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La Guerra de los Balcanes 20 años después

Caímos en Sarajevo por pura casualidad, por eso de los vuelos baratos y la crisis económica, que no nos permitía viajar a lugares más lejanos. Los Balcanes me sonaban a guerra, pero ésta sucedió cuando era muy pequeño y, aún ver por la televisión cifras de muertos, imágenes de tanques y gente herida corriendo por las calles, nunca fui del todo consciente de la barbarie que se estaba viviendo aquí al lado hace justo 20 años.

Casi un año después del viaje, aún me sorprende la intensidad con la que uno disfruta de un viaje a Sarajevo, de la huella que te deja el sentir la crueldad de la historia en sus calles y avenidas, de la amabilidad de su gente, de la capacidad de superar la dureza y la barbarie y saber perdonar. Hay ciudades que una vez las visitadas no se pueden olvidar.

Tranvía de Sarajevo durante la Guerra de los Balcanes y en la actualidad
Tranvía de Sarajevo durante la Guerra de los Balcanes y en la actualidad

Hoy leo con admiración lo que escribe Arturo Pérez-Reverte en su twitter, recordando sus experiencias en Sarajevo como reportero de guerra:

“Hoy tenía intención de recordar los Balcanes. Veinte años de aquello. La matanza seguía mientras Europa se miraba el ombligo. Mientras la casta funcionarial trincaba en Bruselas, como sigue. Quería recordar la charlatanería inútil de quienes permitieron a los serbios años de carnicería sin control. De violaciones y fosas comunes. Quería recordar a Javier Solana, negociador que no negoció un carajo. Lo recuerdo bien sonriéndole a los matarifes. Templando gaitas. Años de sonrisas y templar gaitas, con muchas reuniones y mucha mandanga. Haciéndose fotos sonriente con Milosevic y con Karadzic, para la prensa. Él sonriendo, y nosotros contando muertos en los telediarios, primero en Croacia y luego en Bosnia. Solana y su vergonzosa y cobarde Europa que miraba y miraba. “Estamos progresando, etc”, decía el tío. Aquellos odiosos plurales. Recuerdo aquel TD,cuando Elena Sánchez me dijo en directo:”Solana afirma que se hacen progresos”. Y dije: “Solana no está aquí, en Sarajevo”. La bronca que nos echó María Antonia Iglesias, entonces directora de Informativos. La paladín con patas de la honradez informativa. “No enseñéis en las crónicas tantos muertos y tantas tripas”, nos decía. Cabreada porque no le hacíamos ni puto caso. Luego le daban a ella la bronca en Exteriores. Menuda pandilla. Cuántos muertos y cuánta sangre por culpa de la pasividad de tanta gentuza. Igual lo de Siria les recuerda algo.”

Mejor no se puede expresar.

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26 de abril de 1994, 6 de la tarde, Sarajevo. Krljes Nijaz vuelve a casa después de la oración en la mezquita Gazi Husrev-beg, en el barrio de Bascarsija, justo en el centro de la ciudad. Sabe que en cada esquina se jugará la vida, pero ya está acostumbrado, ya hace más de dos años que las calles se inundan de gritos y llantos cuando una bala de un francotirador serbio impacta en la cabeza de alguien que corre por las calles. Es un dia muy movido, los gritos de Pazita Snajper! (Cuidado, francotiradores!) resuenen en cada esquina, donde se acumula la gente para coger aire y salir corriendo hasta la esquina siguiente, con la esperanza de que aquella no sea la última carrera de su vida, que los francotiradores serbios mirarán hacia otro lado o, simplemente, que estén cansados de disparar.

