Archivo de la etiqueta: Revolución Islámica

El regreso del todopoderoso “shainsha” (1953)

El sah Mohammed Reza Pahlevi seguía con expectación desde su exilio en Roma todo lo que ocurría aquellos días en Irán. Las multitudes contrarias al monarca festejaban su huida llenando las calles de grandes manifestaciones. Se vivía un ambiente de júbilo por la expulsión de aquel villano que pregonaba con aliados occidentales que solo querían el dinero y el petróleo del país.

Durante aquellos días, la CIA y el MI6 habían iniciado en secreto una operación para devolver el poder al sah y, de rebote, para recuperar el control geopolítico de la región. El primer objetivo era volver a la opinión pública contra Mossadegh. Para ello usaron todos los recursos necesarios: planearon una campaña de desprestigio en los medios de comunicación, simularon atentados y amenazas telefónicas a líderes religiosos en nombre del partido comunista y organizaron manifestaciones contrarias al sah cuyo objetivo era sembrar el caos en la capital. Cinco días después de la huida del monarca, cuando una gran parte de la opinión pública ya había sido convencida, la CIA organizó una gran manifestación por el centro de Teherán que, junto al ejército, derrotó de forma definitiva a los partidarios del Primer Ministro. El golpe de Estado (bautizado como “Operación Ajax”) fue una carnicería: varios líderes comunistas fueron ejecutados, cientos de personas encarceladas y Mossadegh fue condenado a tres años de confinamiento, tras los que permaneció en arresto domiciliario el resto de su vida. El sah estuvo seis días en el exilio. Podía volver a casa, pero el camino de regreso estaba sembrado de sangre y plomo.

Tanques en Teherán durante el golpe de Estado de 1953
Tanques en Teherán durante el golpe de Estado de 1953

En ese violento 1953 algo importante cambió. El regreso de Mohammed Reza Pahlevi supuso el inicio de la época de mayor violencia y represión de su reinado. Durante ese año se forjaron los cimientos de la dictadura que lo mantendría como monarca con inflexibilidad y mano dura hasta su huida desesperada tras la Revolución Islámica de 1979. Una huida que se llevó al sah y a toda la dinastía Pahlevi de nuevo al exilio. Esta vez de forma definitiva.

Arresto de Mohammed Mossadegh
Arresto de Mohammed Mossadegh

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

El origen de la dinastía Pahlevi (1925-1941)

El triunfo de la Revolución Rusa de 1917 sacudió el mundo y lo dividió en dos bandos: los bolcheviques liderados por Lenin y los países aferrados a la idea capitalista que miraban con temor la posible expansión de los ideales revolucionarios soviéticos.

Por aquel entonces la corona de Persia estaba en manos del joven e inseguro Ahmad Sah. Había sido coronado monarca con tan solo once años tras la abdicación y huida de su padre a territorio ruso tras la invasión de Teherán por fuerzas constitucionalistas. Persia era el primer bastión de resistencia frente al avance ruso hacia Oriente Medio y la India, por lo que tanto Europa como Estados Unidos vigilaban con mucho interés todo lo que ocurría en territorio persa. En 1908 sucedió un hecho que superó con creces la capacidad de maniobra del monarca y que cambió las reglas geopolíticas de Oriente Medio para siempre: el descubrimiento, en el oeste del país, de uno de los mayores depósitos de petróleo del mundo. Los británicos no tardaron en reaccionar: se aseguraron el suministro de combustible tras comprar la mayoría de acciones de la recién fundada Anglo-Persian Oil Company, que tiempo después acabaría llamándose British Petroleum primero, y BP en la actualidad.

