La Revolución Blanca (1963)

El sah estaba muy preocupado: sus aires de grandeza eran inabarcables pero no había conseguido ser querido por su pueblo. Tenía que hacer algo, recuperar la confianza de sus súbditos y demostrarles el gran monarca que era. El aumento de la represión policial contra sus detractores así como la violencia extrema que la policía secreta, la Savak, utilizaba en sus operaciones había debilitado su imagen. El pueblo tenía que entenderlo, su posición era muy delicada: estaba rodeado de comunistas encubiertos, de nacionalistas que no entendían la necesidad de tener aliados en el extranjero, de grupos de izquierda que querrían verlo muerto. Todo el mundo parecía estar en su contra, todos parecían trabajar en las sombras contra él. ¿De quién podía fiarse? Solo de su ejército y de su policía, ellos eran los únicos leales.

Mohammed Reza Pahlevi era consciente de la necesidad de modernizar el país para competir en el marco internacional. Se imponía crear una élite empresarial que diseñara, creara y exportara productos por todo el mundo; una nueva clase social que viajara y se codeara con las élites de las demás potencias. Definitivamente, Irán no podía perder el tren de la modernidad.

El sha visita el presidente Kennedy en Washington D.C. (1963)
El sha visita el presidente Kennedy en Washington D.C. (1963)

La solución a todos estos problemas se puso en marcha en enero de 1963 bajo el nombre de Revolución Blanca. Entre otros aspectos, la propuesta del sah incluía la Reforma Agraria de cerca del 70% de las propiedades, el fin de la prohibición del voto de las mujeres y una serie de medidas sociales que beneficiaban a la clase trabajadora. Por si no fuera poco, para mostrar todavía más su espíritu conciliador y cercano, Mohammed Reza decidió someter la propuesta a un referéndum con el fin de que todo el mundo pudiera participar de la histórica reforma. La ley fue aprobada por un 90% de los votantes. El resultado era sospechoso, más teniendo en cuenta que los partidos políticos no prohibidos por el monarca estaban liderados por candidatos elegidos por él mismo.

Lejos de conseguir las mejoras por las que fue propuesta, la Revolución Blanca fracasó de forma inapelable en casi todos los aspectos. La Reforma Agraria transformó miles de hectáreas de agricultura tradicional en explotaciones industriales en las que no era necesaria tanta mano de obra. Millones de campesinos iniciaron un éxodo masivo hacia las grandes ciudades que, sin embargo, no tenían una estructura industrial preparada para asimilar tal cantidad de población. Los nuevos urbanitas se instalaron en las afueras de las urbes, en barrios marginales, mal preparados y en condiciones muy deficientes. Tal y como Nazanín Armanian y Martha Zein indican en Irán, la Revolución constante: “Por mucho que el régimen fuerce la asimilación de los patrones de la economía de mercado, la estructura atrasada del país y el sistema político autoritario impiden su arraigo. […] Tuvo que hacerse evidente lo que parecía de sentido común: que una revolución por decreto era inviable, que imponer una falsa evolución de la historia terminaría en fracaso”.

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

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