él, cómo hace bailar las palabras para que parezcan dulces. Nunca una subordinada pareció más preciosa que cuando las entona Emiliano en sus tardes charlatanas. Y es que el argentino profundo, bien hablado, con la gravedad de un tango es un poema para los oídos, y el que crea que sirve solo para ligar se puede ir al carajo. Cómo siempre, hablamos un poco de todo. Me siento poco esplendido con mis frases cortas y obviedades castellanas, así que disfruto escuchando las reflexiones de alguien mucho más audaz y interesante. Cuánto voy a echar de menos también a Emiliano!

Antes de pisar Argentina desconocía la pasión con la que la gente vive su historia. Me sorprendió el relato subjetivamente nacionalista que hacen de ella, pero qué fascinante es observar como una sociedad culta conoce su pasado y reflexiona sobre él. Bendita cultura que florece placeres en las bocas ajenas! Malvinas, peronismo, Aerolíneas, corrupción, YPF, qué placer tratar temas de tal calibre en una cafetería con cualquier porteño Clarín en mano. Y es que si algo no habían olvidado los argentinos es que las Malvinas eran suyas y YPF lo debería volver a ser. Los ingleses son unos pelotudos que les robaron sus islas (si, aquellas islas donde Argentina mandó a la muerte segura a chavales sin experiencia y mal equipados) pero Maradona les dio su merecido en el Mundial del 86. La bandera argentina espera en el aeropuerto de Ushuaia para ser izada de nuevo en sus islas más codiciadas. Lo de YPF era esperable, la pasión con la que los argentinos viven la suerte de sus compañías contrasta con la frialdad con la que nosotros tratamos a las nuestras. Y está el peronismo claro. Y el populismo, que también. Qué mal vamos cuando confundimos un estado con una empresa, y tachamos de traición al pueblo español una expropiación y no lo hacemos cuando nos hunden aún más en la miseria en la que estamos metidos. Así somos, así hacen que pensemos, y así nos va.

El otro día una porteña me contaba la teoría de que cada 10 años, más o menos, y generalmente a finales de año, Argentina sufre una crisis. Sin duda parece que este año toca, al menos vamos por el camino. Me ha sorprendido que Argentina se haya atrevido con una empresa española, aunque YPF siempre estuviera en el corazón de los argentinos. Pero está el peronismo claro. Y el populismo, que también. Ai España….qué grande eras o creías ser en esos tiempos en los que ponías los pies encima de la mesa con Bush, y sacabas pecho y te creías inmortal. Cuando asomabas la cabeza en el G-8 y querías jugar a ser rica y poderosa como ellos. Y mírate ahora, que solitas estás, cómo ladras como perro encerrado, cómo duele ver el desierto más allá de tus murallas. Tan sola y pobre que nadie te ha defendido, tan sola y pobre que los que hasta hace poco mirabas entrar de reojo y malpensando ahora te dan calabazas. Pregúntate porqué a ti y no a otros, porque YPF y no las Malvinas, quizás has sido la niña repelente de la clase, aquella que saca pecho y chilla más que las demás, pero que cuando necesita ayuda se descubre sola.

Porque cooperar no es (solo) ayudar a los pobres ni las ONG’s son agencias de viajes

Pozos, escuelas, caminos, hospitales, planes de urbanismo, sensibilización de la población, letrinas, casas, huertos. En los últimos 20 años la cooperación ha desarrollado miles de proyectos en docenas de países con el objetivo de mejorar la calidad de vida de su población. Desde el movimiento por el 0,7%, allá a principios de los años 90, hasta el año 2009, la considerada como la época dorada de la cooperación ha sido bien aprovechada por todos aquellos que han intervenido: voluntarios, expatriados, ONG’s, países “ayudados”, etc. (nótense las comillas).

Ahora bien, desde hace un tiempo algunos escépticos se preguntan, a mi entender con bastante sentido, el porqué de tanta ayuda al exterior, porqué dedicar tanto dinero y esfuerzo en ayudar a los otros con todo lo que tenemos nosotros encima. ¿Cómo es posible construir hospitales en otros países mientras recortamos el gasto sanitario aquí? ¿Qué sentido tiene construir escuelas en el exterior cuando aquí miles de niños estudian en barracones cada vez más llenos? Digo que entiendo que alguien se lo pregunte no porque lo comparta, sino porque me parece que es el resultado de no haber sabido transmitir la importancia de la cooperación también en nuestra sociedad.