Distribución de queroseno de la Anglo-Persian Oil Company (Fuente: www.bakhtiarifamily.com)
Distribución de queroseno de la Anglo-Persian Oil Company (Fuente: bakhtiarifamily. com)

A mediados de 1920 se produjo un alzamiento militar en el norte de Persia y se proclamó la República Soviética de Guilán, de ideología republicana y socialista. Sonaron las alarmas en Europa y Estados Unidos. No era solo por la posible expansión de los ideales soviéticos, era sobre todo por el petróleo. El desafío acabó fracasando. Las tropas cosacas dirigidas por el coronel Reza Khan fueron las encargadas de derrotar la insurgencia poco más de un año después de su levantamiento. Esa victoria frente a la amenaza socialista le aportó al joven coronel un gran prestigio como militar, tanto en Persia como a los ojos de las potencias imperialistas. El joven Reza Khan era un reputado estratega militar y un hombre de grandes aspiraciones nacionalistas; aprovechando la buena imagen adquirida, no tardó en convertirse en Primer Ministro en 1923 y, con el beneplácito y ayuda de Gran Bretaña, en el fundador de la nueva dinastía Pahlevi a finales de 1925.

La llegada del nuevo sah sacudió los cimientos de Persia. Reza Khan era un hombre ambicioso que pretendía modernizar el país de una manera similar a la que su colega Ataturk estaba haciendo en Turquía; sus métodos eran contundentes y sus aires de grandeza afloraron bien pronto: se autoproclamó Sah Reza el Grande, Rey de Reyes, Sombra del Todopoderoso, Nuncio de Dios y Centro del Universo.

Reza Khan y Ataturk (Fuente: historicaliran.blogspot.com)
Reza Khan y Ataturk (Fuente: historicaliran.blogspot.com)

La nueva dinastía introdujo cambios importantes: en 1935 Persia dejó de ser el nombre oficial en favor de Irán (los persas son, en realidad, la minoría mayoritaria del conjunto de pueblos y etnias que forman el país); se facilitó que las mujeres asistieran al colegio y que se incorporaran como trabajadoras a la industria; se prohibió el velo y el chador en la vestimenta; se construyeron carreteras y escuelas, líneas de ferrocarril, universidades y bibliotecas. Desde Occidente se contemplaba con entusiasmo la nueva modernidad y europeización de Irán. Sin duda, era una etapa de abertura propicia para algunos, aunque más que incierta para quienes no compartían los ideales del monarca.

El sah creó un ejército que combatió con mano dura todas las fuentes de insurgencia. No importaba si las quejas provenían de las tribus nómadas del desierto o de la comunidad religiosa de la ciudad santa de Mashad por las nuevas libertades adquiridas por las mujeres; esgrimía la misma contundencia con los periodistas liberales, poetas y escritores que con los campesinos inquietos. El sah era un hombre de acción y su ejército se hizo fuerte, atajando todos los frentes y sembrando represión, sangre y muerte a quien se atreviera a desafiarlo.

La Segunda Guerra Mundial marcó el destino del monarca. Reza Khan era seguidor de Hitler y por eso facilitó la entrada de soldados alemanes a territorio iraní. Las fronteras permanecían cerradas para los ejércitos aliados, que veían con gran preocupación el avance de las tropas nazis hacia el este y, de nuevo y como casi siempre, la posible pérdida del suministro de petróleo. No tardaron en tomar una decisión: en 1941, tropas rusas y británicas invadieron Irán sin apenas resistencia. El gran ejército del monarca había actuado con soltura y sin remordimientos contra sus propios ciudadanos, pero no disparó ni una sola bala en defensa de su país contra la invasión de ejércitos extranjeros.

Ese mismo año Gran Bretaña forzó la abdicación de Reza Khan en favor de su hijo Mohammed Reza Pahlevi. En su libro El Sha o la desmesura del poder, Ryszard Kapuścińksy describe lo que representaron los años de reinado de aquel joven oficial de métodos arcaicos y aires magnánimos: “Al lado de la crueldad, la codicia y las rarezas, el viejo sah también tuvo sus méritos […]. Sin embargo, el pueblo seguía pobre y apático, y, cuando Reza Khan murió, el pueblo, más que contento, celebró el acontecimiento durante mucho tiempo”.

