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Los primeros años de la dictadura Pahlevi (1953-1963)

“Todo lo que ocurre en Irán sucede por el interés de alguna potencia extranjera”. Esta creencia se propagó entre el pueblo tras el Golpe de Estado perpetrado por la CIA que permitió el regreso del sah de su exilio en Roma. Tras su llegada, el monarca diseñó un sistema rígido e individualista que no admitía divisiones ni discrepancias. Se acabó con el florecimiento democrático y cultural que se había vivido desde su llegada al poder y que había provocado el zarandeo inesperado de las políticas de Mossadegh: los candidatos a las elecciones de 1954 fueron seleccionados por el régimen, el partido del antiguo Primer Ministro fue disuelto y los comunistas de la Tudeh fueron perseguidos.

Mohammed Reza Pahlevi saludado por militares iranies tras sel golpe de Estado y su regreso del exilio
Mohammed Reza Pahlevi saludado por militares iranies tras sel golpe de Estado y su regreso del exilio

El sah creó, con ayuda de la CIA, la Savak, la agencia de seguridad iraní que actuaba como policía secreta a las órdenes del monarca. La Savak persiguió, torturó, humilló y asesinó a miles de opositores hasta su disolución tras la Revolución Islámica. Todo estaba controlado por sus agentes secretos. Kapuściński la describe en El Sha o la desmesura del poder: “La Savak no tenía ningún cuartel general, estaba diseminada por toda la ciudad (y por todo el país), estaba en todas partes y en ninguna. Ocupaba edificios, villas y pisos que no llamaban la atención de nadie, que no llevaban letrero alguno o lo llevaban de firmas e instituciones inexistentes. Los números de teléfono solo eran conocidos por los iniciados. La Savak tanto podía alquilar habitaciones en un bloque de pisos corriente como entrar en sus oficinas de investigación a través de una tienda, una lavandería o un bar nocturno. En esas condiciones todas las paredes podían tener oídos y todos los portales, puertas y postigos podían conducir a sus sedes. Quien cayese en manos de esta policía, desaparecería sin dejar rastro por mucho tiempo (o para siempre). Desaparecía de repente, nadie sabía qué le había ocurrido, dónde buscarlo, adónde dirigirse, a quién preguntar, a quién suplicar. Tal vez lo habían encerrado en una de las cárceles, pero ¿en cuál? Había seis mil. […] La Savak gobernaba en los centros de enseñanza, en las oficinas y en las fábricas. Era un enorme monstruo que lo envolvía todo en sus redes, que se deslizaba hasta los rincones más recónditos, en todas partes pegaba sus ventosas, fisgaba, husmeaba, rascaba, barrenaba”.

La disputa con el Reino Unido por los beneficios del petróleo se solucionó con un aumento del porcentaje de los beneficios para Irán. Ahora el dinero fluía en grandes cantidades y Mohammed Reza no tardó en gastarlo de la misma manera que lo hubiera hecho su padre: comprando armamento. También invirtió en grandes proyecto de ingeniería, en la creación de industria y en la mejora de la educación, sobre todo en las grandes ciudades. Además, se incrementaron las inversiones privadas extranjeras que favorecieron el crecimiento continuado de la economía.

En 1959, el sah se casó con su tercera y última esposa, Farah Diba, en la que periódicos de todo el mundo calificaron como “una de las bodas del siglo”. En el exterior se vivía con entusiasmo el desarrollo acelerado del país: Irán desprendía lujo, fiestas en palacios cubiertos de oro y grandes viajes de ensueño. Los monarcas eran recibidos con los mayores honores y llenaban revistas del corazón a doquier. Eran años de prosperidad: la economía funcionaba, la imagen exterior era excelente y las condiciones de vida mejoraban. Pero los más empobrecidos seguían ajenos a los bamboleos del sah, desatendidos e ignorantes. Durante esos años de florecimiento económico, lujo y cuentos de hadas, se plantaron las semillas de la desigualdad y la frustración que años después arrasarían con ese mundo de ostentación y riqueza desenfrenada.

Mohammed Reza Pahlevi y Farah Diba durante la ceremonia de matrimonio (21/12/1959)
Mohammed Reza Pahlevi y Farah Diba durante la ceremonia de matrimonio (21/12/1959)

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

El regreso del todopoderoso “shainsha” (1953)

El sah Mohammed Reza Pahlevi seguía con expectación desde su exilio en Roma todo lo que ocurría aquellos días en Irán. Las multitudes contrarias al monarca festejaban su huida llenando las calles de grandes manifestaciones. Se vivía un ambiente de júbilo por la expulsión de aquel villano que pregonaba con aliados occidentales que solo querían el dinero y el petróleo del país.