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Marcas de bala en la fachada de una vivienda de Sarajevo realizados durante la Guerra de los Balcanes, actualmente aún visibles

Las esquinas se han convertido en un oasis de supervivencia donde, bien apretada la espalda contra la pared, Krljes carga fuerzas y valor para seguir el camino. La ciudad es gris, triste, silenciosa, sin alma. Una mujer cruza una mirada de pequeña satisfacción al llegar agotada a la esquina, se sabe salvada pero insegura, quizá mañana no tenga tanta suerte. Krljes cruza el puente del rio en dirección sur, alza la vista y contempla las montañas. “Allí arriba están los tanques”, piensa. Hace sin parar de correr los últimos metros hasta el portal de su casa, un tiempo atrás un espléndido edificio del barrio de Skenderija, hoy un espantoso bloque gris medio destruido por el impacto de fuego de uno de los tanques de la montaña. Un día más ha sobrevivido.

El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo
El tranvia es el medio de transporte más habitual de los habitantes de Sarajevo

Sarajevo estuvo sitiada por el ejército Srpska de Ratko Mladic durante 1395 días. Durante todo ese tiempo la población de la ciudad se redujo más de un 30% y miles de edificios fueron destruidos en uno de los sitios más largos de la historia de Europa. Y todo esto empezó aquí cerca, justo al lado de Croacia, frente a la mirada de la ONU y de los demás países, durante aquel maravilloso año olímpico de 1992. La última gran guerra en territorio europeo, una más en una zona demasiado destinada al sufrimiento y al dolor. La guerra de Bosnia se inicia el 6 de abril de 1992 por diversos factores religiosos, políticos y sociales después de la independencia de Eslovenia y Croacia de la antigua Yugoslavia, y finaliza con los acuerdos de paz de Dayton el 14 de diciembre de 1995. Más de tres años de guerra, una terrible guerra que separó familias enteras y provocó cerca de 100.000 víctimas mortales y casi 2 millones de desplazados.

Sarajevo de noche
Sarajevo de noche

Sarajevo es una ciudad maravillosa, donde mezquitas preciosas comparten espacio con iglesias católicas y sinagogas en la orilla del río, donde los cafés y las calles peatonales procuran hacer olvidar lo que menos de 20 años atrás eran ruletas rusas a gran escala. La gente no entiende lo que les dices, pero sonríen y pasan a la acción de los gestos para explicarse. Una mujer camina por la calle mientras fotografío unos contenedores de basura muy viejos, se para y me mira extrañada. Me pregunta si somos italianos y ríe gritando “Rafa Nadal, Rafa Nadal!” cuando le digo de donde venimos. Tiene una cara de profunda tristeza, pero cuando ríe parece que la alegría la salga de muy adentro y que lleve mucho tiempo esperando la oportunidad de aparecer. Sin embargo, le cambia la cara de pronto cuando se me escapa un “Djokovic!”. Me mira, se gira y sigue su camino. Por lo que parece, hay temas que es mejor no tratar de momento.

El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes
El río Miljacka divide Sarajevo en dos partes

Sin embargo, no es una ciudad muy bonita. Sigue siendo una ciudad gris, llena de edificios con cicatrices en las fachadas. Algunos edificios, incluso ahora, mantienen los agujeros de bala en sus ventanas. La mayoría de casas nuevas no se acaban, desafían al frio y al viento con el esqueleto y 4 paredes. Una señora sale al balcón de su casa. Es un balcón pequeño, en el primer piso de una pequeña casa sin acabar. El balcón sólo tiene el suelo de ladrillo, sin barandilla, sin ventanas, sólo algunas plantas en las esquinas que son el único color que desafía al rojo de los ladrillos y al gris del mortero. La señora riega sus plantas y regresa a dentro. En Sarajevo se respira un ambiente positivo, como si la paz hubiera sido una bocanada de aire fresco que los habitantes quieren aprovechar para avanzar y olvidar aquella guerra tan cruel con los vecinos. Unos días antes de pisar Sarajevo fue detenido Ratko Mladic, comandante del ejército Srpska, por genocidios y crímenes contra la humanidad, tras casi 20 años huido. Las detenciones de estos personajes me dejan un sabor agridulce, pienso en que quizá actuando antes no solo se evitaría este teatro, sino que se evitarían miles de víctimas inocentes. Al fin y al cabo, ¿qué culpa tenía Krljes Nijaz y los demás habitantes de Sarajevo, si simplemente querían volver a casa después del trabajo?

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