Quizá sea Winston Churchill quien describió de manera más lúcida lo que verdaderamente Irán representaba en aquellos tiempos. En la conferencia de Teherán celebrada en 1943, en la que coincidieron Roosevelt, Stalin y Churchill, este último afirmó, en relación a la abdicación de Reza Khan dos años atrás: “Nosotros lo pusimos, nosotros lo quitamos”.

Stalin, Roosevelt y Churchill en la Conferencia de Teheran (1943)
Stalin, Roosevelt y Churchill en la Conferencia de Teheran (1943)

Bibliografía:

  • Abrahamien, E. (1982). Iran between two revolutions. Princeton University Press.
  • Armanian, N & Zein, M. (2008). El Islam sin Velo. Ed. Del bronce.
  • Armanian, N & Zein, M. (2012). Irán, la Revolución constante. Flor del viento.
  • Axworthy, M. (2010). Irán. Una historia desde Zoroastro hasta hoy. Turner.
  • Esfandiary, S. (2004). El Palacio de las Soledades. Ed. Martínez Roca.
  • Gómez, C. & Kazemi, K. (2017). Los primeros años de la República Islámica de Irán. Revista 5W.
  • Hemeroteca El País.
  • Kapuścińksy, R. (2006). El Sha o la desmesura del poder. Ed. Anagrama.
  • Kavanagh, A. (2010). Irán por dentro. Ed. Jose J. de Olañeta.

Reflexiones desde Irán

Irán, todavía no me he ido y ya te echo de menos.

Intento recordar y memorizar algunos de los momentos que he vivido durante estas dos semanas, aquí, a las puertas de dejar todo esto atrás. Es una batalla perdida, lo sé, mi memoria va a su aire y elije qué guardar y qué borrar en función de parámetros que desconozco y no controlo.

Hay paises con mezquitas más grandes que las iraníes, hay paises con desiertos más áridos, montañas más altas y restos de antiguos imperios mejor conservados. Hay, quizá, ciudades con bazares más grandes y antiguos que los de Isfahán o Teherán, o con callejuelas estrechas y laberínticas más espectaculares que las de Yazd. Irán tiene todo esto y, además, tiene los y las iraníes. Gente que te para por la calle para preguntarte si todo te va bien o si necesitas algo, que se acerca mientras comes o tomas un te preocupados por si te gusta lo que ves, curiosos de saber la imagen que tienen en el exterior, a menudo avergonzados de sus gobernantes. Un país de gente hospitalaria hasta el punto de parecer sospechosa de acabar pidiendo algo. Pero no, lo hacen porque son así, y cuando te das cuenta te dejas ir y lo disfrutas todavía más ¡Qué poco acostumbrados estamos a un carácter así! Una hospìtalidad que me ha sorprendido y, en algunos momentos, totalmente superado. Gente amable y cariñosa, gente confidente, con ganas de hablar de todo, que ve en el extranjero, creo, una ventana al exterior, una oportunidad para conocer qué hay más allá, alguien con quien hablar claro sin miedo a represalias. Un país maltratado por la prensa internacional, pacífico y tranquilo, ideal para viajar sin prisas y sin haber planificado nada más que las ganas de disfrutar del viaje.

Conversación a la entrada del bazar de Isfahán
Conversación a la entrada del bazar de Isfahán

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Irán es un país con las libertades y los derechos humanos profundamente recortados, donde el chador y el pañuelo impuestos por el Islam forman parte del paisaje diario, donde líderes políticos contrarios al gobiernos son encarcelados y torturados. Un país extraño donde no se deja entrar a un acto de la universidad a un extranjero por miedo a que sea un espía español. Un territorio donde la religión manda sobre la política, un país donde el poder real está en Qom (centro religioso del país) y no en Teherán, donde la religión impregna el aire que se respira, sobretodo en las ciudades pequeñas y pueblos. En el Irán de 2014 el valor de una mujer es la mitad que el de un hombre y los homosexuales son condenados a latigazos o, incluso, con la pena de muerte.