Me pregunto ¿cuánta gente conoce el trabajo que hacen las ONG de su alrededor? ¿Alguien sabe cuántas escuelas, letrinas u hospitales se han construido gracias a sus impuestos? ¿Somos conscientes del tremendo trabajo realizado en muchos lugares que ha permitido la mejora de la calidad de vida de miles de personas? Sin duda si hay algo que criticar a la cooperación es que no ha sabido aprovechar su época dorada para crear un movimiento solidario amplio y generalizado, que haya transmitido la necesidad de cooperar, tanto para ayudar a los demás como para mejorar nosotros mismos.

La primera vez que me interesé por una ONG llamé para explicar que quería cooperar ese verano en algún proyecto. De esto hace ya muchos años, y la respuesta que recibí fue clara y memorable: “Esto no es una agencia de viajes”. La vergüenza que sentí en ese momento se transformó rápidamente en reflexión. ¿Por qué quiero cooperar realmente? ¿Es por “ellos” o realmente es por mí? ¿Si quiero ayudar a los demás, porqué tengo que irme a otro país a hacerlo? Desde entonces y hasta ahora han pasado muchos años, pero nunca he acabado de contestarme del todo a estas reflexiones. Es más, con el tiempo y varios proyectos de cooperación a las espaldas me han asaltado muchas dudas más: ¿en qué grado ha mejorado realmente la calidad de vida de las personas a las que he intentado ayudar? ¿Tantos proyectos llevados a cabo, han incidido de alguna manera en la raíz real de los problemas, o han sido simples parches temporales? ¿Qué grado de responsabilidad tenemos en nuestro día a día sobre las desigualdades? Si es mucho como me temo, ¿qué sentido tiene trabajar lejos de aquí olvidando que el inicio del mal lo tenemos en casa? Y si esto es así, ¿por qué la cooperación casi siempre ha trabajado en una sola dirección?

La cooperación para el desarrollo es un movimiento joven, que ha evolucionado mucho y deberá hacerlo mucho más en los próximos años si quiere adaptarse a los problemas y a las realidades actuales. Que un grupo de voluntarios cruce el mundo para construir una escuela y vuelva a casa ha pasado a la historia, porque es caro, porque no resuelve el problema real y porque en pocos años habrá que volver para rehabilitarla. No, así no, así solo se crean uniones de dependencia. La cooperación debe ser un movimiento fundamental en la educación de nuestra sociedad, debe impregnar las aulas de las escuelas, debe sentirse en cada rincón de la calle. Porque la cooperación es necesaria porque nosotros la hemos hecho imprescindible con nuestra manera de vivir, porque tenemos la responsabilidad de ayudar a los que nosotros hemos metido en el agujero, porque si no cambiamos el problema no habrá solución por muchos parches que enganchemos. Y el problema no está allí, el problema está aquí.

Los recortes obligan a replantearse qué tipo de cooperación podemos realizar, a reflexionar sobre dónde tenemos que incidir y a preguntarnos cuestiones hasta ahora supuestas. Buena oportunidad para demostrarles a todos aquellos escépticos que la cooperación es imprescindible, innegociable. Porque la cooperación ya no es (solo) ayudar a los pobres, la cooperación es educación, es compromiso, es coherencia y es salud, la cooperación también es mejorar nuestra sociedad para mejorar la calidad de vida de cada una de las personas de este planeta.

Reflexiones sobre cooperación de un lunes de primavera

Entrevista sobre PhotosForFreedom

Entrevista publicada el 20 de septiembre de 2011 en la web http://www.kallejeo.com

Amadeu Deu trabaja en la Universidad Politécnica de Barcelona pero siempre ha estado involucrado en proyectos de cooperación, en Perú, El Salvador y también en Sant Boi. Hace dos años creó la ONG Photos for Freedom junto con 3 compañeros. Venden fotos solidarias por Internet a un precio solidario.

¿Cómo surgió la idea de crear esta ONG?

Siempre he tenido mucho interés en temas o proyectos de cooperación. Pero la mayoría de horas que tengo la mente un poco concentrada las dedico a otra cosa muy diferente. Me marché a vivir fuera unos meses y allí me di cuenta de que necesitaba llenar mi tiempo libre con más actividades solidarias. La idea me vino a la cabeza un día paseando por Dublín…

¿Cómo funciona Photos for Freedom?

A través del blog, la gente nos puede donar las fotografías que quiera, enviándolas a photosforfreedom.org@gmail.com. A las personas que les guste alguna foto de nuestro blog, las puede comprar. El dinero recaudado se envía a diferentes ONG’s. Trabajamos con varias organizaciones pequeñas que conocemos bien: Fundación Kassumay, San Miguelito y Ensenyament Solidari, de Sant Boi, otra de BCN y otra de Perú.

