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“¡El sah debe marcharse, muerte al sah!” (1963-1978)

El ayatolá Jomeini era uno de los eruditos más valorados y carismáticos de Qom. Era conocido por sus opiniones acerca de los principios de la doctrina islámica, la mística y la moral, materias que enseñó durante años en el Seminario Teológico de Nayaf, uno de las más importantes de la ciudad. Su carisma y sus ideas explícitas contra el sah le habían proporcionado una gran popularidad entre los ayatolás contrarios al régimen, así como entre todos aquellos que se aferraban a una concepción ortodoxa del Islam. Sin embargo, pese a ser reconocido y admirado por muchos, Jomeini no era ni el más importante ni el más influyente de los ayatolás de Irán.

Ayatolá Jomeini
Ayatolá Jomeini

A mediados de 1963, Jomeini y otros ocho clérigos encabezaron una manifestación que congregó a miles de personas en las calles del centro de Teherán. Protestaban contra la Revolución Blanca, por las reformas progresistas que esta imponía y por la posibilidad de que las mujeres pudieran votar, así como por la inmunidad que entonces tenían los estadounidenses en territorio iraní. Para una buena parte de la población, ese hecho no solo hacía patente la sumisión de Irán y las políticas del sah al país americano, sino también a su aliado judío de Israel. Y eso era inaceptable. La de ese día no fue una manifestación cualquiera, una más de las que en aquellos días se sucedían con cierta frecuencia: Jomeini fue inmediatamente detenido y encarcelado. La ola de protestas que creció por las principales ciudades obligó al gobierno a decretar la Ley Marcial. Meses después de ser liberado y, tras varios intentos sin éxito de iniciar una revolución contra el monarca, Jomeini fue finalmente expulsado de Irán.

Jomeini criticando las políticas del sah en Qom (1963)
Jomeini criticando las políticas del sah en Qom (1963)

Durante su exilió en la vecina Irak, el clérigo nunca perdió el contacto con la actualidad iraní; en la distancia intensificó su papel opositor a la monarquía y diseñó las bases del futuro país que quería erigir a su regreso. Entre otras muchas medidas propuso, por primera vez en la historia de Irán, la islamización del Estado, es decir, la fusión hasta entonces nunca consumada de política y religión. Durante años esperó pacientemente su oportunidad, manteniendo una postura crítica con la dictadura del sah. ¿Por qué fue Jomeini el elegido para encabezar la Revolución Islámica quince años después de su partida? La censura promovida por la monarquía se había encargado de que los jóvenes iraníes no conocieran al clérigo ni fueran, por lo tanto, seguidores de sus ideas. Además, existía cierto desinterés hacia todo aquello que representara el retorno a un pasado lejano contrario a los ideales de modernidad y futuro. Kapuściński en El Sha o la desmesura del poder propone lo siguiente: “A nadie se le ocurrió actuar como lo hizo Jomieni. […] Ponerse ante la gente y exclamar: «¡El Sha debe marcharse!». Cuando lo dijo por primera vez, sonó como el grito de un maníaco, de un loco. La monarquía aún no había agotado todos sus recursos de permanencia. Sin embargo, la función se estaba acercando poco a poco hacia su desenlace; el epílogo no tardaría en hacerse inminente. Entonces todo el mundo recordó lo que había dicho Jomeini y lo siguió”. Otros autores consideran que fue el papel que jugaron Francia, Inglaterra, Alemania y EEUU el que devolvió a Jomeini al poder: en plena Guerra Fría, el islamismo que proponía Jomeini se había convertido en un aliado contra la URSS. La maquinaria informativa y diplomática de estos países se puso en marcha para asegurar que la revolución del pueblo iraní fuera liderada por alguien elegido por ellos.

Protestas por la detención de Jomeini en Teherán (1963)
Protestas por la detención de Jomeini en Teherán (1963)

En cualquier caso, el sah había prohibido los partidos políticos y todo tipo de asociación contraria a sus ideas; cualquier posible líder capaz de encabezar el movimiento había que buscarlo en los calabozos de alguna cárcel de Teherán o exiliado en el extranjero. Pero el pueblo necesita líderes a los que escuchar y seguir. Jomeini aprovechó el vacío de liderazgo para situarse al frente del movimiento popular desde la distancia. En 1978, una vez las protestas que terminarían con el exilio del sah había empezado, el ayatolá se trasladó a Francia para negociar su regreso a Irán. Allí supo ganarse el beneplácito de los países occidentales; Jomeini fue hábil y astuto, supo esperar y maniobrar, y su regreso a Irán fue triunfal.

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

La Revolución Blanca (1963)

El sah estaba muy preocupado: sus aires de grandeza eran inabarcables pero no había conseguido ser querido por su pueblo. Tenía que hacer algo, recuperar la confianza de sus súbditos y demostrarles el gran monarca que era. El aumento de la represión policial contra sus detractores así como la violencia extrema que la policía secreta, la Savak, utilizaba en sus operaciones había debilitado su imagen. El pueblo tenía que entenderlo, su posición era muy delicada: estaba rodeado de comunistas encubiertos, de nacionalistas que no entendían la necesidad de tener aliados en el extranjero, de grupos de izquierda que querrían verlo muerto. Todo el mundo parecía estar en su contra, todos parecían trabajar en las sombras contra él. ¿De quién podía fiarse? Solo de su ejército y de su policía, ellos eran los únicos leales.

Mohammed Reza Pahlevi era consciente de la necesidad de modernizar el país para competir en el marco internacional. Se imponía crear una élite empresarial que diseñara, creara y exportara productos por todo el mundo; una nueva clase social que viajara y se codeara con las élites de las demás potencias. Definitivamente, Irán no podía perder el tren de la modernidad.

El sha visita el presidente Kennedy en Washington D.C. (1963)
El sha visita el presidente Kennedy en Washington D.C. (1963)

La solución a todos estos problemas se puso en marcha en enero de 1963 bajo el nombre de Revolución Blanca. Entre otros aspectos, la propuesta del sah incluía la Reforma Agraria de cerca del 70% de las propiedades, el fin de la prohibición del voto de las mujeres y una serie de medidas sociales que beneficiaban a la clase trabajadora. Por si no fuera poco, para mostrar todavía más su espíritu conciliador y cercano, Mohammed Reza decidió someter la propuesta a un referéndum con el fin de que todo el mundo pudiera participar de la histórica reforma. La ley fue aprobada por un 90% de los votantes. El resultado era sospechoso, más teniendo en cuenta que los partidos políticos no prohibidos por el monarca estaban liderados por candidatos elegidos por él mismo.

Lejos de conseguir las mejoras por las que fue propuesta, la Revolución Blanca fracasó de forma inapelable en casi todos los aspectos. La Reforma Agraria transformó miles de hectáreas de agricultura tradicional en explotaciones industriales en las que no era necesaria tanta mano de obra. Millones de campesinos iniciaron un éxodo masivo hacia las grandes ciudades que, sin embargo, no tenían una estructura industrial preparada para asimilar tal cantidad de población. Los nuevos urbanitas se instalaron en las afueras de las urbes, en barrios marginales, mal preparados y en condiciones muy deficientes. Tal y como Nazanín Armanian y Martha Zein indican en Irán, la Revolución constante: “Por mucho que el régimen fuerce la asimilación de los patrones de la economía de mercado, la estructura atrasada del país y el sistema político autoritario impiden su arraigo. […] Tuvo que hacerse evidente lo que parecía de sentido común: que una revolución por decreto era inviable, que imponer una falsa evolución de la historia terminaría en fracaso”.

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.