Una pareja cogida de la mano buscando un rincón en los jardines donde tener un poco de intimidad. Miradas de deseo que se cruzan en la calle sin ninguna experiencia para convertirlas en palabras. Una pareja se da un beso en la palma de la mano y después se dan la mano, simbolizando un beso. Pequeños gestos que desafían un régimen. Pero ¿dónde está ese Irán del que todo el mundo comenta que 30 años atrás parecía un país europeo?¿Dónde están esas mujeres con bañador y pelo descubierto? En el Irán del 2014 seguro que no. ¿Cómo han llegado hasta aquí? ¿Por qué en el 1979 forzaron una Revolución Islámica que parece que les ha hecho caminar hacia atrás? Preguntas que día a día surgen en conversaciones interesantes, mientras desayuno en un hostal o tomo el te a media tarde. Nadie parece entender porque todo es así y no cambia, ni los extranjeros que me voy encontrando ni los iraníes a los que se lo pregunto: “A los iraníes no los entendemos ni los iraníes”, me dice Alí.

Caminando por el cauce seco del río Zayandeh Rud en Isfahán
Caminando por el cauce seco del río Zayandeh Rud en Isfahán

90%. La cifra se repite allá donde vaya. Kermán, Yazd, Shiraz, en el autobús camino de Teherán o cenando un kebab en Isfahán. 90%. Como si alguien hubiera pregonado ese número y todo el mundo se lo hubiera hecho suyo, así como la frase tétrica que lo sigue: “El 90% de la gente está en contra del gobierno, pero no podemos hacer nada”.

Y cuando la nebulosa era más densa y opaca, cuando menos lo entendía todo, aparece de la mochila el último libro para leer durante el viaje, “El Sha” de Kapuscinski. En “El Sha” se explican las torturas, asesinatos, secuestros y detenciones que sufrió la población durante el reinado del último Sha hasta la abdicación de éste y el estallido de la Revolución Islámica. Poco a poco, a medida que el libro avanza, la nebulosa densa y opaca va haciéndose más transparente, como un ovillo de alambre que va deshaciéndose, como si todo tuviera de pronto una cierta justificación histórica. Los iraníes no eligieron el Islam porque no les gustaba vivir libres y en un país moderno, se refugiaron en el Islam huyendo de una dictadura criminal, encontraron en las mezquitas el único lugar donde poder expresarse en libertad y escucharon en los mensajes de los ayatollah el único discurso contrario a todo un sistema corrupto y represor que los aniquilaba si se mostraban en contra.

Ciudadela de Rayen
Ciudadela de Rayen

He compartido ratos con viajeros empedernidos de los de “lo dejo todo para hacer la vuelta al mundo”, con los que mi viaje se ha ido haciendo cada vez más pequeño, minúsculo. He conversado largamente con iraníes, he paseado por las calles de ciudades de las “Mil y una noches” y he vivido fiestas tradicionales en casa de un iraní fantástico. Mezquitas, bazares, ciudades de la Ruta de la Seda, tumbas de antiguos poetas persas y historias de alfombras voladoras. Tes a media tarde, kebabs de pollo, arroz y cerveza sin alcohol. Y todo esto en dos semanas.

Compra un billete a Irán, deja en casa todo lo que pensabas que sabías del país, habla con tantos iraníes como te sea posible, trata de entender un país con una historia tan larga que te hará sentir pequeño, insignificante. Y sobretodo, no viajes con nada cerrado porqué seguro que algún iraní te invita a su casa y tus planes cambian sin remedio. Ahora que lo pienso, si yo pudiera lo volvería a hacer ahora mismo.

Aeropuerto de Teherán, 13 de marzo de 2014, 3:30 am.