“El dinero recaudado se envía a diferentes
ONG’s: Fundación Kassumay, San Miguelito
y Ensenyament Solidari, de Sant Boi”

Pero esta ONG tiene alguna peculiaridad…

No trabajamos como el resto de ONG’s. Nosotros no colaboramos con ninguna ONG en concreto, por eso no recibimos ninguna ayuda ni subvención y esto dificulta bastante, sobre todo al principio. La idea inicial era que la web funcionase sola, pero necesitábamos pagar a alguien experto para que lo hiciera y no teníamos dinero. Entonces creamos el blog, más fácil de gestionar por ahora.

¿Está funcionando bien el proyecto?

La gente da muchas fotos, pero compra pocas, sobre todo por Internet. Estamos presentes también en ferias y muestras. En la feria de la Puríssima de Sant Boi vendimos más de 60 fotos, todo un éxito.

¿Por ejemplo, a qué os dedicáis ahora mismo?

Actualmente estamos haciendo exposiciones con nuestras fotos por varias salas y universidades para dar a conocer nuestro proyecto. Estamos recogiendo muchas fotografías, para poderlas vender luego. Hasta ahora tenemos ya más de 300 fotos.

¿Qué es un precio solidario?

Esto es una gran discusión…Hay gente que solidaridad lo entiende como un precio de mercado normal y otra gente que piensa que tiene que ser más bajo…vendemos las fotos a 2 euros en digital. En lámina son 6 euros y con un marco, 10 euros. Es un precio muy bajo.

¿Crees que la ciudadanía de Sant Boi es solidaria?

Según mi opinión y experiencia, la gente de Sant Boi es poco participativa en general. La gente que se involucra es un grupo reducido, que siempre somos los mismos. Hay muchas ONG’s en la ciudad, eso significa algo muy positivo. En la muestra Barrejant de Sant Boi por ejemplo, siempre hay entidades y mucha gente…Quizás soy muy idealista, pero para mí todo el mundo debería ser un poco más solidario.

¿Algún fotoperiodista o fotógrafo famoso ha colaborado con vosotros?

Un periodista de Egipto que está cubriendo todas las revueltas árabes se ha comprometido a que cuando vuelva a Barcelona, nos cederá fotos suyas.

“La revolución de los jazmines”: el milagro tunecino del mártir Mohamed Bouazizi

17 de Diciembre de 2010. Sidi Bouzid, un tranquilo pueblo del interior de Túnez. Los niños corren por la avenida Mohamed V en dirección al colegio mientras algunos hombres toman té tras la visita a la mezquita Abu Bakr Assedik. Parece un viernes normal. Un hombre y una niña pequeña salen de su casa. Él, Mohamed Bouazizi, 26 años, ingeniero informático y ella, su hermana pequeña que va al colegio. Mohamed es el mayor de 7 hermanos y el único que trae dinero a casa tras la muerte de su padre cuando él tenía 10 años. Ha estudiado informática, pero como para la mayoría de jóvenes tunecinos eso no significa absolutamente nada. A diario docenas de jóvenes de Sidi Bouzid acuden a los centros de gobernación con sus títulos en mano para pedir un empleo que nunca llega, así que Mohamed vive de la venta ambulante de frutas y verduras. Parece un viernes normal.

Sidi Bouzid (Demotix Images)
Sidi Bouzid (Demotix Images)

Túnez ha sido gobernado desde 1987 por Zine El Abidine Ben Ali. Tras un inicio en el que limitó el número de mandatos y ejerció una política social basada en la creación de un fondo destinado a los más pobres y de un sistema de seguridad social, con el paso de los años su poder ha ido en aumento hasta no conocer límites. La prohibición de los partidos de izquierda y de los no afines al régimen ponen en duda los resultados electorales obtenidos hasta la fecha, en los que Ben Ali roza o supera siempre el 90% de los votos. Aumento del precio de los alimentos básicos, subida del paro que mantiene muchas familias con ingresos casi inexistentes, arrestos multitudinarios a los críticos con el régimen, perpetuidad en el cargo, dominio sobre la prensa y los sindicatos…la dictadura tunecina.