Durante aquellos días, la CIA y el MI6 habían iniciado en secreto una operación para devolver el poder al sah y, de rebote, para recuperar el control geopolítico de la región. El primer objetivo era volver a la opinión pública contra Mossadegh. Para ello usaron todos los recursos necesarios: planearon una campaña de desprestigio en los medios de comunicación, simularon atentados y amenazas telefónicas a líderes religiosos en nombre del partido comunista y organizaron manifestaciones contrarias al sah cuyo objetivo era sembrar el caos en la capital. Cinco días después de la huida del monarca, cuando una gran parte de la opinión pública ya había sido convencida, la CIA organizó una gran manifestación por el centro de Teherán que, junto al ejército, derrotó de forma definitiva a los partidarios del Primer Ministro. El golpe de Estado (bautizado como “Operación Ajax”) fue una carnicería: varios líderes comunistas fueron ejecutados, cientos de personas encarceladas y Mossadegh fue condenado a tres años de confinamiento, tras los que permaneció en arresto domiciliario el resto de su vida. El sah estuvo seis días en el exilio. Podía volver a casa, pero el camino de regreso estaba sembrado de sangre y plomo.

Tanques en Teherán durante el golpe de Estado de 1953
Tanques en Teherán durante el golpe de Estado de 1953

En ese violento 1953 algo importante cambió. El regreso de Mohammed Reza Pahlevi supuso el inicio de la época de mayor violencia y represión de su reinado. Durante ese año se forjaron los cimientos de la dictadura que lo mantendría como monarca con inflexibilidad y mano dura hasta su huida desesperada tras la Revolución Islámica de 1979. Una huida que se llevó al sah y a toda la dinastía Pahlevi de nuevo al exilio. Esta vez de forma definitiva.

Arresto de Mohammed Mossadegh
Arresto de Mohammed Mossadegh

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
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  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

La huida del sah (1951-1953)

Las políticas nacionalistas y de democratización del sistema político iraní que impulsaba el Primer Ministro Mossadegh le habían proporcionado el respaldo de amplios sectores de la sociedad. Esas mismas políticas, sin embargo, le mantenían enfrentado con el sah, con las elites económicas y con el ejército. Era el hombre de moda: su decreto más famoso, la nacionalización del petróleo a principios de 1951, le valió el título de hombre del año por la revista Time. El cambio de rumbo del gobierno encendió las alarmas de Inglaterra y Estados Unidos: en pleno apogeo de la Guerra Fría no se podía permitir que el petróleo iraní dejara de estar bajo su control y acabara en manos de la Unión Soviética. Además, por si no fuera poco, el Primer Ministro mantenía buenas relaciones con el partido comunista Tudeh. ¡Menuda ofensa! Ambos países actuaron con celeridad promoviendo un veto al petróleo procedente de Irán que le cerró las puertas de todos los mercados internacionales. Por mucho que el gobierno suplicara eliminar el veto, la postura de ambas potencias se mantuvo rígida. Por si no fuera suficiente, todos los demás países importadores les obedecieron por lo que el dinero de la venta del mayor tesoro iraní desapareció de golpe.

Mohammed Mossadeg, hombre del año para la revista Time (1951)
Mohammed Mossadeg, hombre del año para la revista Time (1951)

Para Gran Bretaña solo había una manera posible de desencallar la situación: Mossadegh tenía que ser derrocado. Ya fuera por las buenas o por las malas. Organizó junto a la CIA un plan para desestabilizar al gobierno y forzar la dimisión del Primer Ministro. Tenía que parecer un movimiento popular aunque en realidad no lo fuera: sobornos a parlamentarios y clérigos, convocatorias de manifestaciones de protesta, difusión de propaganda en los medios de comunicación. El elegido para el cargo de Primer Ministro era Fazlolláh Zahedi, un general retirado que ya había conspirado contra Mossadegh unos meses atrás. Sin embargo, todas esas maniobras fracasaron. Se activó entonces el plan B: la CIA había previsto un dispositivo militar listo para tomar Teherán y asegurar el golpe de Estado. Solo faltaba la firma del sah en el decreto de destitución. A Mohammed Pahlevi le asaltaron las dudas pero al final sucumbió a las presiones y firmó el documento en agosto de 1953.

Militares y seguidores del sah tras el golpe de Estado por las calles de Teherán (1953) (Fuente: AFP)
Militares y seguidores del sah tras el golpe de Estado por las calles de Teherán (1953) (Fuente: AFP)

Soraya Esfandiary, la segunda mujer del monarca, vivió muy de cerca esos días de complots y traiciones. En su biografía El palacio de las soledades relata otra versión de lo sucedido: “La prensa afirmaría que la operación fue llevada a cabo por la CIA. Pero eso es falso. El complot partió de Teherán, y, aunque después recibió el apoyo financiero de Estados Unidos, fue el fruto de nuestra propia iniciativa”. Según ella, la idea de un golpe de Estado para derrocar al Primer Ministro fue suya. “Permitir que Mossadegh permanezca en el poder significa vender Irán a Moscú”. Soraya detalla la conversación en la que le propuso la idea al sah:

“—Solo un golpe de Estado contra Mossadegh puede salvar el país.

