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Sarajevo y la Guerra de los Balcanes: el túnel de la vida

El sol despunta entre las montañas de Sarajevo. La noche ha sido larga y muy fría, como si la ciudad no quisiera despertarse otro día, como si ya tuviera suficiente y prefiriese quedarse a oscuras, cuando los tanques descansan y reina un delicado silencio solo roto por el viento helado entrando por las rendijas de las casas.  Los inviernos en Sarajevo son terribles. Un cuadro antiguo quema en la chimenea de una casa abandonada, mientras una familia se acerca al calor y se acurruca entre mantas sucias. El niño pequeño quizá no sobreviva una noche más. Los dueños de la casa se fueron cuando cedió una parte del techo, y ahora la nieve cae directamente al comedor, a pocos centímetros de la madre que se esfuerza para dar calor a su hijo. La noche ha sido larga y muy fría, y para la señora Sidi Kola también agotadora. Por su jardín no ha parado de entrar y salir gente, y a todos ellos les ofrece un trozo de pan y un vaso de agua. Soldados, familias, trabajadores, heridos, todo el mundo utiliza la noche para entrar o salir a la ciudad a través de su jardín. La familia Kola es conocida en toda la ciudad. Viven muy cerca del aeropuerto internacional de Sarajevo, pero al otro lado de la ciudad, en la zona libre. El ejército serbio controla todas las montañas de los alrededores de la ciudad excepto el aeropuerto, en manos de los cascos azules, así que no se puede entrar ni salir de la ciudad sin pasar por un control serbio.

Sitio de Sarajevo
Sitio de Sarajevo

Un hombre aparece cojo y con la ropa sangrando, tiene un tiro en la pierna y necesita asistencia urgente. Sida Kola lo guía a través del jardín hasta la salida de su casa. Le da un trozo de pan y vuelve adentro. En Sarajevo no hay material médico y el hospital está medio destruido, pero este hombre salvará la pierna y la vida. Ya hace unos meses que se acabó la construcción del túnel de Sarajevo, un pasillo subterráneo de unos 800 metros de longitud, que atraviesa la pista central del aeropuerto, uniendo la ciudad con la Bosnia libre. Aún está oscuro, el hombre herido sube a un camión con las los luces apagados que marcha silenciosamente hacia el hospital de Butmir, desaparece en la esquina y silencio. Ni rastro de tiro o gritos. Se ha salvado.

"Túnel de la vida" a Sarajevo
«Túnel de la vida» a Sarajevo

El túnel de Sarajevo se construyó por la necesidad de burlar el bloqueo y llevar artículos de primera necesidad a la ciudad y armas al ejército que luchaba contra el sitio. Hasta entonces, los francotiradores serbios que controlaban el aeropuerto eran los encargados de matar a todo aquel que lo intentara. El túnel fue construido por voluntarios con la supervisión del ejército bosnio durante 6 meses, en turnos de 8 horas, en condiciones infrahumanas y bajo el riesgo constante de ser descubiertos y asesinados. En los inicios, unas 4000 personas atravesaban diariamente el túnel entre Butmir y Dobrinja, cargando material, medicinas, armas y gasolina en bolsas y mochilas. Después se instalaron raíles que permitieron transportar miles de personas y toneladas de material entre las dos bandas cada día. Se podía tardar hasta dos horas en caminar los 800 metros del túnel, en una atmósfera asfixiante y con las piernas bajo el agua hasta las rodillas. De esta forma, el túnel salvó miles de vidas, llevó electricidad y teléfono a la ciudad y permitió contrarrestar el sitio de la ciudad incluso con el embargo de armas. En las peores situaciones el ser humano es capaz de hacer cosas maravillosas. Yo lo tengo claro, el 30 de junio de 1993, a las 21:00, finalizaba una obra de ingeniería humana en plena guerra, un túnel para la esperanza, el túnel de la vida.

“Mientra la tierra gire y nade un pez, hay vida todavía”

                                                                                                        J.S.

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Caímos en Sarajevo por pura casualidad, por eso de los vuelos baratos y la crisis económica, que no nos permitía viajar a lugares más lejanos. Los Balcanes me sonaban a guerra, pero ésta sucedió cuando era muy pequeño y, aún ver por la televisión cifras de muertos, imágenes de tanques y gente herida corriendo por las calles, nunca fui del todo consciente de la barbarie que se estaba viviendo aquí al lado hace justo 20 años.

Casi un año después del viaje, aún me sorprende la intensidad con la que uno disfruta de un viaje a Sarajevo, de la huella que te deja el sentir la crueldad de la historia en sus calles y avenidas, de la amabilidad de su gente, de la capacidad de superar la dureza y la barbarie y saber perdonar. Hay ciudades que una vez las visitadas no se pueden olvidar.

Tranvía de Sarajevo durante la Guerra de los Balcanes y en la actualidad
Tranvía de Sarajevo durante la Guerra de los Balcanes y en la actualidad

Hoy leo con admiración lo que escribe Arturo Pérez-Reverte en su twitter, recordando sus experiencias en Sarajevo como reportero de guerra:

«Hoy tenía intención de recordar los Balcanes. Veinte años de aquello. La matanza seguía mientras Europa se miraba el ombligo. Mientras la casta funcionarial trincaba en Bruselas, como sigue. Quería recordar la charlatanería inútil de quienes permitieron a los serbios años de carnicería sin control. De violaciones y fosas comunes. Quería recordar a Javier Solana, negociador que no negoció un carajo. Lo recuerdo bien sonriéndole a los matarifes. Templando gaitas. Años de sonrisas y templar gaitas, con muchas reuniones y mucha mandanga. Haciéndose fotos sonriente con Milosevic y con Karadzic, para la prensa. Él sonriendo, y nosotros contando muertos en los telediarios, primero en Croacia y luego en Bosnia. Solana y su vergonzosa y cobarde Europa que miraba y miraba. «Estamos progresando, etc», decía el tío. Aquellos odiosos plurales. Recuerdo aquel TD,cuando Elena Sánchez me dijo en directo:»Solana afirma que se hacen progresos». Y dije: «Solana no está aquí, en Sarajevo». La bronca que nos echó María Antonia Iglesias, entonces directora de Informativos. La paladín con patas de la honradez informativa. «No enseñéis en las crónicas tantos muertos y tantas tripas», nos decía. Cabreada porque no le hacíamos ni puto caso. Luego le daban a ella la bronca en Exteriores. Menuda pandilla. Cuántos muertos y cuánta sangre por culpa de la pasividad de tanta gentuza. Igual lo de Siria les recuerda algo.»

Mejor no se puede expresar.

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