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Iaia, 100 años! Y que sean muchos más

Artista en convertir las cosas cotidianas en preciosa poesía, iaia de manos arrugadas y corazón fuerte, sonrisa infantil y caminar seguro. La iaia de los macarrones y de los yogures de cristal, la de las historias repetitivas y aventuras de guerra, la que soñaba con llegar viva a las Olimpiadas de Barcelona, hoy cumple 100 años.

De pequeño me decía: “Cógeme el brazo, que la iaia está muy viejita y le cuesta caminar”, incluso me hizo guardar un bastón “para cuando la iaia no pueda caminar sola”. Hoy, más de 20 años después, el bastón acumula polvo en el fondo del armario, mientras nosotros disfrutamos, con cierta sorpresa y admiración, como la iaia envejece cada día más risueña, más jeta y más desenfrenada.

Iaia 100 años

Hablar con ella es escuchar historias en blanco y negro, historias de repúblicas, de guerra y de hambre, pero también de esperanza, de lucha y de superación. Es reír escuchando como canta los Segadors y el himno del Barça, o sorprenderte mientras recita algún poema de infancia. Es revivir las historias de Macià y del general Batet, o volver a los bailes de antes de la guerra donde conoció a mi abuelo. Tan pronto te cuenta cómo vivía de pequeña en el Poble Sec como que ahora, que está viejtita, tiene pereza para planchar.

Iaia, te quiero y te admiro como a pocas personas he querido y admirado. Me hace feliz verte reír con tu hija, con tus nietos y bisnietos. Me sabe mal tenerte lejos, pero cuando tengo ganas de hablar contigo sé que solo tengo que llamar. Te sentarás en la silla frente al teléfono, y me contarás cosas de cuando eras pequeña, de la guerra, del “General persiana” o de mis padres. Llorarás un momento recordando a tu hijo y me preguntarás por qué él y no tu, pero cambiaré de tema y hablaremos del iaio y de tu hermano, de Barcelona, de cuando fuiste a París y del Poble Sec. Después de todo esto, es posible que volvamos a empezar.

Iaia, 100 años! Y que sean muchos más

Amadeu Deu Olivan

Amadeu Deu Olivan. Mi bisabuelo. Sastre emprendedor que se fue a Londres a comprar gabardinas, las descosió y las comenzó a fabricar y vender en Barcelona. Se cuentan muchas historias en la familia sobre este Amadeu Deu. La iaia dice que no era guapo pero tenía “ello”, y que las mujeres lo perseguían. Como mi bisabuela lo sabía no lo dejaba solo ni un momento. Yo no lo llegué a conocer, pero he escuchado muchas historias al respecto. No lo vi nunca vivo pero lo veo cada mañana en el cuadro que tengo colgado en el comedor. Y cada vez que lo miro me recuerda a alguien, como si en realidad hubiera estado siempre conmigo, como si esa nariz y ese bigote los hubiera visto antes.

Retrato de Amadeu Deu Olivan
Retrato de Amadeu Deu Olivan

Este retrato forma parte de un cuadro que tengo colgado en el comedor de casa, con una inscripción hecha a mano que dice:

A nuestro querido jefe Sr.Deu. Sus operarios. 30/10/1918

La iaia me ha explicado mil y una veces la historia de mi bisabuelo, pero nunca serán suficientes como para que la recuerda exactamente como ella me la cuenta. En cada generación se pierde una parte de la historia, y no somos conscientes de la importancia de esta historia hasta que desaparece cuando la última persona que la conoce y la explica muere. Mi iaia cada día me explica las mismas historias, cómo conoció mi abuelo, los bailes en el Casal, cómo vivía en Tremp, el taller del Poble Sec, cómo murieron mis padres y cómo me agarraba la mano al salid de la escuela para que no me escapara corriendo. La iaia vive de recuerdos y los mantiene vivos, y que así sea muchos años. Te quiero iaia.

“[…] Y un día, sin darnos cuenta,
el viejo, con sus historias, se consumió
Y en la memoria de su nieto
sólo una huella, un leve borrón,

de aquella lejana batalla,
donde pudo morir,
en una guerra no ganada
donde luchó por ti.

Donde luchó por ti.”

                                                                 I.S.

 

1er premio al 3er Concurso de Relatos Breves de Voluntariado

Se han entregado los premios del 3er Concurso de Relatos Breves de Voluntariado en Barcelona, convocado por la Federació Caralana de Voluntariat Social. Fue una gran sorpresa, pero de unos setenta relatos breves presentados, el jurado ha elegido el mío como el primer premio!

Ya somos uno más

Los jueves en el Poble Sec són lo mejor de la semana. El sol cae tan rápido como las sombras alargadas escalan por los bloques de pisos, mientras salgo del metro camino de Montjuic. es finales de otoño y hay poca gente por la calle, las terrazas están vacías y el viento forma remolinos con las hojas caídas de los árboles. Hace frío, pero Kantha observa impasible el paso del tiempo desde la puerta del supermercado. Es jueves, y como cada jueves subo por la calle Roser con la satisfacción de hacer aquello que me hace feliz, sabiendo que durante un rato me sentiré útil y ayudaré a los demás. Soy voluntario, no cobro dinero por hacerlo, pero ya hace tiempo que sé que hay cosas que el dinero nunca me dará. Me siento humano cuando ayudo a los demás, me siento lleno cuando arranco una sonrisa y despierto miradas, me siento orgulloso cuando recibo un “gracias”. Si, estoy seguro, los jueves en el Poble Sec son lo mejor de la semana.

Kantha me mira y desvía la mirada, cada jueves la misma escena, cada jueves la misma sensación de no saber qué quiere de mi. No sé nada de él, ni a qué se dedica ni dónde vive, solo sé que me observa con curiosidad cuando camino calle arriba y cuando, un rato más tarde, ayudo a la señora Lluïsa a subir las bolsas de comida hasta el tercer piso del bloque. Me observa en silencia, pero sus ojos reflejan la necesidad de decirme algo.

Hoy la señora Lluïsa camina con dificultad. La ayudo  mientras cargo dos grandes bolsas de comida para toda la semana. Hay quien sin ayuda no saldría adelante. Llegamos a la puerta de entrada. La señora Lluïsa busca las llaves. De pronto, una mano me toca la espalda. Me giro trastornado. Kantha me mira sonriendo mientra examina mi cara de sorpresa. Me da la mano y se presenta. Con un hilo de voz añade:

– Si no te sabe mal, a partir de ahora la ayudaré yo.

Sonrío. Ahora lo entiendo todo. Entiendo los encuentros cada jueves, entiendo las miradas desesperadas, entiendo que Kantha lo que quería era ayudar, sentirse humano, lleno, orgullosos. Ahora lo entiendo todo. Ya somos uno más.

Amadeu Deu Lozano – Voluntario de Bona Voluntat en Acció (Poble Sec, Barcelona)