—Pero, eso es imposible —replicó el sah, herido en su amor propio—. ¿Cuándo se ha visto que un monarca conspire contra su propio gobierno?

—¡Pues será el primero en hacerlo!

Me miró detenidamente. El cigarrillo temblaba entre sus dedos.”

Soraya Esfandiary junto a Mohammed Reza
Soraya Esfandiary junto a Mohammed Reza

En cualquier caso, durante la operación se cometió un error: Mossadegh estaba informado de todo el plan y mandó detener al mensajero antes de la entrega oficial del decreto. Las triquiñuelas sombrías se volvieron rápidamente contra palacio: los oficiales encargados de la operación militar desaparecieron, Zahedi se escondió y las calles de las principales ciudades se llenaron de multitudes a favor del Primer Ministro y en contra del sah. La operación había sido un fracaso.

Mohammed Reza, viéndose acorralado y sin capacidad para enderezar la situación de crisis, decidió exiliarse a Roma junto a su esposa Soraya, a la espera de solucionar el conflicto desde allí. Las fotografías de la llegada del sah al aeropuerto italiano muestran una inseguridad nunca vista hasta entonces en el monarca: tiene una actitud lejana, ajena a las decenas de paparazzis que lo perseguían, como si su mente estuviera muy lejos de allí. Es la imagen de alguien triste, derrotado; el aspecto de quien se creía el corazón de un país al que ahora ni siquiera sabe si podrá volver a pisar.

Mohammed Reza y Soraya Esfandiary durante su exilio en Roma (1953)
Mohammed Reza y Soraya Esfandiary durante su exilio en Roma (1953)

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
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  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

Su Majestad Imperial, Rey de Reyes y Luz de los Arios

Mohammed Reza Pahlevi fue proclamado sah en septiembre de 1941. Había estudiado en Suiza, lejos de su pueblo y de los vaivenes de palacio, pero la abdicación forzada de su padre lo había obligado a tomar el mando de un país damnificado por la guerra. La relación con su padre marcó profundamente su carácter: era tímido y enfermizo, como si fuera un soldado subordinado acobardado por las órdenes de su rígido, fuerte y despiadado superior. El nuevo monarca se había casado por conveniencia dos años atrás con la princesa Fawzia de Egipto, hija y hermana de reyes, en una pomposa ceremonia en El Cairo. El matrimonio era el máximo exponente del lujo y glamur de la época; sin embargo, la reina nunca encontró su sitio en la corte iraní y el matrimonio se divorció en 1948.

Fawzia de Egipto y Mohammed Reza (1939) (Fuente: EFE)
Fawzia de Egipto y Mohammed Reza (1939) (Fuente: EFE)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial y bajo el reinado del nuevo sah, Irán vivió un florecimiento cultural y político: se abrieron periódicos y radios, se fundaron partidos como la Tudeh, el partido comunista (que fue posteriormente ilegalizado en 1949), y algunos opositores al régimen, encarcelados por el padre del monarca, regresaron a la escena política. Fue el caso de Mohammad Mossadegh, uno de los políticos iraníes más carismáticos del siglo XX, férreo defensor de la unidad nacional, la democracia y la constitución, que volvió al Parlamento tras las primeras elecciones del nuevo reinado.

La guerra también había ocasionado graves daños. A la escasez de alimentos y la profunda depresión económica, se sumó un gran sentimiento de humillación nacional por la invasión aliada. Germinó entre la población una gran antipatía hacia las tropas británicas, rusas y norteamericanas que seguían en Irán. El malestar social se focalizó en un aspecto concreto que centró el debate social y político durante meses: la necesidad de renegociar el reparto de los beneficios de la extracción de petróleo. Gran Bretaña obtenía cerca del doble de ingresos que el propio Irán y, pese a los intentos del monarca para cambiar las condiciones, la postura británica se había mantenido firme en la negativa.

Mossadegh aclamado por sus partidarios (1951)
Mossadegh aclamado por sus partidarios (1951)

Mossadegh gozaba de un amplio respaldo social. Reclamaba la nacionalización del petróleo y la democratización de las políticas del sah. Gran Bretaña, por su parte, amenazaba con asfixiar económicamente al país si se atrevía a modificar una coma del contrato. Pese a las amenazas británicas, el pueblo respaldaba a Mossadegh así que a principios de 1951 fue designado por el Parlamento como Primer Ministro. Lo que sucedió a continuación nadie lo esperaba, ni Mossadegh, ni Gran Bretaña ni tan siquiera el propio sah.

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
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