Mohamed coloca su puesto de venta. Sitúa las verduras y limpia la fruta para que reluzca. Los ingresos apenas dan para mantener a toda su familia, pero no hay otra cosa que hacer más que acudir día tras día a la cita con su carrito y sus frutas y verduras. Parece un viernes normal. Aún así, el día se empieza a torcer con la llegada de dos policías, quieren saber si Mohamed tiene licencia para la venta ambulante. No la tiene. Tras una fuerte discusión en la calle, la policía confisca el carro. Mohamed sabe que sin su carro no hay dinero para su familia, así que decide presentarse en el ayuntamiento para reclamar que le devuelvan sus pertenencias. Ante la negativa, Mohemed Bouazizi, harto de vivir en un país sin trabajo, sin justicia y sin libertad, en un país gobernado por una dictadura corrupta que no ofrece futuro a los jóvenes, y desesperado por haberse sentido humillado, decide quemarse públicamente frente al Ayuntamiento. Convertido en antorcha humana, da unos pocos pasos antes de caer de rodillas, apoyando sus manos en el suelo. Finalmente, se desploma.

Mohamed Bouzazizi quemándose "a la gonzo"
Mohamed Bouzazizi quemándose “a la gonzo”

Mientras es trasladado al hospital decenas de vecinos protestan en las calles en solidaridad con Mohamed. Aquí podría haber terminado la historia, pero la verdad es que precisamente aquí es donde todo empieza. Ese 17 de Diciembre de 2010, ese viernes normal en Sidi Bouzid empezó a cambiar la historia de Túnez y de todo el mundo árabe. La Primavera Árabe ha llegado.

Primavera Árabe
Primavera Árabe (de www.madrilonia.org)

(añadido en enero de 2012)

Viajo a Túnez en diciembre de 2011. Mohamed Bouazizi es venerado en eslógans, pintadas y banderas por todo el país. Compro unas postales. La cara de Mohamed y su carrito de frutas y verduras son los protagonistas de los sellos, con el título de “Revolución de la Dignidad”. No hay y nunca habrá sellos suficientes para homenajear a todos los sacrificados de esta revolución. Gracias a todos ellos y a ellas hoy millones de tunecinos y tunecinas disfrutan de un país más libre, menos corrupto, más digno.

Sello donde aparece Mohamed Bouazizi
Sello donde aparece Mohamed Bouazizi

World Press Photo 2011

Ayer se inauguró una exposición con las 170 ganadoras de los premios World Press Photo 2011 de fotoperiodismo en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). La directora de la Photographic Social Vision, la fundación que año tras año nos hace disfrutar de esta exposición, comenta que “las imágenes premiadas deben reunir tres ingredientes: emocionar, informar e interrogar”. Y así es.

12 de Enero de 2010, 16:53, Puerto Príncipe (Haití). El terremoto más fuerte registrado en la zona desde 1770 mata más de 315.000 personas y deja más de 350.000 heridos y más de 1.5 millones de personas sin hogar. Está considerada como una de las catástrofes humanitarias más graves de la historia. 15 de Enero, los cadáveres se amontonan por todas partes. En el hospital general un hombre tira el cuerpo sin vida de un niño al depósito de cadáveres.

Cárcel de Pademba Road, Sierra Leona. Más de 60 presos pelean por agua, arroz y jabón en su celda de 30 metros cuadrados.  Solo hay un cubo para las necesidades. Uno de ellos, Abu Sesay, de 16 años, ha sido condenado a dos años de prisión por robar un bolso. Vive desde los 9 años solo en la calle. Abu afirma que “Vine a una cárcel de adultos porque el policía que me detuvo no creyó que tuviera 16 años, basándose en mi vello púbico”

Bibi Aisha. Con 12 años fue entregada junto a su hermana a un guerrero talibán para saldar una “deuda de sangre” de su tío. Varios años después, Aisha es obligada a casarse con el talibán quien la mantiene encerrada en un establo, donde es azotada y violada frecuentemente. Aisha consigue escapar pero es encontrada en Kandahar por su marido, quien la devuelve a casa y le corta las orejas y la nariz en cumplimiento de la orden de un juez talibán. Según la cultura pashtum, cuando un marido es avergonzado por su esposa es como si perdiera la nariz, por lo que se impune un castigo recíproco.

Estas son algunas de las historias que encierran las fotografías de esta exposición, historias reales y crueles, historias increíbles y desoladoras, algunas de ellas conocidas y otras del todo anónimas. Las imágenes y sus historias, junto con las luces y las sombras de la exposición consiguen despertar un cierto impacto emocional a quien la visita, un cierto malestar humano por ver y no hacer nada, por saber y no actuar. Un sentimiento tan intenso y tan humano como la capacidad de olvidarse de él una vez la última de las fotografías desaparece de la vista. Yo recomiendo ver esta exposición para sentirse, aunque solo sea el tiempo que dura la visita, un poquito más humano. Al salir, que cada uno haga lo que pueda.