Ksar Ouled Soltane

Llego a Ksar Ouled Soltane por la tarde, tras un largo día de coche. Me he despertado en Ksar Ghilane, un bonito oasis en el desierto, y tengo la intención de desayunar mañana en Túnez capital. El camino hasta aquí ha sido precioso: la salida del sol entre las dunas de arena fina del desierto, horas solitarias de carretera entre arbustos secos y arena rojiza, de vez en cuando acompañado por camellos que cruzan sin prisas o, incluso, por personas caminando sin un rumbo claro para quien no entiende los secretos del desierto. Matmata, Medenine y Tataouine, ciudades en las que apenas paro para descansar o tomar un te observando el habitual caos tunecino de cualquier ciudad.

De camino a Ksar Ouled Soltane ando preocupado por dos cosas: llegar a tiempo para devolver el coche de alquiler en Gabès antes de las 8 y por una de las ruedas del coche que parece deshinchada. La verdad, no se me ocurre nada peor que pinchar una rueda aquí, entre paisajes sin movimiento ni tiempo para encontrarlo. Y así, distraído pensando en qué hacer si nada sale bien, llego sin darme cuenta a un pequeño grupo de casas blancas que rodean el minarete de una sencilla mezquita. “Aquí debe ser”, pienso, más por la ausencia de otro grupo de casas similares en muchos kilómetros a la redonda que por la impresión de haber llegado a algún sitio importante. A la derecha de la carretera, casi de casualidad, encuentro el Ksar, humilde, sin indicación alguna ni parafernalias turísticas.

Es finales de diciembre y por aquí no hay nadie más que un chico aburrido sentado en una silla de plástico y dos hombres tomando el te en una esquina de la calle, bajo la sombra de un balcón, en silencio. El chico se acerca con dibujos del Ksar pintados con acuarela. Me explica que con lo que gana vendiéndolos se paga los estudios. Lo dice distraído, con cierta desgana, como si ni él mismo se lo creyese.

Ksar Ouled Soltane
Ksar Ouled Soltane

Los Ksar son graneros fortificados bereberes en los que  los diferentes graneros, llamados gorfas, se distribuyen en patios y suelen tener más de un piso. Suelen estar ubicados en emplazamientos defensivos naturales ya que uno de los objetivos era proteger la cosecha de cereal. Bien pensado. Dado el clima del sur de Túnez y las condiciones en las que vivían los bereberes, una buena cosecha bien merecía ser defendida. Cerca de Tataouine hay un buen número de Ksar visitables, algunos reconstruidos y otros sólo sombras de lo que fueron. El Ksar Ouled Soltane es el más bien restaurado y famoso, ya sea por su belleza o por haber sido la residencia de Anakin Skywalker en alguna de las películas de Star Wars.

Ksar Ouled Soltane
Ksar Ouled Soltane

Doy un paseo sin demasiada calma, tomo algunas fotografías, pienso en la rueda y en si pincharé en el camino de regreso. Me siento en una de las escaleras. Maldita rueda. Pasa un rato, doy otro vuelta, tomo alguna fotografía y me vuelvo a sentar. Cae el sol en Tataouine, y aún tengo camino que recorrer. “En Gabès debo devolver el coche y tomar el tren nocturno hasta Túnez. Y antes tengo que revisar esa rueda, claro. Me voy”, pienso. En la entrada, el chico de los dibujos mira al horizonte, sentado en su silla de plástico, dejando pasar el tiempo. Me repite que los vende para pagarse los estudios. Y lo repite distraído, con la misma desgana que antes, creyéndolo un poco menos. Esta vez le compro uno.

Ksar Ouled Soltane croquis
Dibujo del Ksar Ouled Soltane que le compré al chico

De regreso de Tataouine paro, al fin, a revisar la rueda. Está deshinchada pero no hay pinchazo. Ningún problema. A veces uno se obsesiona tanto con algo que hasta le impide disfrutar del camino como éste se merece. Y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde, porqué esa rueda nunca estuvo pinchada y el Ksar Ouled Soltane se merecía algo más que un par de paseos nerviosos y algunas fotos impacientes. Y ahora, algunos años después, en mi mente hay más espacio para esa rueda deshinchada que por haber disfrutado de un lugar maravilloso con calma, como se merecía.

Llego a Gabès 15 minutos antes de las 8. La oficina de alquiler de coches está cerrada, aunque un cartel bien grande en la entrada indica que cierran a las 8. Me desespera pensar en perder un día entero en esta ciudad de la que poco me atrae y en la que no tenía ninguna intención de quedarme. En el interior de la oficina todo está oscuro y sin movimiento. Sin tiempo para blasfemias alguien me toca el brazo y me hace señas para que lo siga mientras me sonríe soltando palabras en árabe. Unos metros más allá me invita a entrar a una peluquería. En el interior, con la cabeza cubierta de espuma de afeitar, un sonriente dependiente de la oficina de coches de alquiler me saluda y me pide que me siente a esperar a que le afeiten la cabeza. “Tranquilo, siéntate y espera un momento. El horario dice que  cerramos a las 8, pero eso en Túnez es relativo”.

4 pensamientos sobre “Ksar Ouled Soltane”

  1. Buena historia. ¿Mi conclusión? Que has aprendido la lección para la próxima, a darle a cada cosa la importancia que tiene y a disfrutar más del “ahora”. Probablemente la experiencia hubiera sido muy distinta si no estuvieses pensando en la rueda, podría haber sido mejor, o incluso peor, ¿quién sabe?

    1. Genial! Esa era la idea del escrito. No vi el Ksar como éste merecía, pero la lección que aprendí es extrapolable a todos los días, no solo mientras viajas, así que un mal menor al fin y al cabo!

      Y desde entonces todo fluye mejor. Si no fuera así, ayer no hubiera descubierto ese mercadillo tan chulo en Berlín porque hubiera preferido aprovechar al máximo la mañana para ver corriendo algún “no te puedes perder” en el centro de la ciudad. ¿Mucho mejor así no?

  2. Excelente artículo, gracias de llevarnos de paseo por los graneros bereberes… por cierto, ¿podría ser que la palabra “gorfa”, tenga que ver con “golfas” como llamamos a las buhardillas en Cataluña?

  3. Gracias Diego! La verdad es que no me había dado cuenta del parecido hasta que tu lo has comentado. He inspeccionado un poco y no he encontrado relación. Sin embargo, seguiré buscando ya que sería hasta bonito que así fuera 🙂

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